Horticultura: la oportunidad para crecer en las exportaciones a Chile

Horticultura: la oportunidad para crecer en las exportaciones a Chile
En hortalizas, legumbres y algunos frutos, durante 2020 se exportaron a Chile 1.506 toneladas. / Archivo

Mendoza exporta a ese país 19 tipos de hortalizas con un bajo volumen. Es un mercado con potencial, perjudicado por la sequía y la pandemia. Una empresa chilena estudia importar 40 toneladas por semana.

Motivados por la falta de agua y por las dificultades logísticas, algunos comercializadores de Chile estudian la posibilidad de importar más hortalizas desde Mendoza. Por su parte, los productores y entidades locales lo analizan como una oportunidad para el agro mendocino, en busca de mejores precios.

Los datos que maneja ProMendoza indican que, en hortalizas, legumbres y algunos frutos, durante 2020 se exportaron a Chile 1.506 toneladas por un valor de 749.631 dólares FOB. Esos números (que incluyen aceitunas, melones y sandías) fueron mejores que los de 2019, cuando se exportaron 1.493 toneladas por un valor de 515.207 dólares.

Curiosamente, si se miran los números acumulados hasta mayo de este año, ya se vendieron al vecino país unas 1.002 toneladas de hortalizas, un 66% del valor de todo el año pasado. El número es más llamativo en valores FOB, ya que a mayo inclusive se acumulaba un valor de U$S 774.414, un número mayor a todo 2020 (de todas formas, hay que recordar que esto depende de la variación de precios).

Es para destacar la variedad de hortalizas que este año Mendoza ha exportado a Chile, con un total de 19 tipos que van desde ajo, cebolla y achicorias, hasta zanahorias, calabazas y coliflor. A mayo, la hortaliza más vendida era porotos comunes negros (171 toneladas), seguida por papas o patatas frescas o refrigeradas (107,5 toneladas).

Mario Lázzaro, gerente general de ProMendoza, aclara que no son valores muy grandes comparados con otros mercados, pero estas ventas representan una posible salida para la horticultura local. Además, hay dos factores que apuntan a que esta situación pueda crecer: las restricciones hídricas en el vecino país y los problemas mundiales de logística.

“Creo que ellos van a priorizar el agua para cultivos frutales de larga inversión, como cereza, ciruela, manzana o palta, frente a cultivos anuales como las hortalizas. Además, con los problemas de logística y fletes, es un riesgo importar desde Asia o desde Estados Unidos. Pareciera que es una oportunidad para Mendoza, lo digo sin querer generar demasiadas expectativas”, aclara Lázzaro.

La crisis climática y la falta de agua son fenómenos que afectan también al lado chileno, además de una menor disponibilidad de terrenos en el centro del país para cultivos. Estos temas se vienen profundizando en estos años, lo que puede ser la antesala de una escasez de hortalizas en el vecino país y por ende mejores precios para la horticultura local.

Por otro lado, se estima que la falta de transporte de carga marítimo y contenedores continúe durante 2022, por lo cual ser un país limítrofe conectado por tierra pasa a ser un valor a considerar. “Mientras exista el problema logístico de la pandemia, la certidumbre que te da el transporte terrestre es un valor que suma. Hoy podés refrigerar hortalizas 25 o 30 días en un container, pero si no hay seguridad nadie se va a arriesgar”, observa Lázzaro.

Exportar hortalizas

En el Instituto de Desarrollo Rural (IDR) vienen siguiendo desde hace tiempo el tema. Su coordinador técnico, Alfredo Baroni, explicó que la agricultura chilena se ve disminuida por la falta de agua y en la Región Metropolitana no llegan a abastecerse con la producción local.

Por ello, deben traerla del norte de Chile, la Región de Arica y Parinacota (a 2.000 km en ruta), con altos costos de traslado. “Entonces surge una oportunidad con Mendoza por la cercanía. La idea es poder ofrecerles todo tipo de hortalizas, pero fundamentalmente pimientos, berenjenas, ajíes, lechuga, papa y cebolla”, detalló Baroni.

El IDR trabaja ahora con ProMendoza y ProChile para facilitar los trámites de exportación para aceitar el mecanismo, ya que actualmente se hace con volúmenes chicos de una especie a la vez. Ahora, se quiere plantear la venta de un equipo completo de hortalizas por 20 toneladas con distintos productos. Eso requiere de más de un análisis y una logística rigurosa, ya que las hortalizas duran menos que otros productos.

“Normalmente el país de destino te dice que la berenjena o la lechuga debe venir libre de determinados principios activos. Depende de cada especie, del destino que se le dé a la producción, incluso del envío, no podés mandar nada que vaya con tierra. Son factores a tener en cuenta”, detalla el coordinador técnico del IDR.

Una propuesta que entusiasma a la entidad es la de una empresa chilena de nombre BioFresco, que comercializa frutas y verduras en Santiago y está interesada en comprar hasta 40 toneladas semanales de hortalizas de Mendoza. Hace dos semanas el IDR organizó una ronda de negocios virtual entre BioFresco y 20 productores locales, con la participación de la Dirección de Agricultura provincial.

