lunes 1 de marzo de 2021

No solo los varietales clásicos se dan en Mendoza sino otros muy particulares e interesantes.
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Las “joyas” tintas que brillan más allá del Malbec

Conocemos algunas cepas que salen de los clásicos de la vitivinicultura mendocina y que son elaborados como monovarietales o en cortes poco convencionales.

No solo los varietales clásicos se dan en Mendoza sino otros muy particulares e interesantes.

Aunque Mendoza sea ante el mundo la tierra del Malbec, en las viñas y bodegas de nuestra provincia hay muchas más variedades que se destacan por sus cualidades y que merecen la pena conocer. Con más de 10.000 tipos de uvas diferentes en el mundo, hoy salimos de los clásicos de la vitivinicultura que se han adaptado de la mejor manera en esta tierra e iniciamos un recorrido imaginario por la provincia buscando esas “joyas” tintas como Lambrusco Grasparossa, Garnacha Tintorera, Syrah, Cordisco, Tannat, Singiovese y Petit Verdot, de las que conoce un poco menos.

Con acento italiano

En el año 2005, Eduardo Aregall, propietario de Bodega Pumalek decidió traer desde Italia algunos plantines de Lambrusco Grasparossa, con la idea de comenzar a elaborar sus propios vinos en Mendoza, a partir de una finca en Ugarteche.

La elección del varietal no fue casual sino que está directamente ligada con la historia familiar de Eduardo, ya que el Lambrusco era el vino que tomaba su padre, elaborado por él mismo de manera muy reducida a partir de una pequeña viña en su casa. “Cuando compré mi viña planté malbec, pero también quise plantar Lambrusco, un poco recordado aquel que tomaba mi padre”, recordó Aregall.

Pero en la provincia no había demasiada experiencia con este varietal, es por eso que para poder elaborar sus vinos exclusivamente con Lambrusco Grasparossa primero tuvo que tener su propia bodega para poder experimentar y luego contratar a un enólogo italiano que conocía la cepa.

Así fueron concebidos Fortunato y Testarudo, dos de los siete vinos que componen el portfolio de Pumalek, compuesto exclusivamente por vinos y espumantes de Lambrusco Grasparossa.

A pesar de que están hechos con la misma cepa, Fortunato y Testarudo tienen dos diferencias significativas: “La primera es que los tiempos de cosecha son distintos, que hace que tengan un nivel de acidez muy distinto. Y la segunda se da en las levaduras utilizadas para la fermentación, para Fortunato se usan levaduras seleccionadas y para Testarudo es un proceso natural con levaduras indígenas”, diferenció el propietario de Pumalek.

Al rescate de las cepas “olvidadas”

Para lograr hacer los vinos que querían, La Liga de Enólogos -compuesta por siete jóvenes expertos que pertenecen a Grupo Peñaflor-, salió al rescate de antiguos viñedos, algunos casi abandonados que guardaban en sus hileras algunos varietales que habían quedado en desuso con el correr del tiempo. Así, principalmente en San Juan y Mendoza, encontraron varias hectáreas con variedades italianas, que le dieron vida a su primer vino: El Debut. Pero el trabajo no quedó ahí, recorriendo caminos hasta olvidados por la vitivinicultura mendocina, sanjuanina y salteña encontraron otras cepas como la Garnacha Tintorera y el Cordisco, los protagonistas de los cortes de tintas que hicieron su debut este año.

“Encontramos muchos productores que tenían estas uvas. Recorrimos muchos viñedos pero encontramos cosas que valen la pena y de ahí nació un poco la idea de nuestros vinos: rescatar estos viñedos y darle una salida comercial. Muchos nos preguntan cómo podemos hacer vinos de un buen precio con variedades de las que hay muy poco plantado, pero lo cierto es que son más baratas que las uvas malbec”, dijo Juan Ignacio Arnulphi, uno de los miembros de La Liga de Enólogos.

Arnulphi comentó que en el vino “Gran Nacha” -que su nombre hace un juego de palabras con la variedad-, la mezcla de Garnacha Tintorera y Syrah es una combinación similar a la utilizada en el Ródano de Francia y el concepto tiene que ver con la adaptabilidad de estas dos variedades a apartar frescura cuando se plantan en climas calientes.

