jueves 1 de octubre de 2020

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Roberto Fadin recorre su campo sembrado con forraje más resistente a la falta de agua para alimentar su ganado / Foto: Claudio Gutiérrez - Los Andes
Fincas

Video: Cultivan forrajes que necesitan poca agua para alimentar ganado

Una experiencia piloto del INA analiza la utilización de pasturas no tradicionales para reforzar la recría y el engorde de vacunos en la provincia.

Roberto Fadin recorre su campo sembrado con forraje más resistente a la falta de agua para alimentar su ganado / Foto: Claudio Gutiérrez - Los Andes
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La cada vez menor disponibilidad de agua ha provocado que casi un tercio de las hectáreas en los oasis productivos estén abandonadas. Muchos productores utilizan el derecho a riego de una porción de sus propiedades para poder irrigar de modo adecuado los cultivos de una extensión menor. Un proyecto del Instituto Nacional del Agua desarrolló la plantación en La Paz de forrajeras de baja demanda hídrica para alimentar bovinos.

Roberto Fadin se dedicó, durante casi 30 años, a la producción de ciruelas D’Agen pero las heladas tardías y las dificultades para encontrar mano de obra para la cosecha”es chiquita y le esquivan como a la aceituna” señala-, lo alentaron a erradicarlas en cuanto las plantas cumplieron su ciclo.

Sin embargo, el factor determinante fueron las “secas” de dos o tres años atrás y el riego distante, cada 45 días, que hizo que un buen porcentaje de los ciruelos no lograra sobrevivir. “Tuve una época linda, porque se exportaba a buenos precios”, recuerda con añoranza sobre las 12 hectáreas de ciruela, que hoy se limitan a 3.

“Le busqué otra alternativa. A quien le gusta la producción siempre va buscando”, comenta Fadin. Así empezó, hace dos años, a cultivar pequeñas parcelas de alfalfa y cebada, y sumó algunos terneros que compra a productores de la zona para engordarlos. Y por eso también, entendiendo que el agua es el gran limitante en el departamento, decidió probar con sorgo y digitaria cuando se lo propusieron desde el INA.

José Reta, investigador asociado del INA y responsable del proyecto “Pasturas de baja demanda hídrica”, detalló que, por las inclemencias climáticas y la falta de acceso a riego, numerosos productores empezaron a dejar la agricultura para dedicarse a la ganadería. Sin embargo, para alimentar los animales plantan alfalfa, que tiene una calidad nutricional muy alta pero requiere de la misma cantidad de agua que la vid o los frutales.

El investigador encontró tres alternativas de pastura que no necesitan tanta: la digitaria eriantha (originaria de África), el sorgo forrajero y la cebada forrajera. El segundo, por ejemplo, mostró muy buenos resultados con menos de 400 milímetros versus los 1.400 que demanda la alfalfa o los 1.200 que suele recibir el mismo cultivo en la pampa húmeda.

La escasez hídrica se agudiza en los confines de cuenca: Lavalle (río Mendoza) y Santa Rosa y La Paz (Tunuyán inferior), y lo mismo ocurre con los cauces del sur. Es que si bien Irrigación entrega, en teoría, la misma cantidad de agua a todos, al final del recorrido se ha perdido bastante líquido por infiltración. Además, por efecto del cambio climático, los productores reciben hoy la mitad de lo que les llegaba hace cuatro años atrás: se pasó de los 1.500 milímetros en 2016 a 800 en 2020.

Para el proyecto de pasturas de baja demanda hídrica eligieron a seis pequeños productores de La Paz, que tienen fincas propias con derecho a riego, ganado y cultivos de alfalfa. El doble objetivo, explica Reta, es recuperar hectáreas abandonadas con acceso a riego y favorecer el reemplazo de ese forraje por otras pasturas que demanden menos agua. También, suministrar una oferta nutricional a los animales para disminuir la sobrecarga en el campo y el proceso de desertificación.