Frutillas: Un incipiente desarrollo con nuevas técnicas

¿Vale la pena producir frutillas en Mendoza? / Archivo
¿Vale la pena producir frutillas en Mendoza? / Archivo

Con una demanda local insatisfecha, productores se animan a probar con nuevas variedades y con sistemas de hidroponia. El consumo crece, pero hay que evaluar bien los costos y los canales de venta.

¿Vale la pena producir frutillas en Mendoza? La provincia es muy chica en hectáreas de ese cultivo, pero la rentabilidad y la tendencia hacia un mayor consumo motivan a hacer el intento. Ya sea de manera tradicional o con hidroponia, algunos productores muestran buenos resultados, aunque se deben tener en cuenta algunos factores clave.

Si bien no hay datos específicos sobre frutilla en Mendoza, por ser un cultivo con pocas hectáreas, tradicionalmente se la ubica en Tunuyán, San Carlos y San Rafael. De todos modos, tanto en el Instituto de Desarrollo Rural como en la Unión Frutihortícola Argentina (UFHA) consideran que hay nuevos emprendimientos en base a hidroponia (o mejor dicho, semihidroponia) con sustratos en el Oasis Norte.

El presidente de UFHA, Omar Carrasco, explicó que se está implementando mucho la hidroponia para ese tipo de plantación. De todos modos, entiende que este cultivo no escapa de problemas estructurales del agro actual, como el aumento de costos y la baja en el consumo, después de un 2020 en que la gente cocinaba en casa y consumía más frutas y verduras.

“Este año se nota mucho la merma, se nota la falta de efectivo. El 2020 también fue un año atípico, porque hubo gran producción de todo tipo de artículos, mientras que en 2021 hay un 30% menos de producción que el año pasado, hablando nivel general . Debería haber un mejor precio por haber menor producción, pero no hay plata. Hay que ver cómo se van a comportar los mercados”, analizó Omar Carrasco.

Pablo Alejandro Soto, ingeniero agrónomo y director técnico en Viveros Andinos SA, indicó que en el mundo está aumentando la demanda de frutilla por sus ventajas nutritivas. Poder producirla no es un problema de suelos: “Se puede hacer desde Ushuaia a la Quiaca, en altura y llanura, no hay limitantes. La frutilla prefiere suelos arenosos, pero otros trabajan con pesados y lo logran. La mano de obra sí es un problema, porque es un cultivo exigente y demandante”.

En cuanto a las ventajas, Soto señaló que la frutilla da fruta desde octubre y durante 6 y hasta 7 meses seguidos, con un ingreso constante para el productor, a diferencia de otros productos con una sola cosecha anual. “Otra ventaja es que la frutilla permanentemente brota y florece. Si cae un granizo o una helada muy agresiva que dañe el 100% de los frutos, en 45-60 días volvés a cosechar”, agregó este especialista en cultivo, producción y comercialización de frutilla y frutos rojos.

Producir frutillas con hidroponia

Una tendencia en la agricultura es la hidroponia que, en términos generales, es un método para cultivar sin utilizar la tierra, sino que se alimenta la planta con agua y disoluciones minerales en el riego. Varios emprendedores están probando utilizar un sistema semihidropónico, con un sustrato en bolsas, para trabajar la frutilla y de momento han obtenido buenos resultados.

Una ventaja es que eleva la altura del cultivo, de modo que no hay que agacharse para cosechar ni trabajar en la planta. Además, favorece la uniformidad de la planta y genera una mejor sanidad del cultivo, por no estar en contacto con el suelo de la finca. Por otro lado, diferentes experiencias demuestran que se puede aprovechar una misma planta de 3 a 6 años, mientras que en el suelo no pasan del segundo año.

Francisco Martínez y Agustín Corti decidieron iniciar el camino de producir frutillas con este sistema hace tres años. “Mi padre es productor en Compuertas (Luján de Cuyo) y probó con frutillas en campo, pero costó muchísimo conseguir gente que trabajara y la dio por perdida. Es un trabajo muy sacrificado. Con esta idea probamos algo más cómodo, en invernadero y fácil de cosechar”, explicó Martínez.

Actualmente, en sus tres invernaderos utilizan sacos de tierra armados con nutrientes y conectados al riego. A través de un sistema se inyectan fertilizantes en el agua y hacen cinco riegos cortos al día, de entre dos y tres minutos. Cuentan con 6.000 plantas y requieren del uso de 300 litros de agua cada dos minutos, aunque el tiempo puede variar según la temperatura.

El sistema necesita de una inversión mayor que el cultivo en tierra, pero Martínez cree que es redituable por el ahorro en fertilizantes. “La planta dura más tiempo, el operario no tiene que estar a ras del piso, y hay menos bichos que en el campo, por lo que se usan menos agroquímicos”, señaló.

