sábado 26 de septiembre de 2020

La presentadora hizo su descargo en las redes.
Espectáculos

Nada es sagrado: Romina Malaspina y su lección sobre la obscenidad

¿Se puede marcar el límite de lo obsceno? ¿Qué hace que veamos la obscenidad solo en el cuerpo de las mujeres, cuando vivimos en un mundo incontrolablemente inmoral? ¿Por qué la "culocracia" en Tinelli causa aplausos y en un noticiero escándalo?

La presentadora hizo su descargo en las redes.

 El jueves pasado, las redes ardieron de cólera. Resulta que Romina Malaspina condujo la noche del martes el noticiero de Canal 26 con un top calado con el que se les traslucían sus tetas (y sí, perdónenme la honestidad conceptual). Habrá pensado, Romina, segundos antes de la emisión, y con sobrados fundamentos, que los televidentes argentinos tenían totalmente superada la idea de que los pechos de una mujer son obscenidad; sobre todo por la abundancia de tetas desnudas, sugeridas, maquilladas, traslucidas, bronceadas, operadas, adornadas y ostentosas que pueblan nuestra televisión cada dia. Pero se equivocó. Romina Malaspina calculó mal.

Las críticas le llovieron con furia. Y en el ojo de la tormenta no solo quedó ella, sino el canal de noticias y todos los que se encarnizaron defendiéndola. ¿La opinión generalizada? Que Romina Malaspina es una desubicada, una irrespetuosa, una obscena.

Sobre “obsceno-a”, la tan bien ponderada RAE dice: “Ofensivo al pudor o a la moral sexual. Hoy se emplea también con el sentido general de ‘escandaloso o repulsivo desde el punto de vista moral”. Es decir, es difícil establecer los límites de la obscenidad.

La supersticiosa ética del argentino

¿No resulta ilógico, entonces, que nos tiremos de los pelos por Malaspina y le dediquemos tanta discusión, cuando la materia de la televisión es la obscenidad en estado puro? ¿No es obscena la desigualdad que nos cuentan las noticias? ¿No es obsceno Instagram, con su apología del cuerpo perfecto y desnudo, y muchas escenas de novelas que se transmiten a la tarde, o a la noche? ¿No es obsceno que Dolores Barreiro quiera vender un tapabocas de seda a 13 mil pesos? ¿No es obsceno que Cristina Pérez quiera enseñarle la constitución a un Presidente que enseña la Constitución en la Universidad? ¿Y no es obsceno que “365 dni”, ese elogio del machismo y la trata, siga siendo la película más vista por los argentinos en Netflix?

No tiene sentido definir los límites de la obscenidad, porque interactuamos con ella y sus múltiples caras las 24 horas del día. Navegamos cotidianamente en el caudal de lo inmoral.

En uno de sus ensayos más famosos, Borges se preguntaba por ejemplo qué hacía que un lector elogiara la rima en la poesía y la criticara en la prosa, y concluyó bien claro: las intenciones del que lee. ¿Podríamos decir lo mismo de la televisión? ¡Obvio! Porque en esta polémica el problema no son los senos de Malaspina, sino las intenciones supuestamente informativas de los que querían ver el noticiero. En otras palabras: lo que molestó no fue la obscenidad, sino que sugiriera sus pechos en ese marco, como si los noticieros fueran el resguardo de la moralidad periodística. Y peor aún, molestó que Malaspina pusiera en ejercicio la obscenidad para verse bien ella misma frente a las cámaras, en lugar de ponerla al servicio de un hombre.

¿Porque qué hace que miremos con total naturalidad la cola de Sol Pérez, surcada por un hilito protocolar en Instagram a cualquier hora del día y que montemos en cólera si Malaspina, en un noticiero después de las 22, se pone un top traslúcido? ¿Será que nos ofendemos porque Malaspina está en un noticiero y no bamboleándolas en una coreografía del Bailando, programa que mide un rating infinitamente mayor que Canal 26? ¿Por qué la rabia contra las mujeres que marchan a tetas descubiertas en el Ni Una Menos y por qué la complacencia cuando esos pechos están en la película más vista de Netflix? ¿Por qué? Por las intenciones del que las mira. Es la supersticiosa, y totalmente retrógrada, ética del televidente.

Obvio que las opiniones se dividieron también entre las feministas de la tele. Mientras muchas la apoyaron, entre otras también causó bronca, porque la señal de información la habría estado “usando” para cosificar el cuerpo de las mujeres. Discusión válida también, aunque las más extremas la atacaron por lo bajo, diciendo que es una incompetente como conductora… En fin, esta polémica victoriana es la que entretuvo a muchos argentinos en la semana, mientras registramos más de mil casos de Covid-19 por día: ¿evasión o puritanismo?

En todo caso, la reflexión más concisa y certera la dio la misma Malaspina en su Twitter: “Todos escandalizados por ver una transparencia de tetas que encima estaban tapadas con pezoneras. Dejen de hacerse las mojigatas. Claro, es muy extraño ver el cuerpo de una mujer, ¿no? Mientras sigan viendo tetas cómo algo ‘anormal’ vamos a seguir para atrás. Evolucionen”.