Jujuy: el desafío de hacer vinos entre las nubes y en un terroir extremo

Jujuy: el desafío de hacer vinos entre las nubes y en un terroir extremo
Jujuy: el desafío de hacer vinos entre las nubes y en un terroir extremo (Gentileza Viví Jujuy)

Con un crecimiento del más del 1.000% en la superficie cultivada en diez años, la zona se ha ganado un lugar entre los vinos de alta calidad del país y promete seguir creciendo en calidad y cantidad.

La historia vitivinícola de Jujuy comienza incluso antes que la de Argentina. Los pueblos originarios, los bastiones más australes del Imperio Inca, todavía hoy presentes en la zona, ya plantaban hace siglos en la zona.

Sin embargo, poco es lo que queda de eso y hoy hablamos de una nueva etapa en la viticultura jujeña. Es que en la Década Infame la Ley 12.137 impulsada por el presidente Agustín P. Justo prohibió la vitivinicultura en todo el país, salvo en la región de Cuyo. Esta norma que buscaba regionalizar la actividad agropecuaria hizo que las hectáreas de viñedos plantadas en tierras jujeñas fueran levantadas para darle paso al tabaco, una de las actividades permitidas en esa región.

Pero la derogación de esa disposición a finales de la década del ‘90 dio paso a un nuevo capítulo que día a día no deja de escribir páginas y anotar nombres de bodegas y enólogos que apuestan por el desarrollo de Jujuy como un terroir de vinos en condiciones extremas y de alta calidad.

Si se analizan los números del Observatorio Vitivinícola Argentino, el crecimiento de Jujuy ha sido superior al 1.100% y se ha duplicado la cantidad de viñedos en la zona entre 2007 y 2020. Aunque solo representa el 0,02% del total del país, en la última década pasó de tres hectáreas repartidas en 13 viñedos a 35 hectáreas distribuidas en 25 viñedos.

Imagen ilustrativa -

¿Cómo son los vinos jujeños?

Lucas Niven tuvo su primera experiencia jujeña en el año 2014 y hoy trabaja junto a las bodegas Amanecer Andino y Antropo Wines, a los que suma los proyectos de Yacoraite y Corazón Valiente. En esas dos bodegas reúne a alrededor de 15 productores que elaboran allí sus vinos con uvas provenientes de toda la extensión de la provincia.

Tal como contó Niven, la región se divide en dos zonas muy marcadas: el valle templado y la Quebrada de Humahuaca. El primero está más cercano a San Salvador de Jujuy, llueven más de 1.000 milímetros anuales y las alturas van entre los 1.100 y 1.300 metros sobre el nivel del mar. “La adversidad más importante que tenemos es la fauna y los insectos. Hay muchos ataques de animales silvestres e insectos que se comen la uva. Además está la lluvia por lo que cuesta que la uva llegue a la madurez”, describió Niven. Aquí la cosecha se lleva adelante entre finales de diciembre y principios de enero.

De esta zona elaboran vinos rosados, blancos y espumosos. “El suelo tiene una acidez natural y un ph muy interesante para hacer estos estilos, logrando perfiles muy difíciles de lograr en lugares como Mendoza. Si el año es un poco más seco se pueden lograr vinos tintos de buena calidad, pero hay que estar por debajo de los 600 milímetros”, agregó el enólogo.

Para Niven, esta parte de Jujuy presenta otra particularidad. “Por la cercanía con los cultivos de tabaco o los secaderos, las bayas captan ese aroma. Los vinos, sin tener paso por roble, tienen esa característica y se siente la sensación del tabaco”, dijo Niven.

Pasando a la Quebrada de Humahuaca, la primera distinción que hizo Niven es que no se trata de una geografía igual a los Valles Calchaquíes de los vinos salteños. Dependiendo si los viñedos se ubican en la quebrada principal o las sub quebradas, los resultados pueden ser muy distintos. “En 80 kilómetros encontramos una heterogeneidad enorme porque tenemos microclimas en las quebradas, mucha amplitud térmica, con alturas que van desde los 2.200 metros a los 3.300 y con exposiciones solares distintas”, destacó el joven enólogo.

Algo que distingue a esta zona es que los vinos desarrollan mucha materia colorante y los aromas pirazínicos. “Esta característica que en Mendoza la asociamos a los Cabernet, acá se puede dar en el Malbec. El varietal acá es totalmente distinto, pirazínico, con aromas herbáceos, que no es igual a ninguno de los que hay en Argentina”, consideró.

