miércoles 28 de octubre de 2020

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La helada del lunes pasado encontró a la mayoría de las plantas en un estado avanzado de floración o cuaje, lo que las torna más vulnerables al frío.
Fincas

Anticipan una merma del 15% en la producción de vid

El episodio del lunes dejó muchas producciones muy dañadas. Aún resta esperar los datos oficiales pero la afectación es seria tanto en frutales como en viñedos. Zonas Este, Sur y Valle de Uco, afectadas.

La helada del lunes pasado encontró a la mayoría de las plantas en un estado avanzado de floración o cuaje, lo que las torna más vulnerables al frío.
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“Daño hay”, es la afirmación que reiteran los productores y directivos de las cámaras que los agrupan. Como casi cada año, algunos efectos de las bajas temperaturas se notan apenas un par de días después, mientras otros pueden no resultar evidentes hasta el momento de la cosecha, como sucede con la vid. Lo cierto es que la helada del lunes pasado encontró a la mayoría de las plantas en un estado avanzado de floración o cuaje, lo que las torna más vulnerables al frío.

Aunque se trata de estimaciones preliminares, algunos ya adelantan una reducción del 10 al 15% en promedio para toda la provincia en la producción vitivinícola. En General Alvear calculan que la afectación de los viñedos puede haber superado el 50% y la de los ciruelos D’Agen ser un poco menor. Los técnicos de la Dirección de Contingencias Climáticas comenzarán a recorrer el territorio para realizar el relevamiento esta semana (ver aparte).

El lunes pasado, tal como se había pronosticado, hubo heladas en todos los oasis y las temperaturas se ubicaron, en promedio, entre -1,5° y -2,5°, aunque las estaciones de la DCC registraron hasta -3,7° (y en algunas propiedades, por sus características particulares, cayó a -5°). Martín Cavagnaro, coordinador de la Red de Estaciones Agrometeorológicas, detalló que en el Valle de Uco empezó a despejar cerca de las 4 de la mañana; en el Este, alrededor de las 6, mientras en el Sur la caída de la temperatura comenzó antes pero, como había llovido el fin de semana, el descenso fue gradual y la humedad atemperó el efecto.

Cavagnaro señaló que el fenómeno La Niña se instaló, lo que implica que esta primavera habrá temperaturas por encima de lo normal –que aceleran la floración y el cuaje- y menos precipitaciones (cuando hay menos humedad, el efecto de los registros bajo cero genera mayor afectación). Si bien no se avizora para los próximos días registros bajo de cero, estimó que ya no debería haber nuevas heladas, aunque tampoco pudo afirmarlo con certeza.

El ingeniero agrónomo Fabián Ruggeri, integrante de Acovi (Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas), indicó que en una recorrida que realizó por distintas localidades de las zonas Este y Norte, encontró que en Costa de Araujo, Nueva California y Gustavo André el daño en viñedos alcanza un 10% en promedio, mientras que en Montecaseros hacia el Sur y hacia el Este, supera el 30%.

Pero aclaró que hay que considerar todo lo que puede llegar a pasar después del cuaje. Hasta el momento, señaló, la afectación es importante, ya que la primera yema se quemó y, cuando venga el segundo brote, lo más probable es que venga sin racimo, o a lo sumo uno, en lugar de dos. Es que el ingeniero explicó que, si bien se habla de “la” yema, en realidad se trata de un yemario: la principal y la secundaria, que está mucho menos vigorizada, por lo que da menos granos de uva y más pequeños.

Aunque no se atrevió a cuantificar aún los daños, adelantó que debe rondar en una media de 10 al 15% en toda la provincia, pero que puede apreciarse uno mayor más adelante, tal como ocurrió el año pasado que, si bien no se quemó el brote, hubo un porcentaje significativo de merma al momento de la cosecha. También puede ocurrir, indicó, que la flor no cuaje correctamente porque la afectó el frío y disminuya la cantidad de racimos.

Ruggeri indicó que, aunque hasta ahora se estaba previendo una cosecha muy buena, y definitivamente mejor que la del año pasado, porque las plantas “descansaron” después de la merma productiva del 30% de la temporada 2019-2020 y se esperaba una mayor disponibilidad de agua, con esta helada el panorama cambió. Pero resaltó que habrá que aguardar al cuaje, dentro de 25 a 30 días. “Ya estamos seguros de que no vamos a tener la cosecha que esperábamos y, dependiendo de la zona, va a ser bastante menor”, concluyó.

Nicolás Vicchi, subgerente de Acovi, indicó que en algunas zonas el daño ya se ve en la brotación, pero en otras el impacto se apreciará en el mediano plazo e incluso al momento de pesar la uva. Por lo pronto, señaló que saben que ha sido complejo porque las heladas fueron generalizadas en toda la provincia y las temperaturas bastante bajas. Al parecer, añadió, en la zona Este se habría producido el mayor daño en vid.

