“Mustang”: la conmovedora y excepcional película que acaba de estrenar Netflix

Matthias Schoenaerts interpreta a Roman Coleman en este filme extraordinario de Laure de Clermont-Tonnerre (foto: Focus Features)
Matthias Schoenaerts interpreta a Roman Coleman en este filme extraordinario de Laure de Clermont-Tonnerre (foto: Focus Features)

En el bolsón de estrenos que cada día trae la plataforma, se luce esta película hermosa y sensible sobre la relación entre un preso y un caballo. “Mustang” es la ópera prima de la francesa Laure de Clermont-Tonnerre que entró con esta película por la puerta grande a la industria cinematográfica.

“Mustang” arranca contándonos que quedan en el territorio estadounidense más de cien mil caballos cimarrones (“mustangs”), que forman parte del lejano y salvaje oeste, y que vagan por los campos de varios Estados de ese país.

El gobierno tiene con ellos varios planes: los arrea de tanto en tanto para ponerlos en corrales durante años, los mata o los entrega para un programa que consiste que los presos del país los adiestren para que se conviertan en animales para las fuerzas de seguridad.

Una historia inspiradora es "Mustang", por Netflix.
Una historia inspiradora es "Mustang", por Netflix.

Es un dato informativo pero también una metáfora, hasta filosófica, de lo que a continuación veremos: la historia de un preso y un caballo que, mutuamente, se rehabilitan, se recomponen, se amansan y pueden conectar con su emocionalidad y sus afectos. Y ese tránsito es duro, conmovedor, áspero como el corcel y el presidiario y a la vez hermosamente indómito.

Con esta primera vigorosa narración que es “Mustang”, la directora francesa Laure de Clermont-Tonnerre desató la sorpresa en la crítica internacional y se ganó varios premios prestigiosos: el Gotham a la Mejor Dirección Revelación, el Independet Spirit a la Mejor Ópera Prima (y también a mejor actor) y el Satellite Awards a la Mejor Ópera Prima. En resumidas cuentas: se instaló con buenos pergaminos en el mundo del cine.

Otra chica más que deja con la boca abierta a un sistema que, hasta hace un par de años, tenía en los hombres el peso de los blasones de autoría. Clermont-Tonnerre se suma así a las ya ilustres Chloé Zhao (“The rider”, “Nomadland”), Sian Heder (“CODA: señales del corazón”), Greta Gerwig (“Mujercitas”, “Lady Bird”, “Frances Ha”), Eliza Hittman (“I felt like love”, “Beach rats”, “Never, rarely, sometimes, always”), Marielle Heller (“Un buen día en el vecindario”), Rebecca Hall (“Claroscuro”), Claudia Llosa (“Distancia de rescate”, “La teta asustada”), Nadine Labacki (“Cafarnaúm”), Niki Caro (“La casa de la esperanza”), Lone Scherfig (“One day”, “Su mejor historia”), Julia Ducournau (“Crudo”, “Titane”), Emmerald Fennell (“Hermosa venganza”), Lucrecia Martel (“Zama”, “La mujer sin cabeza”, “La ciénaga”); y siguen las firmas. Muchas, cada vez más y muy notables.

Pero vamos a la película. “Mustang” es una coproducción entre Francia y Estados Unidos y está protagonizada por el belga Matthias Schoenaerts (“Metal y hueso”) y lo que entrega aquí este actor es deslumbrante. Prácticamente sin texto, solo los ojos y la expresión corporal, compone un personaje (Roman) de una fuerza atronadora: atravesado por el dolor y el espanto, sumergido en sí mismo hasta la desesperación, devastado, rudo, peligroso y frágil a la vez.

Aunque el mérito que tiene el actor es fruto de la generosidad de la directora. Es que Clermont-Tonnerre entiende a la perfección la historia que quiere contar y no se va en rodeos: primeros planos contundentes, una banda sonora ríspida o silente según se precise, la fotografía de Ruben Impens ilumina y oculta según la conveniencia de este guion que utiliza las palabras, los sonidos y la imagen con intención milimétrica.

Matthias Schoenaerts compone un personaje extraordinario en "Mustang".
Matthias Schoenaerts compone un personaje extraordinario en "Mustang".

No es fácil encontrar una película de tanta sensibilidad y humanismo en el universo de los dramas carcelarios, como es este. Pero aquí está la mirada de la mujer que narra, que repiensa al hombre y al animal en un mismo y compartido destino, que sabe cómo encuadrar en sus fotogramas ese asunto filosófico que es “la cárcel como depósito de lo que no queremos ver” y asemejarlo a esa cuadrilla de caballos cimarrones que no se dejan, que son también encerrados.

Sin embargo la película no es una alegoría vaga sobre asuntos abstractos. Esta narración tiene la sabiduría suficiente para contarnos una historia simple y directa, al tiempo que deja flotando todos los asuntos morales y humanos. Por eso cierra como empezó: con los datos sobre esos presos, esos caballos y ese programa de rehabilitación, que desató la idea de la trama.

Profundamente contemporánea en sus búsquedas poéticas y cinematográficas, el cine de esta realizadora francesa tiene sus filiaciones con Eliza Hittman (en la utilización de los primeros planos), con Chloé Zhao (en las panorámicas etéreas y significantes y esa profunda conexión entre realidad y ficción) o con Jane Campion en su última película “El poder del perro”. Pero aunque hay conexiones en las exploraciones narrativas, Clermont-Tonnerre tiene su propio modo ético y estético de pararse detrás de la cámara. Y es uno tan contundente, empático y excepcional que ya estás esperando la próxima.

La ficha

Mustang (“The mustang”, EE.UU./Francia, 2019, 96 min.). Género: Drama. Dirección: Laure de Clermont-Tonnerre. Guion: Mona Fastvold, Brock Norman Brock y Laure de Clermont-Tonnerre. Música: Jed Kurzel. Fotografía: Ruben Impens. Con: Matthias Schoenaerts, Jason Mitchell, Bruce Dern. Disponible en: Netflix. Nuestra calificación: Muy buena +

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