sábado 16 de enero de 2021

La cosecha 2020 en el hemisferio norte se ha visto afectado por los efectos del cambio climático. - Archivo / Los Andes
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Advierten que el cambio climático ha afectado la cosecha 2020 en todo el mundo

Vitivinicultores de distintas regiones productoras de vino en otras latitudes mostraron su preocupación por los resultados de esta añada.

La cosecha 2020 en el hemisferio norte se ha visto afectado por los efectos del cambio climático. - Archivo / Los Andes

Cuando pase el tiempo y comencemos a degustar la añada 2020 -y en nuestras latitudes también lo podríamos extender a 2021-, seguramente vengan a nuestra mente el coronavirus, los tapabocas, el aislamiento social y todo lo que nos ha ido dejando esta pandemia. Pero en el hemisferio norte, donde ya están concluyendo las vendimias, aseguran que estos vinos también estarán marcados por los efectos negativos del cambio climático.

Una publicación del Washington Post expone que este año la vitivinicultura en Estados Unidos se ha visto marcada por un clima tumultuoso con un invierno suave que provocó devastadoras heladas primaverales, una temporada de huracanes hiperactiva que trajo fuertes lluvias justo antes de la cosecha en el este, mientras que el calor del verano sin precedentes provocó incendios forestales extremos en la cosecha en el oeste.

El diario estadounidense resalta que si bien ya se han visto estos fenómenos en años anteriores, en 2020 se han presentado de manera implacable y con mucha intensidad. Esto ha afectado a todos los cultivos, sin embargo, el vino se ha convertido en un referente de los efectos del cambio climático debido a las diferencias que se pueden percibir en los resultados de una añada a otra.

El cambio climático está afectando al vino tal como lo conocemos

“Parece que el 2020 también llegó para las uvas de vino”, dijo a Washington Post Elizabeth Wolkovich, científica ambiental de la Universidad de Columbia Británica especializada en cómo el cambio climático afecta el vino. “Comenzó con el anuncio el invierno pasado del fracaso total de la cosecha de vino de hielo en Alemania desde la temporada 2019, debido a las temperaturas suaves, hasta el día de hoy con los incendios aún ardiendo en California”.

El artículo resalta que Alemania es una región donde los vinos parecen beneficiarse de un clima cálido, y sus cosechas de Riesling están maduras de manera más constante. Sin embargo, la desventaja puede ser que haya menos vinos de hielo, que deben cosecharse cuando las uvas están congeladas en la vid.

En Estados Unidos, en la región del Atlántico Medio, los viticultores de Virginia pasaron varias mañanas frías a fines de abril y principios de mayo tratando de proteger sus vides de las heladas en el momento en que son más vulnerables, cuando los cogollos tiernos recién están emergiendo para establecer la cosecha potencial del año. Dos heladas en particular, el 19 de abril y el 10 de mayo, afectaron especialmente a los viñedos cerca de Charlottesville. Los efectos fueron localizados, por supuesto, pero varios productores terminaron con poca o ninguna uva para cosechar este año, y la mayoría de las bodegas reportaron rendimientos por debajo del promedio. Los restos del huracán Laura también arrojaron fuertes lluvias en el centro de Virginia a finales de agosto, lo que podría dañar las uvas que se acercaban a la madurez máxima para la cosecha, explicó Dave McIntyre, autor del artículo.

“Ha sido un año extraño para el cultivo de uvas”, sostuvo Emily Pelton, enóloga de Veritas Vineyards al oeste de Charlottesville. “Hemos tenido de todo, desde heladas hasta sequías, desde frío hasta calor”, dice, con rápidos cambios climáticos que desafían a la vid y al viticultor. “Nos han lanzado muchas cosas este año. Es una cosecha única para nosotros”.

Francia no está ajena a este fenómeno, en Burdeos, un invierno templado dio paso a una primavera lluviosa, con algunas tormentas violentas, e incluso nieve, heladas y granizo. El verano fue inusualmente caluroso y seco, y la temporada de cultivo se adelantó unos 15 días a su promedio, según el Consejo de Vinos de Burdeos. Agosto y septiembre templados, con días cálidos y noches frescas, ayudaron a mejorar la calidad de la cosecha inferior a la media.

“El cambio climático ya no es una teoría en absoluto. Es muy concreto y visible en el viñedo”, declaró Cécile Ha, vocera del consejo.

La contaminación residual de los incendios forestales

El Valle de Napa, una de las zona vitivinícolas más representativas de Estados Unidos fue azotada en su extremo norte por un devastador incendio a mediados del mes de septiembre, que se transformó en la imagen de la cosecha en California.

Pero toda la temporada de crecimiento a lo largo de la costa oeste fue extrema: un invierno templado provocó una brotación temprana, seguida de olas de calor récord que elevaron las temperaturas más de lo normal durante varios días en agosto. En algunas áreas, las uvas se quemaron antes de que pudieran verse afectadas por el humo. El calor alimentó tormentas eléctricas que provocaron incendios forestales en California, Oregón y Washington en agosto.

Mientras eso sucedía, la pandemia de coronavirus obligó a las bodegas a transformar sus procesos de cultivo y producción, así como sus modelos de comercialización.

“Básicamente, la gente está diciendo, saquemos 2020 de aquí”, comentó al Washington Post Gregory V. Jones, director del Centro Evenstad para la Educación del Vino en la Universidad de Linfield en McMinnville, Oregon. Pero no es optimista para el futuro.

“El latigazo cervical se está volviendo extremo”, manifestó Jones. “Tenemos dos o tres años de sequía seguidos de un año de clima húmedo extremo y deslizamientos de tierra. El modelado muestra que estos latigazos serán prominentes en las regiones vinícolas de latitudes medias como Australia, Chile y el oeste de los Estados Unidos. Existe alguna evidencia de que el oeste de los EE. UU. Se encuentra en las etapas iniciales de una mega-sequía prolongada que podría traer aproximadamente 20 años de clima extremadamente seco”.

Wolkovich y sus colegas han publicado estudios que indican que regiones más frías como Nueva Zelanda y el noroeste del Pacífico pueden beneficiarse del cambio climático, ya que sus climas se vuelven más adecuados para la maduración de diferentes variedades de uva. Las regiones más tradicionales, como Burdeos y California, ya están experimentando con diferentes variedades para ver qué podría funcionar en un clima cambiante.

“Estoy seguro de que tendremos años menos devastadores en el futuro, pero en general esta es la tendencia de lo que vendrá”, opinó Wolkovich. “Esta es probablemente la nueva normalidad a la que debemos adaptarnos, tanto para los viticultores como para los bebedores de vino”.