sábado 26 de septiembre de 2020

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Quinn Ackerman quiere llegar a esa casa de altos estudios porque allí estudió su difundo padre, por lo que no le da lo mismo un lugar que otro.
Espectáculos

“Work it” en Netflix: los adolescentes merecen películas mejores

La última aventura coreográfica de la plataforma es un bodrio chato, lineal y descolorido. Intentó tomar vuelo con sus números musicales, pero el presupuesto no alcanzó.

Quinn Ackerman quiere llegar a esa casa de altos estudios porque allí estudió su difundo padre, por lo que no le da lo mismo un lugar que otro.
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Una adolescente soñó toda su vida con entrar a una universidad. Estudió para tener notas altas, hizo voluntariados, entrenó su simpatía, aprendió a tocar el chelo. Pero cuando va a la entrevista para entrar en la Duke University, no es suficiente... Ninguna de estas “habilidades” convence a la entrevistadora. Quinn Ackerman, que así se llama la muchacha, quiere llegar a esa casa de altos estudios porque allí estudió su difundo padre, por lo que no le da lo mismo un lugar que otro.

Dispuesta a todo, le miente a la entrevistadora y le dice que también sabe bailar, y que incluso forma parte de los Thunderbirds, un grupo de baile de gran prestigio. Desde entonces Quinn, interpretada por la ex-chica Disney Sabrina Carpenter, se esforzará por formar un grupo de baile propio y demostrar a los otros, y a ella misma, que también puede hacer las coreografías más esforzadas. En el medio de ese “sueño”, se dará cuenta de que el chico que la ayuda a entrenar, que es además un bailarín inactivo por una lesión, irá ganando espacio en su corazón.

Okey: eso es “Work it: Al ritmo de los sueños”, una de las películas más vistas de Netflix Latinoamérica. Pero si creían que lo ridículo de la situación solo era el hecho de que saber bailar definiera entrar o no a la universidad, esperen a ver el resto de esta catarata de frases hechas y personajes huecos. Una películas que, además, tiene una linealidad que desespera. Claro, que un bodrio así justifique su mediocridad autodenominándose “película para adolescentes” solo es un insulto para los adolescentes, que sin dudas tienen la sensibilidad para consumir cosas mejores (la serie “Normal People” lo demuestra).

Lo único bueno de “Work it” son las coreografías, y ni siquiera tanto, porque allí es donde se nota más el modesto presupuesto. Entre los números musicales (de Dua Lipa, de Hannah Georgas, etcétera) se va moviendo el mensaje, que es el siguiente: “solo esforzándote duro dejarás de ser un perdedor”. Y sería una enseñanza hermosa, si no significara que en esta película los perdedores son los nerds, los gordos, los discapacitados y los-que-no-saben-bailan.

La verdad es que hay decenas de películas de baile muy bien logradas y súper inspiradoras para ver. Por qué alguien elegiría dedicarle una hora y media de su vida a este filme, y cómo es que los usuarios de Netflix la han puesto entre las cosas más vistas de la semana, son verdaderos misterios de internet.