El episodio del lunes dejó muchas producciones muy dañadas. Aún resta esperar los datos oficiales pero la afectación es seria tanto en frutales como en viñedos. Zonas Este, Sur y Valle de Uco, afectadas.

Fabián Alonso, presidente de la específica de la Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Ganadería de General Alvear, comentó que la situación es bien complicada y que los daños han sido cuantiosos en viñedos. El problema, agregó, es que las temperaturas fueron de varios grados bajo cero (en algunas fincas se llegó a los -5°) y en varias zonas las heladas comenzaron a la 1.30 y se extendieron hasta las 7.30 del lunes. En las más frías, aun cuando los productores implementaron medidas de defensa, las plantas se helaron.

Alonso planteó que, si bien son datos preliminares, en el departamento sureño las pérdidas en vid deben superar el 50%. Es que, a diferencia de lo que ocurrió con las heladas del año pasado, cuando los viñedos tuvieron una leve disminución, en 2020 estaba más avanzada la brotación y por eso los daños han sido mayores..

En cuanto a la ciruela D’Agen, que es la que más se cultiva en el sur, consideró que la afectación ha sido menor que en 2019, cuando hubo una merma productiva del 80%, ya que las temperaturas fueron entonces más bajas y se extendieron por más horas. Alonso destacó que hay muchas fincas de ciruelos que tienen defensa con riego subarbóreo, por lo que las pérdidas habrían sido menores este año.

El ingeniero agrónomo Hilario Lázaro informó a los integrantes del Clúster de Ciruela Industria de Mendoza que, pese a que se esperaba una floración excepcional, en esta primavera hubo varios días con más calor del deseable (por encima de los 28°), otros muy ventosos que dificultaron la polinización y a eso se sumó la helada del lunes. Aunque fue de una intensidad mediana, señaló que va a haber mucha diferencia entre quintas. Esto, tanto por los grados bajo cero como por la preparación previa del cultivo.

Es que, en varios lugares, los registros estuvieron cerca del límite de daño, detalló, y es de esperar que hayan resistido bien las plantas que estaban nutridas pero que se hayan visto afectadas de modo más severo las que están con fatiga o descuidadas. De todos modos, Lázaro aseveró que la floración no será la esperada ya que, además, por las altas temperaturas, la brotación no tendrá la separación ideal de una semana a 10 días con respecto a la floración.

El presidente de la Cámara de Agricultura, Industria y Comercio de Tupungato, Sebastián Lafalla, detalló que las bajas temperaturas provocaron bastante daño en las variedades blancas, como Chardonay, en las que el brote estaba ya saliendo, pero que algunas tintas también se han visto afectadas. Esto, porque la yema hinchada tolera hasta -2°, mientras el brote puede dañarse con -0,5°. Agregó que, aunque las estaciones de Contingencias marcaron -1,5° y -2,5°, algunos productores registraron en sus fincas hasta -4°.

Lafalla aventuró que se ha perdido bastante y que podría llegar a mermas del 20%, aunque reconoció que cuesta verlo, ya que en ocasiones la canopia está verde pero los efectos se notan cuando empiezan la floración y el cuaje. Adelantó, con ironía, que otro factor que permitirá a los productores evaluar la magnitud del daño es si ciertas organizaciones vitivinícolas empiezan a hablar de que la cosecha se perfila como excelente, ya que esto significa que faltará uva.

Por lo pronto, aseveró que la producción será menor no sólo por las bajas temperaturas sino porque este año se han reducido las hectáreas cultivadas con viñedos en el Valle de Uco. Se debe sumar la pérdida promedio de 10 a 15% anual por granizo.

El titular de la específica de Agricultura de la Cámara de Comercio, Industria y Agropecuaria de San Rafael, Claudio Manrique, señaló que en algunas zonas el cultivo de la vid tenía un brote de alrededor de 5 centímetros. Añadió que en Calle Larga, Cañada Seca, Atuel Norte y Real del Padre ha sido significativa la helada, mientras en la zona de Las Paredes no tanto. Pero señaló que muchos viñedos están aún con yema hinchada, por lo que, si bien el yemario puede estar dañado, no se aprecia hoy.

En cuando a los ciruelos, mencionó que en Las Paredes no se percibe daño; en Cuadro Benegas ha habido algunos sectores afectados, y en Calle Larga, Cañada Seca y Atuel Norte se han producido daños importantes. De todos modos, indicó que recién se podrá medir en noviembre, cuando se vea lo que queda realmente, después de la floración y el cuaje.

Manrique indicó que todos los años se producen temperaturas bajo cero en primavera, porque entran masas de aire del sur y no hay ninguna barrera topográfica. Por suerte, el fin de semana pasado había llovido y eso contribuyó a que el daño fuera menor. “Hasta el Día de Todos los Santos, dicen los productores viejos, hay peligro de heladas tardías”, comentó.

Pero planteó que las pérdidas se suman a la crisis económica, que el precio del vino, si bien se viene recuperando, está lejos de ser rentable, y que ni el durazno ni la ciruela otorgan márgenes amplios. De hecho, con esta última, como la cosecha del año pasado había sido baja, había buenas expectativas de mercado, que podrían truncarse con este evento.

