Francisco de Serra y Canals y el túnel trasandino en el siglo XIX

Uspallata. El sitio en que el catalán Francisco de Serra y Canals se instaló en 1770 para trabajar en sus minas.
Uspallata. El sitio en que el catalán Francisco de Serra y Canals se instaló en 1770 para trabajar en sus minas.

Francisco de Serra y Canals, a través de dos manuscritos elevados a la Corona española, se proponía realizar un aporte a la solución de los múltiples problemas que aquejaban a los territorios españoles de ultramar. Llegó a Mendoza en 1770 para trabajar en las minas de Uspallata.

Durante treinta años, años pletóricos de proyectos los más variados y de empresas mineras, viales, de aprovechamiento del suelo, de irrigación, etc. que demuestran a la par amplios conocimientos generales en diversas ramas de la ingeniería, extraordinaria capacidad de trabajo, habilidad en el dibujo y la planimetría, gran espíritu de lucha y gran fe en el porvenir de la tierra que lo ha acogido, luchará D. Francisco junto a su familia para labrarse un porvenir. La suerte, por lo general, le fue esquiva. Jorge Comadrán Ruiz

El siglo XVIII americano está considerado así como un período de expansión que se produjo en correspondencia con el desarrollo europeo. Sobre la base de la recuperación demográfica iniciada en el siglo XVII y el auge minero en algunas regiones se inició una etapa caracterizada por el desarrollo de la agricultura y el comercio interior y exterior. En el plano cultural también se denota la influencia del cambio de mentalidad característico de la Ilustración, una filosofía secular que abarcó dimensiones económicas, sociales, políticas y científicas de gran envergadura.

Estas nuevas ideas, en lo que a Cuyo se refiere, aparecen representadas por Francisco de Serra y Canals, “minero y azoguero” quien, a través de dos manuscritos elevados a la Corona española: El Celo del Español y el Indiano Instruido (1800), publicado por Jorge Comadrán en 1979, y El Perito incógnito y el Curioso aprovechado. Tratado de minería inédito del virreinato del Río de La Plata, publicado en 1999 por Iberoamericana-Vervuert (Edición de Edberto Acevedo), se proponía realizar un humilde aporte a la solución de algunos de los múltiples problemas que aquejaban a los territorios españoles de ultramar.

Serra y Canals había nacido en Barcelona en 1739; llegó a Mendoza en 1770 y se dedicó a la explotación de minas en la zona de Uspallata. En 1772, en ocasión de un levantamiento de indios “que puso en peligro incluso a la ciudad de Mendoza”, se ofreció como voluntario y el Cabildo le encargó la “limpieza y composición de las armas que estaban en pésimo estado y la habilitación de las milicias”, misión que “cumplió con la mayor eficacia”. Como señala Jorge Comadrán, “[s]e habían ya empezado a conocer la habilidad mecánica y capacidad de organización del inmigrante barcelonés” (1979: 10).

En 1774 compró 1.500 cuadras de tierra en el Valle de Uspallata y se dedicó al laboreo de las minas de oro y plata “Santa Margarita” y “Ballejos”. En la historia minera de Mendoza se destacan su temple y su aporte: “Don Serra Canals llevará a cabo muchas actividades en Mendoza, tanto en el campo de la minería como en otros sectores. En minería se destacará por su empuje, espíritu lírico y entusiasta que lo llevará proponer la creación de una ciudad en la villa de Uspallata ‘para la radicación de gente que se dedique al trabajo de las minas’” (13).

No fue solamente la minería el objeto de sus preocupaciones: entre sus emprendimientos se cuentan un puente sobre el Río Desaguadero y un proyecto para proveer de agua dulce “a la travesía de veinte y ocho leguas que median entre el mismo Río Desaguadero y el Río Tunuyán, la cual ocasionaba también alguna mortandad y mucha incomodidad por su aridez y falta de aguas”. También dio impulso al sentamiento poblacional en Uspallata. Además, luego de realizar un plano topográfico comparativo sobre el camino más conveniente para el tránsito de las carretas (el de la travesía, llamado “del medio”, que era el principal de Mendoza a Buenos Aires, pasando por San Luis, o el que corría al sur de este, llamado “de la Frontera o del Bebedero”), emprendió la realización de la obra, empresa que le ocasionó contratiempos y disgustos. Cabe destacar que los planos por él realizados constituyen aún hoy un documento de consulta importante para los estudiosos de distintos aspectos de nuestro territorio.

Hasta 1803 permaneció en Buenos Aires: luego es muy probable que, a partir de la muerte de su esposa, retornara a España, pues no existen nuevas noticias de él en Cuyo ni fecha cierta de su fallecimiento. Es tradición familiar que D. Francisco de Serra y Canals embarcó con destino a la Madre Patria en agosto de 1804, y que lo hizo en una nave de la misma expedición en que viajaba la familia de D. Diego de Alvear y Ponce de León. “Sabido es que dicha escuadra, compuesta de cuatro fragatas -’Medea’, ‘Fama’, ‘Mercedes’ y ‘Clara’- fue atacada el 5 de octubre de 1804 cerca de Cádiz por una escuadra inglesa, y que la ‘Mercedes’ se incendió y luego se hundió. En ese naufragio murió la esposa de D. Diego de Alvear y algunos de sus hijos, a más de otros pasajeros y tripulación. Nuestro viejo y luchador pionero habría sido otra de las víctimas del dramático naufragio” (Comadrán en Serra y Canals, 1979: 16).

El contenido de las “conversaciones” que componen El celo... nos enfrenta con el movimiento de las ideas característico del siglo XVIII, con su ideales de progreso e ilustración, que alumbran diversas corrientes de pensamiento: utopismo, arbitrismo, proyectismo... A la vez, la pertinencia o no de su inclusión en el campo literario nos obligaría en cierto modo a reconceptualizar el término “literatura”, a la vez que a puntualizar las marcas discursivas que nos permiten considerar “literario” un texto. Pero lo cierto es que Serra y Canals refleja –ya desde el título de su obra- los ideales de la época en su afán progresista y en la centralidad que adquiere lo sociopolítico, en tanto toda la literatura se “socializa”, es decir, es movida por el afán de un “bienestar común”. También señala Comadrán que el mismo método elegido por Serra y Canals para expresar su pensamiento –el diálogo o conversación entre dos personajes -”en este caso un español peninsular preocupado por los problemas de España y América, y un indiano o americano culto, con idénticas preocupaciones” (18)- era muy común en la literatura política y didáctica de la época.

Uno de los principales atractivos de este texto reside en su consideración global de los territorios americanos que hoy constituyen Argentina y Chile, con especial referencia a Cuyo, y las propuestas para dinamizar la industria y el comercio de la región y su sistema de administración de justicia. Su propuesta de construcción de un túnel que atraviese el macizo andino constituye una curiosidad que cobra especial relevancia en estos días. Destaca en primer lugar su apreciación acerca de la conveniencia de este tipo de obras “y dejar la eminencia para el vuelo de los pájaros” (Serra y Canals, 1979: 81) y también resulta novedoso y original el “arbitrio” que propone para construirlo.

Estos emprendimientos -construcción de puentes y caminos, relevamiento del territorio, explotación minera- y sobre todo la propuesta de ingeniosas (aunque no siempre realizables) soluciones para los problemas que detectaba en su observación directa del medio, lo convierten en un ejemplo típico de hombre de la Ilustración y una de las escasísimas manifestaciones literarias conservadas de nuestro período hispánico o colonial.

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