Con su empresa Küpsis & Co los socios hacen packs con frutas al vacío, de frutillas, cerezas premium y ananá (de a dos frutas). Congelan los paquetes y los venden a confiterías, pastelerías y cafés, donde hacen licuados, smoothies o crema de frutas. La calidad de la fruta y el agregado de valor, aseguran, son claves para generar un negocio rentable.

Mariela Bonfanti, hija de una familia de productores, tomó un curso a finales de 2018 con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Neuquén sobre hidroponia y decidió probar con frutilla: “Ha sido prueba y error, más que nada por el hecho de que en este tipo de cultivos toda la fertilización va a través del agua y hay que ser minuciosos con los nutrientes y las sales. Los efectos son casi inmediatos”.

Bonfanti coincidió con Martínez en que el sistema facilita muchos procesos y se vuelve una tarea más cómoda, además de que les permite intensificar la producción y aumentar la densidad de cultivo por área. Actualmente cuenta con un pequeño invernadero de 120 metros cuadrados con alrededor de 1600 plantas.

“Estamos bastante contentos. Seguimos aprendiendo y consideramos que ha sido un experiencia muy satisfactoria para ser la primera vez. Conocemos de gente que se les secaron las plantas, que intentaron el sistema y no tuvieron éxito”, advirtió Bonfanti. De momento, planean continuar con la inversión y ampliar el lugar de trabajo enfocados en frutilla.

Producir en tierra

La hidroponia es una novedad, pero se estima que más del 90% de la producción argentina aún está sobre tierra. Es el caso de Eduardo Zanata, un productor que hace cuatro años incursionó en el sector frutillero para poder diversificar la producción. En su finca de Las Violetas (sur de Lavalle) trabaja con otros tres productores, que en total suman entre 3 y 4 hectáreas.

“Siempre estás aprendiendo, y más en la frutilla, que es muy delicada por la salinidad”, describió Zanata. En su caso, comentó que el primer año tuvo una muy buena siembra y cosecha, y que esta temporada, a sus 6.000 plantas de la variedad Sweet Ann sumó otras 5.000 entre variedades Cristal y Aromas.

“En la Sweet Ann hemos invertido bastante en fertilizantes, pero se complica por la salinidad y el agua, que anda ‘a caballo’ en esta zona. Le tenemos mucha fe a esas otras dos variedades que estamos probando, vienen muy bonitas”, afirmó Zanata.

Para este productor la inversión en frutilla vale la pena, y destacó que aunque implica más mano de obra y cuidado, es un producto con una demanda muy alta (“te la sacan de las manos”, ilustra). Si bien cosechar a ras del suelo puede ser un problema, Zanata destacó que es “una cosecha limpia” y que no implica cargar canastos de 20 kilos como en otros cultivos. Varias mujeres participan de la cosecha, aunque sí cuesta conseguir gente.

Comercialización nacional

Con sólo mirar por las verdulerías, cualquier mendocino puede notar ofertas de frutilla a bajo precio por $ 300 el kilo. Eso se debe a que la primavera es la época de mayor cosecha de frutilla, aunque la que se ve ahora proviene de Tucumán, una de las principales productoras.

Pablo Soto explicó que el pico de oferta de frutilla en el país es en octubre, mientras que la menor cantidad se da entre la segunda quincena de mayo y la primera de junio. “En meses de precios alto, se ha vendido frutilla a $ 1.000 - $ 1.500 el kilo al productor y ahora no pasa de $ 200 el kilo al productor”, señaló el ingeniero agrónomo.

Mendoza vende al mercado interno todo lo que produce, ya que al ser un alimento muy perecedero, la gente prefiere la producción local, por tener más sabor. Hay cierto mito de que la frutilla tucumana “tiene menos gusto”, pero eso en realidad se da porque la cortan verde pensando en el traslado.

De todos modos, Soto indicó que la producción local es mínima comparada con la nacional: “En Argentina debe haber unas 1.000 hectáreas, siendo la principal provincia Santa Fe. Mendoza es una muestra insignificante de 15 ha, por eso su producción no alcanza para abastecer al mercado. Durante el invierno se importa del norte (Santa fe y Tucumán) y durante primavera verano importa más de Buenos Aires y el sur.

Otro dato que destacó el especialista es que entre un 50 y un 60 % de la frutilla argentina se exporta congelada, principalmente a Estados Unidos y a Europa. Históricamente, Argentina ha producido más frutilla congelada para exportación que fresca para el consumo interno. Cuando la relación dólar peso no cierra y eso se vuelca a la producción interna, disminuye mucho el valor de mercado.

En exportaciones, este año no habría problemas, pero sí hay un factor especial en Santa Fe. En la zona de Coronda (capital nacional de la frutilla) la baja en el caudal del río Paraná ha salinizado las aguas y las napas freáticas de la zona. Eso puede implicar la pérdida de cosecha de muchas hectáreas de fruta y levantar la aguja de los precios para el resto del país.

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