sábado 24 de julio de2021

Espectáculos

Diego Pérez habla del último disco de Nación Ekeko: “El contacto con el otro te obliga a mirar para adentro tuyo”

Diego Pérez habla del último disco de Nación Ekeko: “El contacto con el otro te obliga a mirar para adentro tuyo”
Diego Pérez tiene como proyecto solista a Nación Ekeko.

El músico, quien en Tonolec rompió los límites del folclore hace 16 años, presenta con su proyecto solista un álbum gestado en pandemia y con un contundente mensaje socioambiental. Los detalles.

“Qomunidad” es el tercer disco de Nación Ekeko, el proyecto musical que Diego Pérez tiene como solista. En Tonolec, recordarán, el dúo que formó con Charo Bogarín hace unos 16 años, rompió los moldes de la canción de raíz, fusionándola con texturas electrónicas.

Sonidos que ya forman parte de su ADN y que acá también se convocan, con el propósito de mandar un mensaje de unión, de resistencia y de salvación colectiva. “El disco surge como una especie de antídoto anti aislamiento”, dice sobre este material, que ya fue escuchado por un millón y medio de personas en Spotify. “A mí primero me pegó mucho el tema de no poder dar conciertos presenciales con público. Uno está acostumbrado a eso como algo casi cotidiano. Por otro lado, creo que la pandemia profundizó cosas que ya se venían dado, que tienen que ver con el funcionamiento del mundo. Uno ve que este mundo no es sustentable, que es muy desigual y que ese camino se sigue profundizando”.

Amplía: “Creo que al principio de la pandemia hubo una esperanza, pero después se vio que las grandes corporaciones aprovecharon la situación y empezaron a generar megaminería, incendios forestales, e incluso aprovecharon que no había tanto control. Me pareció importante mandar un mensaje de que las cosas se hacen de manera colectiva y de que tenemos que estar más unidos que nunca pese al aislamiento. Tenemos que estar conectados y podemos co-crear desde donde estemos, generar una red. Creo que ese fue el caldo de cultivo para empezar a gestar ‘Qomunidad’”.

Pérez, quien también forma parte del grupo Les Yacaré, quiso que este disco también tendiese una red geográfica de voces que van en un mismo camino. Por eso invitó a artistas como VengaVenga (Brasil/Portugal) en la canción “Fronteras”, Muerdo (España) en “Hermanos”, Julieta Venegas (México) en “El paraíso”, entre los internacionales, y a Maryta de Humahuaca en “Arriba quemando el sol”, al grupo Arbolito en “Baila baila”, a Big Mama Laboratorio en “Shamkay”, y a hasta la voz de Mercedes Sosa en “Como la cigarra” (y, tal como hizo La Charo en “Legado”, para hacerlo tuvo que contar con la autorización de su familia). Y también hay en la lista una cantante mendocina.

-Una de las invitadas es Paula Neder, ¿cómo se produjo la colaboración?

-La versión que hicimos con Paula surgió en un concierto en vivo que dimos en la precordillera en Mendoza. Yo le mostré una canción mía y empezamos a probar estrofas de otra canción de ella y así generamos una versión nueva a partir de eso. La probamos dos veces, la tocamos en vivo y nos gustó mucho. Quedó esta versión de “Deja que el agua corra”, que finalmente terminó formando parte del disco. Se dio así, muy lúdicamente y se fue armando casi tocándola en vivo.

-¿Cómo describirías el disco en relación a los sonidos y los géneros que confluyen en él?

-Creo que es un disco que tiene heterogeneidad de colores y paletas. Me parece a su vez que tiene una unidad conceptual y también unidad desde lo compositivo. Estribillos y letras muy sencillas y directas, con conceptos que tienen que ver con la armonía con la naturaleza, el cuidado, la red, romper las fronteras arbitrarias que nos separan. Conceptos que están inspirados en nuestros pueblos originarios de Latinoamérica. Tiene un color muy particular de percusión, de sonidos electrónicos, de vientos andinos, que está presente en casi todo el disco. Además hay dos clásicos del folclore latinoamericano que me pareció importante agregar: “Como la cigarra” y “Arriba quemando el sol”. Y creo que se incorporan muy armoniosamente al resto del disco.

-Antes de la pandemia, venías a Mendoza regularmente y fue muy comentada la idea de tu concierto “multisensorial y silencioso”, ¿qué te llevaste de esa experiencia en la montaña?

-Para mí la experiencia de hacer ese concierto fue súper especial. Era un proyecto que yo venía pensando hace tiempo, que tiene que ver con hacer música acompañando la caída del sol en un concierto silencioso con auriculares. Cuando esa idea cuadró con poder hacerla en El origen de i (Potrerillos), con ese fondo, esa cordillera, y con la gente que nos acompañó, no solamente con el público, sino también con los invitados (Paula Neder y Huevo de Cóndor, una banda de sikuris), se dio una alquimia increíble. Y eso está reflejado en el audiovisual que quedó, “La hora mágica” (se puede ver en YouTube). Mendoza fue el puntapié inicial y la idea era empezar hacerlo en otros paisajes del mundo, pero se cortó con la pandemia. Espero poder retomar esa serie que tuvo inicio en la precordillera.

-Dijiste que “Qomunidad” es el disco en el que se plasma más tu necesidad de apertura, justamente en un año en el que la mayoría de los músicos se han volcado a todo lo contrario: la subjetividad y la introspección. Paradójicamente, se hace muy difícil lograr esa comunidad en vivo. ¿Qué experiencia has tenido en relación a esas nuevas formas de “conectar” como el streaming y los recitales con distanciamiento y protocolo?

-En principio, creo que el disco plasma la idea de red y de co-crear, en un momento donde el aislamiento invita a la introspección. Pero para mí igual están íntimamente relacionados, la introspección con la relación con el otro. Creo que el otro te obliga muchas veces a mirar para adentro y transgredir límites propios. Para mí eso es lo interesante del trabajo conjunto: uno tiene que aprender y conocer otras maneras de trabajar, otras propuestas que salen de la forma común de trabajo de uno. Por otro lado, entiendo que ahora se están haciendo muchos conciertos vía streaming. Yo hice algunos con distanciamiento y protocolo. Siento que son paliativos y reemplazos interesantes, pero que nunca van a reemplazar realmente un concierto presencial con el contacto humano. Es algo que con Nación Ekeko trabajamos mucho: la energía del público, interactuar musicalmente con ellos y que en ellos también se forme una comunidad y entren en una danza colectiva. Eso lo venimos trabajando mucho y es irreemplazable.

- ¿Y hay algún plan de gira o de presentaciones?

-Estamos esperando volver a las presentaciones presenciales. Estamos cruzando los dedos porque quizás a mediados de junio podamos hacer una gira por México y después estamos viendo si podemos generar algo en Europa. Estamos soñando, esperando que este mundo nuevo nos permita volver a esos encuentros y volver a disfrutar del contacto directo.

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