domingo 29 de noviembre de 2020

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Espectáculos

“Puertos”: cómo es el disco del mendocino Emilio Solla que ganó un Latin Grammy

Se trata del álbum más importante y ambicioso del pianista radicado en Nueva York. Un gran homenaje al multiculturalismo de los puertos, que ondea entre los polos magnéticos del jazz y el tango.

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El mendocino Emilio Solla, radicado en Nueva York, acaba de ganar su primer Latin Grammy en la categoría de Mejor Álbum de Jazz Latino. Pianista, compositor, estudioso, logró ese reconocimiento después de haber sido nominado anteriormente dos veces a los mismos premios en su edición estadounidense.

El jueves, se alzó con el brillante gramófono por su disco “Puertos: Music from International Waters”, un material excepcional, al que -en la conversación que tuvo con Los Andes, publicada el sábado 10 de octubre- ya definía como el más ambicioso de su carrera.

Ambicioso no solamente por la presencia de la Tango Jazz Orchestra, esa big band de 17 instrumentistas que formó hace pocos meses y con la que ya se pasea por escenarios míticos de la Gran Manzana como el Birdland. Ambicioso también porque intenta expandirse más allá de la música y enunciar, a través de ese mapa de sonidos desbordantes, las raíces sociológicas que hacen que una música sea posible. Nos dice así también que el jazz, uno de los géneros más abstractos, en realidad habla de nuestra historia.

La música portuaria quizás sea el mejor crisol donde se plasma la cruza, la falta de pureza en el arte. Y hacia esa música zarpa Solla con su orquesta, formada por muchos virtuosos multiinstrumentistas, trazando una aventura que empieza en Buenos Aires, pasa por Montevideo, salta a Benguela, a Cádiz, a Cartagena, La Habana, Nueva Orleans y termina en Nueva York. Casi su propia historia: formado en nuestra capital porteña, durante el menemismo decidió levantar ancla y emigrar. Estuvo en Barcelona y después recaló en Nueva York, donde actualmente trabaja.

“Puertos”, que puede escucharse en plataformas como Spotify, YouTube Music y Deezer, no solo dice que la fusión de estilos, eso en apariencia tan de vanguardia, existió siempre en la historia: también dice que el multiculturalismo y la inmigración son parte de nosotros mismos. Cuando diferentes “otros” se ven la cara, surgen cosas hermosas.

Como el tango: esa es la primera “posibilidad infinita”, a decir de Leopoldo Marechal, que articula el sentimiento de Solla a la hora de tocar. Después, sumó el jazz, otro lenguaje universal. De esta dialéctica se expande todo en su obra, como lo demuestra este disco, que -como los puertos mismos- abarca todo: música para bailar, para cavilar, para apasionarse, para hipnotizarse ante un solo, para cerrar los ojos, para contemplar o para suspirar ante una sucesión de hondos acordes solemnes.

Sol La, Al Sol” (a La Habana) abre el disco con unos staccati simpáticos, que van aumentando en capas y propulsión, alternando entre una fiesta de mambo y un clima ondulante, como si las maderas imitaran las olas que golpean en las piedras de alguna escollera.

Llegará, llegará, llegará” (a Montevideo) articula desde el mismo título un sentimiento de nostalgia, en el que el piano llevará el pulso. Si en los puertos existe “saudade”, ese inexplicable sentimiento que une sensación de pérdida con una extraña felicidad, esta pieza la explica bien, con sus melodías movedizas, su estimulante percusión esos comentarios virtuosos del piano de Arturo O’Farrill.

Chakafrik” va hacia el puerto de Benguela, donde antiguamente se comerció con esclavos. “La Novena”, su evocación de Buenos Aires, es un regreso descarnado a lo nostálgico, con el color del bandoneón.

Four For Miles” une el sonido Davis con un dejo piazzolliano, que se explica si recordamos que Nueva York, la evocación de la pieza, modeló el temperamento del gran Astor. Se expande a lo largo de más de diez minutos y es, además, el punto neurálgico del disco.

Allegrón”, dedicada a Cartagena, incorpora la bella arpa de Edmar Catañeda, que se asienta en una base folclórica de bombo legüero. “Andan luces” está dedicado a Cádiz.

Buenos Aires Blues”, la última pieza, está en realidad dedicada a Nueva Orleans. Es una composición poderosa, llena de capas de ritmos y alocuciones virtuosas de los metales. Por momentos va hacia la costa del Río de la Plata, como promete el título: más precisamente, va hacia Astor Piazzolla, que es el polo magnético que tracciona constantemente hacia el tango, aunque el ensamble siempre volverá, para perderse, cada vez con mayor firmeza, en el movimiento sensual del blues.

“Puertos” es un disco profundo, ambicioso y en muchos aspectos perfectos. ¿Faltas? Pues más de uno se ha preguntado por qué Lisboa, el otro puerto crucial de Occidente, no está presente. Solla confesó a este periodista que había sido educado sentimentalmente en el tango y el jazz, por lo que prefirió moverse en la geografía que le marcase la evolución de esos géneros. Una respuesta convincente para un disco tan redondo, tan bien pensado y, a partir de ahora, inscripto en la historia de la música.

La banda

Alejandro Avilés (flauta), Todd Bashore (flautas, clarinete), Tim Armacost (saxo tenor, flauta alta, clarinete), John Ellis (saxo tenor, saxo soprano, clarinete, flauta), Terry Goss (saxo barítono, clarinete bajo), Alex Norris (trompeta, fliscorno), Jim Seeley (trompeta, fliscorno), Jonathan Powell (trompeta, fliscorno), Noah Bless (trombón), Mike Fahie (trombón), Eric Miller (trombón), James Rodgers (trombón bajo), Julien Labro (bandoneón, acordeón), Pablo Aslan (bajo), Ferenc Nemeth (batería) y Emilio Solla (piano y dirección). Invitados: Samuel Torres (congas), Arturo Prendez (percusión), Franco Pina (bombo legüero), Arturo O’Farrill (piano) y Edmar Casteneda (arpa).