Espectáculos Martes, 17 de junio de 2014 | Edición impresa

Buena opción contra la soledad

La especialista Adriana Guraieb recuerda que proteger a un animal permite no sólo tener compañía, sino también canalizar afectos y es un motivo para salir de la casa.

Por LIV

Adriana Guraieb es psicoanalista y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina y de la Asociación Psicoanalítica Internacional. 

Autora del artículo “La vida es mejor con una mascota”, asegura en él que una mascota es “un poderoso antídoto contra la soledad” y recuerda que “en algunos países no les llaman ‘mascotas’, sino ‘animales de compañía’”. Afirma que “las bondades” de adoptar un animal “son múltiples”.

–¿Qué sucede en los pacientes antes y después de tener un animal?

–Se observa un cambio muy notable, se ve en la sonrisa, se sienten esperados, queridos, necesitados, sea cual fuera su edad. Pueden ser púberes, mujeres de 50 años, ancianos solos. Se les ilumina la cara cuando hablan de sus mascotas.

–¿Es sano que las personas traten a los animales como niños?

–Hay personas que reemplazan, llenan un vacío y despliegan la función materna o paterna en primer lugar con una mascota. El animal cumple esa función, porque quien lo tiene se está probando para ver si puede hacerse cargo de un ser más desvalido, más chiquito. 

Adquieren más confianza en que van a ser capaces de hacerse cargo de otro ser y cuando viene el hijo pueden cambiar el trato con el animal. Eso no es sano, sobre todo para la mascota. Lo importante es que tengan mucha conciencia de que los animales son muy sensibles. Hay que tener mucho cuidado con eso y no hacer desplazamientos tan tajantes. Se recomienda ir preparando a la mascota porque el advenimiento de una criatura va a significar que pase a un segundo plano.

–¿Todos pueden ser responsables de cuidar a otro ser o hay personas a las que no lo recomendaría?

–No lo recomendaría a las personas que están muy centradas en ellas. Una mascota es un miembro de la familia. Requiere atención diaria, gratitud, amor diario. Si el dueño está mal, lejos de salir corriendo, la mascota se acerca, se sienta al lado, lo mira, lo acaricia. Tienen un registro de sensibilidad del que tendríamos mucho que aprender.

–¿Es recomendable para reconfortar a una persona que está sufriendo?

–Absolutamente. Y ni qué decir si esa persona entró en una tercera edad y está sola, con el nido vacío y con su compañera o el compañero que ya partió. Permite evitar el aislamiento y la depresión, que es un cuadro muy importante en la vejez. Tener una mascota estimula a salir a comprarle comida, juguetitos, sacarlo a pasear, asearlo, peinarlo. A la mascota no le importa si su dueño es viejo, joven, pobre, atlético o no. Responde al amor, al afecto.

–¿Qué sucede cuando se le atribuyen cualidades humanas a un animal, como en el caso de personas que lo visten, les ponen joyas o le dan asiento en una mesa?

–Lo que he observado en mi consultorio es que si una persona no desea un hijo, porque le quita demasiado tiempo o porque es inmadura, porque no está preparada, o por la razón que fuere, una mascota es menos exigente, requiere menores cuidados. Hay personas que no están preparadas o no tienen la vocación necesaria para hacerse cargo de un hijo y entonces expresan el afecto y su caudal de ternura en una mascota.

–¿Y si la mascota genera alguna frustración? Por ejemplo, porque desarrolla afecto sólo por otro miembro de la familia

–Las mascotas son como los niños y los locos: no mienten. En Milán nació una escuela especializada en terapias familiares. Cuando una familia disfuncional solicita tratamiento, los especialistas preguntan si tienen mascota y piden que la lleven a la primera entrevista, porque su comportamiento es un indicador diagnóstico.