También, aquí es posible ver viñedos que crecen directamente sobre la roca y que están muy influenciados por el viento. “Aquí se cultiva en alta densidad, alrededor de 7.500 plantas por hectáreas porque no hay posibilidad de trabajar con tractores entre las plantas. Todo el manejo es manual”, sostuvo Niven y agregó que el rendimiento de las plantas es de prácticamente una botella por cada una.

Un viñedo entre las nubes

Cuando decimos que la altura de Jujuy es extrema es literal, al punto de tener el viñedo más alto de América y el segundo del mundo, con 3.329 metros sobre el nivel del mar. De esta finca Moya Claudio Zucchino, propietario de Viñas de Uquía, extrae las uvas para hacer con el asesoramiento de Marcos Etchart el vino Uraqui, un blend de Malbec, Syrah y Merlot.

En un terreno que nunca antes había sido utilizado para la vid ni ningún otro cultivo, en 2009 Zucchino inició su proyecto basado en la sustentabilidad de viñedos, turismo y agricultura andina orgánica certificada.

Con el aliciente de que su viñedo es el Malbec más alto del mundo, hoy en día su producción de vino está dando sus primeros pasos y ha comenzado con pequeñas exportaciones a Estados Unidos, Italia y otros destinos.

Al hablar de los vinos jujeños, Zucchino remarcó la diversidad que se puede encontrar en la zona, aunque todos coinciden en la extrema altura algo desconocido no solo para el país, sino para todo el mundo. “Tenemos terrenos pequeños que nos obligan a subir de calidad. Con todas las diferencias que presentan, un buen porcentaje de los vinos de aquí tienen un puntaje superior a 90 puntos”, ponderó Zucchino.

Una apuesta contra todo pronóstico

Ubicada en el paraje Villa el Perchel, situado entre Huacalera y Tilcara, Viñas del Perchel inició su camino en el año 2005 con varietales que Javier Vargas trajo de Mendoza y San Juan. Aunque los técnicos que había consultado no le auguraban un buen desarrollo para variedades finas en esos más de 2.625 metros sobre el nivel del mar por las inclemencias climáticas, se lanzó a comenzar con una bodega familiar. Su experiencia en la región cuyana y su gusto por los buenos vinos fue lo que lo aventuró a comenzar un proyecto en una región que hasta el momento no aparecía en el mapa vitivinícola.

“Todas las condiciones extremas nos empujan a hacer un vino poco convencional, distinto a lo que se conoce en todo el país. Aquí hay que cuidar mucho el cultivo para que sobreviva, sobre todo por la altura”, contó quien es uno de los dueños de la bodega.

Desde las primeras plantaciones hasta tener los primeros vinos en el mercado, pasaron siete años. Los varietales por los que han apostado son Cabernet Franc, Syrah, Malbec y Tannat y de ahí salen 10.000 botellas de sus dos líneas: Cactus, solo de varietales (Malbec y Tannat) y Runa, el blend que les abrió camino.

La mirada quebradeña

Toda región vitivinícola tiene sus pioneros y en el caso de Jujuy, Bodega Fernando Dupont fue quien abrió camino con sus vinos. Nació en 2001, cuando Fernando Dupont decidió dejar Buenos Aires para instalarse en Maimará, al pie del Cerro de la Paleta del Pintor.

Vinos de la bodega Fernando Dupont -

Con un equipo conformado por el ingeniero agrónomo Juan Prates y el enólogo Marcos Etchart lograron su primera cosecha en el año 2007. Hoy, a partir de las cepas Malbec, Cabernet Sauvignon, Syrah y Cabernet Franc cuentan con las líneas Punta Corral, Pesacana y Rosa de Maimará.

Para Amelia Janco, hoy esposa de Dupont, el impacto del proyecto ha ido más allá de los vinos. Desde su perspectiva de mujer quebradeña pudo ver la evolución vitivinícola de la región desde adentro. “Antes no se hablaba de buenos vinos jujeños y en eso fue pionera la bodega. También nos tocó la tarea de acompañar la formación de la gente del lugar para poder hablar de vitivinicultura cuando se reciben turistas, algo por lo que el Gobierno de Jujuy apostó desde hace tres o cuatro años”, comentó Janco.

Es que ella conoció a Fernando desde el momento en el que en el pueblo lo conocían como “el loco francés” que empezó a hacer vinos en el medio de la nada y como moza de un restaurante de la zona le tocó probar y ofrecer esas primeras cosechas en la que Dupont iba aprendiendo sobre lo que podía darle la zona.

Después, ella y la bodega se involucraron en la formación y la comunicación de la zona para que todos los involucrados en el incipiente enoturismo jujeño pudieran estar a la altura y comenzaran a hablar de buenos vinos.

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