martes 11 de mayo de2021

Norma Aleandro: los 85 años de la dama del cine argentino
Espectáculos

Norma Aleandro: los 85 años de la dama del cine argentino

Los hitos de su carrera y las nuevas facetas que dio a conocer el último año, haciendo podcasts y publicando un libro con sus dibujos.

Norma Aleandro: los 85 años de la dama del cine argentino

A su carrera, nunca la vio como una carrera. Con tesón y humildad, Norma Aleandro trató de ir haciéndola cada vez un poco mejor. Así llegó a tener al día de hoy, en el que cumple 85 años, una de las trayectorias más veneradas e inabarcables de Latinoamérica. Hizo casi de todo. Y todo lo hizo bien.

Me dio muchísimas cosas”, dijo en una entrevista que dio hace unos meses, “por ejemplo el conocimiento que te pueden dar los autores contándote historias. [La actuación] ayuda mucho a entender al ser humano y por lo tanto a vos mismo. Te tenés que poner en lugar de otra gente que tiene costumbres muy diferentes, que tiene amores y odios muy distintos a los tuyos, eso te ayuda a la empatía con el otro ser humano que tenés al lado”.

Debutó con pocos años en una situación algo traumática: le tocó reemplazar de último momento a una niña actriz, subió al escenario y vio a su madre, María Luisa Robledo, desmayarse. Una forma dura de aprender la distinción entre ficción y realidad. De hecho ella y su papá, Pedro Aleandro, reconocidos artistas, la iniciaron en el mundo de la actuación.

Aleandro es, lo que se dice, una primera actriz. Una actriz de podio, de Olimpo. Tiene nominaciones al Oscar, a los Globos de Oro y estatuillas del Donatello, de Cannes, de San Sebastián, Cóndores de Plata, Martín Fierro a montones, entre otros.

Norma Aleandro y Alfredo Alcón en 'Escenas de la vida conyugal' (Fotografía de archivo de La Voz del Interior).

De todos sus personajes, hay uno que le trajo más reconocimientos y más desafíos profesionales. Nos referimos a cuando le tocó interpretar a Alicia Marnet en “La historia oficial” (en Netflix), esa profesora de historia que descubre que su hija adoptiva, Gaby, fue en realidad apropiada por su marido en la última Dictadura, sin que ella lo supiera.

Reconocimientos: nada menos que el primer Oscar a Mejor Película Extranjera que llegó a nuestro país, en 1985, además de ser Mejor Actriz en el Festival de Cannes. Desafíos profesionales: animarse a filmarla cuando todavía la Dictadura tenía abiertas sus garras, lo que significó que ella y sus colegas como el director Luis Puenzo (por estos días presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) y el enorme Héctor Alterio tuvieran que rodar clandestinamente y con mucho miedo. Siempre dice que fue una película que hizo como ciudadana, no como actriz.

Y si ese año ya había llamado la atención de la Academia, en 1987 se consagró como una de las mejores actrices del mundo al ser nominada en la categoría de Mejor Actriz de Reparto por el filme “Gaby: A True Story”, junto a nada menos que Liv Ullmann, la musa de Ingmar Bergman. Y si se trata de actores internacionales, también actuó junto a Lee Remick y Anthony Hopkins, el último ganador del Oscar a Mejor Actor. En ese Olimpo habita Aleandro, que vive discretamente pintando y escribiendo en su casa de Belgrano (CABA).

Su carrera la sostienen más de 40 películas, entre las que hay algunas mega taquilleras como “El hijo de la novia”, e innumerables obras de teatro, una pasión que no abandonó nunca. Sin ir más lejos, antes de la pandemia iba a estrenar “Mi abuela, la loca”, dirigida por Claudio Tolcachir. Iba a ser en mayo y la entusiasmaba estar en el escenario junto a Oscar Martínez, con quien nunca había trabajado. Ahora, un año después, todavía es un proyecto entre la neblina.

El oscar. Norma Aleandro y Luis Puenzo lo reciben por “La historia oficial” (La Voz/Archivo).

Ella se reconoce como una mujer hogareña, por lo que los días de cuarentena fueron la ocasión para dedicarse a otras cosas que le gustan mucho, como leer, escribir y pintar. Vive junto a su esposo, el psicoanalista Eduardo Le Poole (llevan casi 40 años juntos) y con dos perras y dos gatas, en una rutina que durante los últimos meses incluyó sesiones telefónicas por parte de él (así se “reconvirtieron” muchos psicólogos) y una explosión de creatividad por parte de ella: al punto de que, en medio del confinamiento general, ella siguió derramando su talento en podcasts y dibujos.

Contaba el año pasado a Infobae: “No nos aburrimos mucho con mi marido porque no somos muy salidores. Entonces no extraño ir al teatro, al cine, no. Veo en casa cine o series, a la noche tarde, pero en el día cada uno hace sus actividades. Él, por ejemplo, atiende a sus pacientes de manera virtual, yo pinto o escribo algo o trato de ordenar, eso ya es algo muy loco para mí porque me cuesta mucho ordenar, me lleva tiempo. Así que tanto no extrañamos”.

En julio, estrenó sus podcasts en Film&Arts, entrando así -por la puerta grande- a uno de los formatos de entretenimiento más difundidos de este siglo. Cuarenta episodios, todos imperdibles, que pueden verse (y escucharse) en la página de esa señal bajo el nombre de “Norma en la nube”. En esa amalgama hermosa entre intérprete oscarizada y abuela cuentacuentos la conocemos en una faceta que solo conocían sus fans más fieles: la Norma Aleandro escritora.

Fue Iván Ferrigno, su nieto, quien descubrió los textos de casualidad y la motivó para que los diera a conocer en ese formato. Aleandro ya había publicado (sin ningún tipo de promoción o autobombo) “Poemas y cuentos de Aténazor”, “Los chicos quieren entrar: en un acto, con música y cuatro generaciones en escena”, “Diario secreto”, “Puertos lejanos” y “De rigurosa etiqueta y otras obras”. Pero esto era algo nuevo, algo inexplorado.

Su nieto también fue quien se encargó de formar el equipo para producir “Norma en la nube”, que después adquirió Film&Arts para difundirlo y que también abrió un camino, puesto que este año la gran Graciela Borges se animó a hacer los suyos en la misma señal. Solo que, en lugar de sus escritos, cuenta anécdotas de su propia carrera.

Son cuarenta de los más de cien cuentos que Aleandro tiene escritos, que varían estructura, inspiración, temática. “Con la blusa al revés”, escrito durante el exilio, es uno de sus favoritos.

Pocos meses después, la editorial Fera publicó “Confieso que pinto” ($1990), una colección de los que ella llama, cariñosamente, sus “dibujitos”. Son 96 páginas en las que da a conocer su secreto mejor guardado, que son los trazos que suele hacer en su tiempo libre, muchas veces como regalo a sus amigos más cercanos. Pueden ser en óleo o birome, con pincel o puntillismo, con mujeres o gatos. Todos nacen de un rapto de inspiración pura. Ella dice que simplemente son dibujos que le llegan de “alguna parte”. Además, los apunta con reflexiones y breves poemas.

Una porción pequeña de esas “obritas”, que viene haciendo desde siempre pero que nunca se había animado a publicar, las expondrá en vivo cuando pase la pandemia y la cultura vuelva a florecer.