sábado 24 de octubre de 2020

Espectáculos

Nada es sagrado: Vicky Xipolitakis pasó de regalar dólares en Nueva York a mendigar calditos para sopa

La insólita cantidad de pedidos de canje que se difundieron en los últimos días, más que preocupar, llenaron de bronca a los argentinos. La cara desconocida de una griega calculadora, prepotente y maliciosa. 

Lejanos, lejanísimos, son los días en los que Vicky Xipolitakis se hacía vestidos de billetes verdes y salía a regalarlos por el subte de Nueva York. Una postal de otro universo parece cuando, para festejarle el primer año de vida a su hijo Salvador Uriel, le mandó a hacer una torta de 12 pisos.

Por estas horas, Vicky es la famosa más atacada por la gente. “Qué caradura esta mujer”, “Es patética”, “Qué carroñera esta mina”, “¡Es una cararrota!”, son algunos, los más suavecitos, de los miles de comentarios que han inundado las redes. ¿Qué hizo Vicky para merecer tanto odio? Canjear, canjear y canjear.

La verdad es que ni cuando piloteó a escondidas un avión generó tanta bronca en la gente como ahora, que salieron a la luz sus increíbles pedidos de canje, en los que trata con soberbia, desagradecimiento y hasta maltrato a una infinidad de comercios. Y lo que molestó en la ex esposa del millonario empresario Javier Naselli no fue solo la exigencia, desproporcionada al servicio “publicitario” que ella ofrece en Instagram (1,2 millones de personas la siguen), sino la prepotencia y el cinismo de los mensajes, en los que intenta manipular diciendo que, si no le envían muchos productos, ella no puede hacer nada.

Vicky cuenta que tiene marcas que la han llenado de ropa, comidas, tecnologías, muebles y hasta de artefactos de iluminación. Pero lo que ella quiere son otras cosas: a una tienda de electrodomésticos y tecnología, por ejemplo, pidió un frigobar, porque necesitaba un lugar donde guardar toda la comida que le regalan y no quiere tirar; y también mangueó un televisor con una pantalla de, al menos, 40 pulgadas. Ambas cosas las necesitaba, remarcaba, ¡con urgencia!

Con otro local la experiencia fue peor, pues se quedó disconforme con lo que le enviaron y lo hizo saber. “Te soy sincera, me llegaron las cositas pero me cuesta mucho agradecerte, porque no es lo que habíamos hablado. Es muy poquitito”, dijo, antes de enumerar los felpudos, posavasos, tazas y mantelitos que le habían enviado desde una marca pequeña.

Pero hay más. Pidió canjes en restaurantes, en una fábrica de pastas, una librería, una pastelería y hasta una tienda de ropas con la que quiso canjear varias cosas para regalarle a su papá en su día. Enfatizó en que tenían que ser “muchas cosas” para que se notara la marca pero sin mencionarla, porque ella ya hace publicidad de otras marcas de ropa.

Pero lo que llamó más la atención fue la lista que le pidió a un almacén de Lanús (muy lejos de Recoleta, donde ella vive): queso untable, yogur, muchas leches, calditos para sopa, pan negro, galletitas dulces y saladas, fideos, agua baja en sodio, aceite, azúcar, arroz, atún, juguitos, pilas, pegamento, todo en muchas cantidades y, si le ponían onda al carrito, hasta una botella de champagne de 12 mil pesos.

¡¿Pero es que Vicky no puede pagar por todo eso?! Como si la pandemia no hubiera hecho estragos en la paciencia y en el bolsillo, nos enteramos de las actitudes desvergonzadas de Vicky. La crítica se enfocó, obviamente, en que hace todo esto sosteniendo un status de vida ficticio, porque vive en un piso de Recoleta con expensas carísimas.

Fue Mercedes Ninci quien aportó pruebas y aclaró el panorama sobre algunos ingresos y gastos que tiene la griega: “Ella está llorando pobrezas con el objetivo de conseguir un juicio por alimentos definitivos, porque el que tiene ahora, es uno por alimentos provisorios. Yo tengo el expediente, Javier Naselli, según el juez Lucas Pavón, que es quien tiene la causa: le da 50 mil por mes para alimentos, la mitad del alquiler, que cuesta 3.800 dólares, la mitad de las expensas, que son 50 mil, 4 mil de la prepaga, la luz, que paga una barbaridad, 35 mil 200 pesos, más 6 mil 400 de gas. Todo eso da una suma aproximada de 310 mil pesos mensuales”.

¿No es contradictorio mendigar calditos y pagar esas expensas? ¿Dónde está el glamour que Vicky vende en las redes, cuando solo puede brindar con champagne canjeado? ¿Realmente tiene necesidad o está sacando ventajas bastante inmorales en una situación tan difícil para los comerciantes? Preguntas retóricas. Lo importante es que los usuarios de internet reflexionen que los influencers son creados por ellos mismos. El poder de Vicky Xipolitakis se lo dio la gente.