Si bien la Garnacha Tintorera en los cortes cumple el rol de aportar color, “si uno prueba el vino y lo ve, no se trata de un vino tan concentrado en color. Por lo menos esta uva, si se baja las operaciones extractivas y se fermenta a una temperatura menor, por lo que revela aromas, es más suave y tiene otra textura”, explicó el enólogo.

En “El Que Ríe Último Ríe Mejor” encontramos un blend de Cordisco y Tannat. “El Cordisco continúa con la idea iniciada con el El Debut en la búsqueda de variedades italianas. Nos dio muy buenos resultados y es el primer vino de guarda de la línea. Es un vino con un carácter súper floral, con fruta roja -principalmente cereza-, que tiene el Cordisco, que se complementa con el Tannat que aporta un poco de estructura y fruta negra”, describió Arnulphi.

Un viñedo con historia

Para Bodega Benegas, la idea de trabajar con uvas Sangiovese, una de las cepas más características de Italia y protagonista de los tintos Chianti, nació ya desde su fundador, Federico Benegas. Él quería aprovechar todo el potencial de una finca antigua que fue plantada por su bisabuelo, Tiburcio Benegas, quien fue Gobernador de la provincia de Mendoza (1895–1895) y uno de los precursores de la industria vitivinícola.

“Federico mantuvo la idea de Tiburcio de mantener variedades fuera de las típicas para ofrecer otra opción a los clientes, precisamente para mostrar que Mendoza no es solo Malbec”, sostuvo Germán Carrasco, gerente general de Bodega Benegas, donde elaboran el single vineyard Benegas Sangiovese.

Carrasco resaltó que Sangiovese no es una variedad que se haya embotellado demasiado como monovarietal en la provincia, sino que se utiliza para vinos de corte. “Hoy hay una pequeña tendencia y hay varias bodegas que están apostando por esta cepa, pero nosotros venimos trabajando con Sangiovese ya desde hace varios años”, afirmó.

“La idea es resaltar la identidad del viñedo, que es una finca muy particular, ubicada en Maipú ubicada a la orilla del río Mendoza. Es una zona muy particular de suelos muy pobres y pedregosos, con un drenaje muy rápido. A lo que se le suma un delta térmico muy alto que es muy similar a zonas mucho más frías y de altura. Todo eso se traduce en los vinos con muy buena concentración y marcada tipicidad”, manifestó.

En busca de frescura y elegancia

Una cepa que de a poco se ha ido ganando su lugar en tierras mendocinas es el Petit Verdot. Muy utilizada en vinos de corte, hay algunas bodegas que se animan a llevarlo como monovarietal. Tal es el caso de Casarena Bodega o Mythic Cellars, quienes cuentan en sus porfolios con este varietal.

En el primero de los establecimientos, su vino es Casarena Single Vineyard Petit Verdot Lauren. Leandro Azín, enólogo Casarena Bodega y Viñedos describió que este varietal tiene “taninos muy potentes, pero al mismo tiempo tiene muy buena acidez y muy buen aroma”, y se trata de una uva que “madura muy bien”.

El enólogo sostuvo que en Casarena eligieron este varietal porque “cuando se habla de vinos de alta gama, el Petit Verdot siempre está presente, sobre todo en los cortes. Y es muy importante para nosotros mostrar el varietal al 100% y demostrar que se puede hacer un vino muy elegante, fino y complejo de Luján de Cuyo”.

Pasando a Mythic Cellars nos encontramos con Mythic Mountain Petit Verdot. Para Verónica Ortego, enóloga de la bodega, “el Petit Verdot es una variedad que, si bien no hay en grandes cantidades en Mendoza, se ha sabido adaptar muy bien a su clima seco y sus suelos. Se suele encontrar muy buena concentración y aromas. Y con un buen manejo de viñedo se pueden obtener Petit Verdot para diferentes estilos de vinos, pero sin perder la tipicidad varietal”.

En su caso elabora 7.000 botellas que nacen de las dos hectáreas que tienen plantadas. Para la enóloga se trata de una cepa con mucho potencial en la provincia: “Año a año la siguen conociendo y aprendiendo a trabajarla, ha dado grandes satisfacciones, por lo que tiene un largo camino por delante”, cerró.


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