Belén Bobadilla, productora, viverista e integrante de la Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Turismo de Tunuyán, manifestó que no hay un método para cuantificar los daños aunque, si han sido severos, se perciben a las 48 horas. De hecho, desde la entidad se ha propuesto acordar una metodología para que cada productor pueda dimensionar la afectación por heladas. “Que nos ha afectado es seguro. Sobre todo, en las partes más frías”, aseveró. Aunque añadió que muchas veces el efecto se nota en los meses posteriores porque el daño es interno en la yema.

En Vista Flores y Colonia Las Rosas han tenido seis heladas en lo que va del año, sobre todo en aquellas fincas que se ubican en partes bajas. Es que el fruto cuajado, indicó, tolera - 1,1° a -1,8°, dependiendo de la especie, la variedad y el estado fenológico del frutal.

Seguimiento

Cada año, entre el 1 de setiembre y el 15 de noviembre, la provincia se encuentra en alerta por la posibilidad de heladas tardías; es decir, las que se producen cuando la planta, ante la llegada de temperaturas más elevadas, empieza a activarse después del invierno y se pueden producir daños con registros bajo cero.

Durante este mes y medio, la Dirección de Contingencias Climáticas realiza un monitoreo continuo de las temperaturas y emite alertas por posibilidad de que se produzcan heladas, y el Instituto de Desarrollo Rural desarrolla un monitoreo de la evolución fenológica –el estado de avance de la brotación, floración y el cuajede los principales frutales que se cultivan en la provincia.

Mariana Cantaloube, técnica del área de Información Estratégica del IDR, explicó que se analiza la evolución de las especies más significativas en cuanto al valor económico y la superficie cultivada. En rasgos generales, este año hubo un atraso de 10 días con respecto a la floración de 2019 y la mayoría de los frutales de carozo –con excepción de la cereza, que se encuentra en floración- están en cuaje, con pequeñas diferencias según la zona. Los frutales de pepita, en cambio, están en plena floración e inicio de cuaje.

La técnica detalló que, en este estadío, al ya haber actividad acuosa dentro de las células, soportan temperaturas menos bajas que una flor. Y si bien los registros no fueron tan bajos como en setiembre de 2019, el año pasado habían cuajado algunas variedades, como el durazno en fresco, mientas ahora todos los frutales de carozo están con fruto cuajado, lo que las vuelve más vulnerables.

Cantaloube explicó que las yemas de los frutales se forman en la temporada anterior, por lo que, si se cae, se pierde la producción; lo que se verá en unos 7 a 10 días. En cambio, con la vid, se pueden abrir las yemas secundarias, pero no tienen la misma fertilidad que las primarias.

El nivel de daño que puede causar una helada tardía, planteó, varía mucho de una planta a otra, ya que la temperatura crítica a la cual los diferentes órganos vegetales son perjudicados, difiere según las especies y variedades. La afectación también depende, señaló, de la intensidad y duración del evento y del nivel de disminución de la temperatura.

En una consulta con productores de durazno para industria del Valle de Uco le comentaron que, en Agua Amarga y Villa Seca, donde se concentra la producción, llegaron a tener -2° a partir de las 5, por lo que fue más cerca de la mañana. De ahí que estimen poco daño y que no se van a ahorrar el raleo, aunque algunas variedades se verán más afectadas. Con respecto a la ciruela para industria, que se cultiva sobre todo en el Sur, se encontraba en estado de caída de pétalo, por lo que tampoco anticipan pérdidas importantes, detalló Cantaloube.

Típica en primavera

Aunque se considera que las heladas tardías son una contingencia, Javier Chaar, ingeniero agrónomo de la Agencia de Extensión Rural del INTA Guaymallén, consideró que, en realidad, se trata de una característica climática de la región, ya que casi todos los años se producen, con mayor o menor intensidad. De ahí que se constituya en una variable de las que más impactan en la reducción de la producción.

Si bien hay fechas en las que algunas especies o variedades, que florecen más tarde, pueden escapar a la helada tardía, en este momento del año, indicó, no hay ninguna que tolere bien las temperaturas bajas extremas, por lo que lo que importa es qué tan bajos son los registros en cada lugar.

Es que a medida que avanza la temporada, se reduce el riesgo de heladas, pero baja también la tolerancia, ya que se va reduciendo entre flor abierta (-2,8°) y fruto cuajado (-1,8°). Chaar detalló que el contenido de agua de la yema en reposo, en pleno invierno, es mínimo y la presencia de solutos en el líquido disminuyen el punto de congelación varios grados por debajo del agua pura.

En cambio, el fruto cuajado tiene un alto contenido acuoso. El frío provoca que el agua migre desde las células hacia los espacios intercelulares y el tejido muere por deshidratación. Como esto sucede con altas temperaturas, el daño en estos casos se aprecia a las pocas horas, con el color oscuro que evidencia la muerte celular.