sábado 5 de diciembre de 2020

Espectáculos

Para maratonear: la saga de “Rocky” se sube al cuadrilátero de Netflix

Desde hoy las ocho películas del boxeador más famoso ensanchan el catálogo de la plataforma. Cómo nació y cómo evolucionó, a lo largo de 42 años, uno de los personajes más icónicos del cine.

Los usuarios de Netflix están felices. Desde hoy, en lo que ya es una evidente carrera armamentística contra la inminente llegada de Disney+ el 17 de noviembre, dejará disponibles todas las películas de Rocky Balboa, incluyendo los dos spin-off: “Rocky” (1976), “Rocky II” (1979), “Rocky III” (1982), “Rocky IV” (1985), “Rocky V” (1990), “Rocky Balboa” (2006), “Creed” (2015) y “Creed II” (2018).

No hay ni que explicar la atracción que suscitará entre los clics ociosos. Si fue un fenómeno la secuela que produjo YouTube sobre “Karate Kid”, “Cobra Kai”, hay que imaginar la voracidad con la que varias generaciones consumirán las 15 horas de esta odisea pugilística.

La saga de Rocky es una de las más icónicas del cine. Y una de las más exitosas: durante unos 42 años, ya ha recaudado unos 1.657 millones de dólares sumando todas sus películas. Una cifra impresionante, si caemos en la cuenta de que nunca fueron películas de grandes presupuestos (la primera apenas superó el millón, y entre todas suman 204, que es el costo promedio de un blockbuster).

Al frente de cada película siempre estuvo Sylvester Stallone (74): actor rudo, director convincente, guionista suspicaz y productor con ojo. En definitiva, alguien que siempre supo dónde había una buena historia taquillera (que sea también la cara de otra saga memorable como la de Rambo lo demuestra).

Pocos saben que Michael Sylvester Gardenzio Stallone, de origen italiano, tuvo que pasar por papeles secundarios de poca importancia y hasta por una película de porno-soft para hacerse el lugar que merecía en la industria. Un lugar que se ganó casi de la noche a la mañana.

Hay fecha: el 24 de marzo de 1975 vio una pelea entre Chuck Wepner, un desconocido boxeador, y Muhammad Ali, que ya se coronaba con aires de leyenda. La épica de una batalla esforzada y llena de sangre; de una pelea que Ali creía pan comido y termina convirtiéndose en un alegato de honor y dignidad deportiva hasta lo último, le dio la idea de base a Stallone.

Había que hacer una película sobre el ascenso en el ring de un hombre común y corriente, boxeador de décima categoría que se distinguiera por su nobleza y su moral intacta; que enseñara que en el deporte se puede perder y ser un ídolo igual. Alguien que llevara el “Sueño americano” a las ligas pugilísticas. Con unas pocas ideas más, esbozadas en un guion que boceteó en tres días, Rocky Balboa había nacido.

Le vendió la idea a los productores Irwin Winkler y Robert Chartoff bajo la condición de que él fuera quien interpretara al “Semental italiano”. John G. Avildsen dirigió la contienda ( y muy bien).

Pocos meses después, el 28 de marzo de 1977, Sylvester Stallone estaba sentado en el Dorothy Chandler Pavilion de Los Ángeles, en la 49° entrega de los Oscar, nominado como Mejor Actor y como mejor guionista de una historia original. La película logró diez candidaturas y, pese a que él no ganó ninguna de las propias, “Rocky” se hizo de tres, incluyendo la de Mejor Película del 76′, eclipsando a “Taxi Driver” y “Todos los hombres del presidente".

El más humano

La maratón -que será obligada en muchas familias- nos dará la posibilidad de ver a Rocky Balboa como un personaje que se hizo cada vez más humano a través del tiempo. El primer punto de esa humanidad descarnada es, muchos recordarán, el momento en el que se declara a Apollo Creed vencedor. En la vida real no hay fanservice, nos dijo Stallone.

En “Rocky II” (1979) llegaría la revancha. Un Apollo que continúa retándolo, una economía familiar por el suelo (Adriana, a quien conoce en la primera película, ahora es su esposa y queda embarazada) y la incertidumbre laboral después de que lo echaran de un frigorífico, lo llevan a desaconsejar a los médicos que le habían alertado de que por las lesiones de esa mítica pelea debería alejarse del boxeo. Se sube al ring otra vez, y la pelea también es al límite: Rocky gana, al lograr ponerse de pie después de que quedaran ambos deshechos a golpes. Abajo del cuadrilátero, donde los códigos son otros, ambos terminarán forjando una memorable amistad.

En “Rocky III” (1982) el rival es otro: James Lang. Y en “Rocky IV” (1985) irrumpe una verdadera máquina de matar como contrincante: el ruso Iván Drago, una personificación propagandística de un comunismo brutal y caricaturesco (algo que no ha cambiado mucho). No por nada sus entrenadores son rusos y cubanos. Pero a la mole rubia, temible por su estatura y su ceño de robot invencible, se suma un costado sentimental.

Es que Drago mata despiadadamente en el ring a su amigo Apollo. Esta vez, la pelea, que será también una venganza, se hará en la URSS.

Rocky se enfrenta a Iván Drago.

Para “Rocky V” (1990) el universo del semental de Filadelfia ya había perdido mística, a lo que se sumó en el arco de este personaje un giro algo vil: ¿cómo iba a terminar a las trompadas en la calle con un discípulo? La taquilla fue un fracaso, un knockout inesperado, que llenó a Stallone del deseo de redimir alguna vez a su personaje. El intento, tras sucesivas negativas de los productores, llegó nada menos que 16 años después con “Rocky Balboa”.

“Debo decir que mi mejor personaje, por supuesto, es Rocky, pero la película que más me gusta y enorgullece es Rocky Balboa, simplemente porque nadie quería hacerla. Estuve sentado durante seis años tratando de filmar esa película y cuando salió, estuve muy feliz y orgulloso de todo”, dijo alguna vez sobre ella el actor. Ese Rocky con las cejas caídas, viudo, golpeado más por el paso del tiempo que por el deporte que le dio los momentos más gloriosos de su vida, enterneció el corazón de las masas.

Casi naturalmente, este Rocky “mayor” se transformó en “Creed: Corazón de campeón” y “Creed II: Defendiendo el legado” en una roca nostálgica, solitaria y reflexiva. Como entrenador de Adonis Creed (Michael B. Jordan), hijo del que fue su gran rival y después gran amigo, Rocky está en el final de su vida, dispuesto a entregar los guantes a futuras ilusiones, a peleas que él ya no verá. En el traspaso generacional pone toda su sabiduría.