“Hicimos una exposición vía Zoom con productores de la agricultura social, cooperativas y empresas con y sin experiencia exportadora, para que pudieran entre ellos ir viendo qué les conviene trabajar. En esa reunión se trataron temas como formas de pago, logística, tipos de envases que requieren y demás”, explicó Baroni.

Oscar Celis, director de BioFresco, confirmó a este medio el interés por hortalizas mendocinas como pimientos, zapallos, pepinos y cebollas: “Nos abastecemos de regiones como Arica, pero empezamos a mirar con buenos ojos traer productos de una zona más cercana a Santiago. Hay productos que se dan mejor en Argentina que en Chile, también hemos visto en Argentina entidades que reúnen a agricultores locales, con mayor asociativismo”.

La idea en un comienzo es poder comprar 40 toneladas por semana (dos envíos de 20 toneladas cada uno). Ese dinamismo puede ir generando oportunidades también para otros productos, como sandías.

Un interés creciente

Daniel Mengual, presidente Grupo Inmenda, es uno de los productores locales interesados en la posibilidad de vender hortalizas a Chile. Después de una experiencia de venta de cebollas a Brasil con otra empresa, considera que el mercado internacional es una buena posibilidad para conseguir mejores precios.

“La comercialización de nuestros productos está respaldada por la producción, proveemos de lechuga a varias empresas. También producimos y comercializamos cebolla y calabaza”, comentó Mengual, que comercializa en supermercados de Mendoza y San Juan.

El presidente de Grupo Inmenda participó del encuentro virtual con BioFresco y consideró interesante que quieran contactar con productores, reduciendo intermediarios y abaratando costos: “Me contacté con la persona que dio la charla y le informé sobre las épocas en las que podemos abastecer para que nos tenga en cuenta. Les pedí también saber qué necesidades tienen por el momento, para poder coordinar”.

Mengual busca conocer además si será un trabajo por oportunidad (demanda espontánea) o un trabajo programado con volúmenes con una entrega semanal acordada con tiempo. “Cuando es venta de oportunidad, todo lo que es hortalizas livianas se complica. A la lechuga hay que cosecharla y enviarla, mientras que la cebolla se guarda y no se ve perjudicada por la temperatura; da un margen para trabajar a lo largo de una semana”, aclaró el productor.

Desde el lado de BioFresco, Celis comentó a que están analizando los requisitos legales que pide Chile para el ingreso de hortalizas y estudian los envases que pueden usar para trasladar la mercadería. Ya están en contacto con una empresa de cartón de Argentina y estudian los requisitos del SAG (Servicio Agrícola y Ganadero) de Chile, con “Buenos Aires” hacia adelante.

Si bien de momento se enfocan en la importación, Celis cree que a futuro también se puede pensar en enviar a Argentina otros productos que puedan ser interesantes, como palta o tomates cherry. “La soberanía alimentaria no debe restringirse sólo a localidades de un país, sino abarcar el tema internacional, porque si hay mayor producción a 400 km de Santiago, no es necesario irse 2.000 km hasta Arica”, ejemplificó.

En cuanto a si se busca comprar productos ya disponibles o financiar cultivos a largo plazo, el director de BioFresco estima que, en una primera instancia, se comprará lo que haya disponible, pero en una segunda etapa se podrían generar cultivos más planificados o evaluar productos que estarán disponibles en 2 o 3 meses para adelantar el trabajo comercial.

El encadenamiento productivo

Más allá de la venta para consumo final, una opción que se busca trabajar con Chile es el llamado “encadenamiento productivo”. Se trata de un sistema en el cual un primer país vende a otro una materia prima y este segundo la termina de elaborar para vender a su mercado interno o al exterior. Por ejemplo, se puede vender vino a granel a un país y que éste lo fraccione y venda en botellas a otro mercado.

PorMendoza cuenta con un área específica para trabajar sobre ese tema, pero la pandemia dificultó el trabajo y para muchos, el encadenamiento hoy no es conveniente por el tipo de cambio (con precios oficial y paralelos). Ocurre que para generar acuerdos de este tipo se requiere mucha más confianza y coordinación a largo plazo que para una operación de compra y venta.

Si bien en producción agrícola Chile y Mendoza compiten en varios rubros, en su momento se realizaron intentos en base a tecnología y maquinaria agrícola. Hay proyectos con avances, donde sí se ha logrado mayor vinculación es entre bodegas, también por la participación de capitales chilenos en Argentina.

Alfredo Baroni, coordinador técnico del IDR, recordó casos de encadenamientos en base a fruta, que se enviaba a Chile en fresco y se industrializaba para después ser exportada, aprovechando los acuerdos comerciales del vecino país con el resto del mundo. Eso les permitía deslocalizar la producción y tener una oferta más estable en el tiempo.

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