martes 9 de marzo de 2021

Imagen ilustrativa / Los Andes
Fincas

Las reiteradas lluvias y la humedad han empezado a afectar los viñedos

Especialistas recomiendan estar muy atentos a las plantas y buscar asesoramiento para realizar curaciones. En especial, de las variedades más propensas a enfermedades

Imagen ilustrativa / Los Andes

El año pasado, para esta época, ya se estaban cosechando diversas variedades de uva. Es que las altas temperaturas de enero habían adelantado la maduración y febrero fue benevolente. Sin embargo, en 2021, el segundo mes vino acompañado de varios días nublados y lluviosos. Esto no sólo ha demorado el proceso, sino que también implica un riesgo de podredumbre, en especial para las especies más susceptibles a enfermedades asociadas a la humedad.

Gustavo Aliquó, investigador de la estación experimental agropecuaria Mendoza del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), detalló que no se ha enterado de que las lluvias hayan provocado daños, pero que sí hay peligro inminente de podredumbres. Es que cuando se dan sucesos reiterados de precipitaciones, y en especial cuando no hay vegetación entre las hileras, se generan lodazales que impiden hacer las curaciones por varios días.

El ingeniero agrónomo señaló que las variedades en mayor riesgo son aquellas de racimos apretados, como bonarda, syrah, pinot noir, chardonay y sauvignon blanc. Y mientras la últimas ya han alcanzado los grados brick (cantidad de azúcar) necesarios para cosecharlas, y se están levantando cuando las condiciones lo permiten, las dos primeras aún necesitan un buen tiempo de maduración. De hecho, al estar nublado o parcialmente cubierto el sol, el proceso de fotosíntesis se frena y la uva demora más en alcanzar el punto adecuado para la cosecha.

Aliquó detalló que, en este contexto, los productores tienen que salir “sí o sí” a curar las variedades que tienen tendencia a pudrirse. Pero resaltó que se deben respetar los períodos de carencia del producto que se aplica, porque de lo contrario pueden quedar residuos y, por tratarse de fungicidas de amplio espectro, podrían matar las levaduras y afectar la fermentación.

El ingeniero del INTA indicó que febrero suele ser lluvioso y por eso se recomienda vigilar muy bien el cultivo y contar con un pluviómetro para medir las precipitaciones y, en función de eso, determinar si es necesario realizar curaciones. Se trata, acotó, de un cálculo de costo-beneficio, ya que la aplicación demanda una inversión, pero de lo contrario se puede perder parte de la producción.

En este sentido, planteó que hay productores que están teniendo daños por podredumbre, mientras otros, que han podido realizar las curaciones, casi no han tenido inconvenientes, lo que demuestra la importancia del manejo preventivo. También incide mucho la variedad, ya que la bonarda es de maduración lenta y los años lluviosos le cuesta alcanzar la maduración que marca el momento de la cosecha, pero si se deja en la planta, se pudre. En cambio, las uvas malbec, cabernet y merlot son menos susceptibles, porque los racimos son más sueltos.

Fabián Ruggeri, ingeniero agrónomo de Acovi (Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas), comentó que están viendo que, después de las lluvias de la semana pasada y lo que va de esta, las variedades que siempre son conflictivas –como bonarda y cereza, básicamente, pero también torrontés- han empezado a presentar signos de botritis (hongo).

Son, además, las que aún se encuentran a varios días de empezar la cosecha, por lo que es necesario hacer alguna aplicación, respetando los períodos de carencia y utilizando principios activos autorizados.

Ruggeri añadió que no se trata de focos pequeños de botritis, sino que se observan varios dentro de un mismo cuartel, por lo que puede hablarse de afectación generalizada y requiere de seguimiento muy preciso. Es que no sólo se deben utilizar los productos adecuados –que tengan efecto sistémico y no únicamente en la parte de la planta que tocan- y las maquinarias en condiciones (para asegurarse de que la aplicación sea efectiva), sino que también deben acompañar el tiempo, ya que, si se matan las esporas o el hongo, pero queda uno por germinar y se mantienen las condiciones predisponentes, retoma el ataque.

El ingeniero explicó que, la semana pasada, por la humedad y las bajas temperaturas hubo muy poca evolución de la maduración, lo que ha provocado que se retrase el proceso en variedades que para esta época del año ya deberían estar a pleno. Y añadió que, si sigue la humedad, sumado a la disminución de la producción, van a haber problemas. Esto, porque si bien a la uva malbec le faltan unos 15 a 18 días para la cosecha, la torrontés, criolla, cereza o bonarda necesitan aún unos 30 días.

De todos modos, señaló que habrá que esperar un poco para ver cómo evoluciona la situación y, entre tanto, estar muy atentos a los viñedos. En este sentido, recomendó a los productores que, en caso de tener dudas, busquen asesoramiento con un especialista, en el INTA o en la Facultad de Ciencias Agrarias.