domingo 25 de octubre de 2020

Espectáculos

Cómo es “Tengo miedo torero”, el regreso revolucionario de Pedro Lemebel

La polémica película, basada en la única novela del escritor chileno, es un fenómeno en Chile y se estrenó esta semana en nuestro país. Está disponible en Cine.ar Play.

En el año 2013, fue el gran invitado de la Feria del Libro de Mendoza. En ese entonces, este diario publicó una nota cuyo titular era simple: “¿Quién es Pedro Lemebel?” Muchos no lo conocían todavía.

Pero no lo conocían acá, porque en ese año (ya sufriendo un cáncer de laringe que lo vencería dos años después) Lemebel ya era un consagrado. Se lo leía en toda Latinoamérica y en España (publicaba en Anagrama y Seix Barral), sus textos eran devorados en muchas traducciones, acababa de ganar el Premio José Donoso y, en Chile, había adquirido una aureola de mito viviente.

Es quizás el personaje más joven y contemporáneo que haya ingresado al salón de los próceres del Museo de Bellas Artes de Santiago. Quien camine por ahí lo verá, entre políticos y militares, travestido como Frida Kahlo: es una de las intervenciones más recordadas que hizo junto a Francisco Casas en el dúo performático que formaron entre 1987 y 1995, Las Yeguas del Apocalipsis.

Es importante que Lemebel haya tomado su lugar en la historia de su país, como símbolo de la lucha de las disidencias en ese largo y sangriento patíbulo que fue la dictadura de Pinochet. Pocos tuvieron tanto valor como él a la hora de expresarse en un entorno hostil: en Argentina, aunque la inercia nos lleve a pensarlo como un par de Néstor Perlongher (cuyo estilo barroco y desbordante lo inspiró), su lugar está más cerca de Rodolfo Walsh. Su “Manifiesto (hablo por mi diferencia)”, texto escrito para un acto político de izquierda en 1986, es un alegato a sentirse orgulloso de uno mismo siempre y frente a cualquier mordaza.

La famosa fotografía de Lemebel vestido como Frida Kahlo, colgada en el Museo de Bellas Artes de Santiago.

A cinco años de fallecido, Lemebel sigue haciendo revoluciones. El estreno de “Tengo miedo torero”, la película basada en la única novela que publicó, fue el acontecimiento cinematográfico del año en el país vecino. Anunciada en 2015 y dirigida por Rodrigo Sepúlveda (realizador de la versión chilena de “Los simuladores”), tuvo que estrenarse vía streaming por las circunstancias pandémicas.

Fue igual un éxito: en su primera semana, 200 mil chilenos se conectaron a la transmisión gratuita y viralizaron la película, protagonizada por un gigante de la actuación como Alfredo Castro, en una increíble caracterización queer de “La loca del frente”.

Recién esta semana quedó disponible para los argentinos, que podrán verla hoy a las 22 por Cine.ar TV y hasta el viernes de forma gratuita por Cine.ar Play.

En esta coproducción entre Argentina y Chile el lector reconocerá, en un papel secundario, a la siempre efectiva Julieta Zylberberg. Sepúlveda trabajó sobre un guion adaptado que dejó el propio Lemebel, quien se interesó en el proyecto en 2012 y colaboró en él hasta octubre de 2014, cuando su enfermedad agravó.

Aunque cualquiera se vería tentado a ver en “La loca del frente” al propio Pedro Lemebel, la protagonista es en realidad un personaje sin nombre. Y ese anonimato la vuelve, a la Loca, en alguien marginal y plural.

La película se ambienta en 1986: una noche, la Loca conoce casualmente a Carlos (Leonardo Ortizgris), quien en un principio se presenta como un arquitecto mexicano, pero que rápidamente se confesará militante de izquierda. Su nueva amiga, fanática de los boleros de Paloma San Basilio y Paquita la del Barrio, lo ayudará casi con los ojos cerrados, sin saber que quedará involucrada en un atentado contra Pinochet.

Aunque en primer plano quede la ambigua relación sentimental entre ellos, que en algún punto nos recuerda a “El beso de la mujer araña” de Manuel Puig (protagonizada por una loca y un guerrillero, pero en la cárcel), de fondo se levantan los acontecimientos políticos que marcaron la historia chilena durante esos años: marchas, atentados, persecuciones, desapariciones y encarcelamientos.

La historia, de hecho, tuvo como germen unos apuntes autobiográficos: “Tenía veinte papeles que escribí en esos años de urgencia y luego se perdieron. Los encontré en los 90 y, al releerlos, vi que había material para una novela. La escribí en seis meses. No se llamaba Tengo miedo torero. Se podría haber llamado La loca del frente, por ser una loca como cualquier otra, y a la vez por el Frente Patriótico”, comentó Lemebel al Suplemento ADN de La Nación en 2010.

Las críticas a la película

“Tengo miedo torero” sirvió no solo para difundir aun más la necesaria obra de Lemebel, sino para hacer una justicia poética, porque intentó contar desde una expresión artística algo largamente omitido en los libros de historia: la persecución que vivieron las personas LGBTIQ en las dictaduras latinoamericanas. En nuestro país, se estima que son 400 los desaparecidos de esa comunidad durante el Proceso. Muchos de ellos, por haber sido personas que vivieron de forma anónima, como la Loca de Lemebel, ni siquiera figuraron en el Nunca Más.

Aun así, las críticas a la película no tardaron en aparecer. Los propios fans del escritor apuntaron la poca fidelidad que hubo en la transposición desde el libro al audiovisual. Muchas escenas entre los dos protagonistas fueron omitidas y poco se indaga en la historia de vida de cada uno de ellos.

Lemebel falleció en 2015, después de padecer un feroz cáncer de laringe.

Otra crítica apunta al hecho de que en el libro se compara la relación de Loca y Carlos con la de Pinochet y su esposa, Lucía Hiriart. El paralelismo sirve para mostrar el machismo castrense y la frivolidad burguesa, frente a una relación clandestina, apasionada y, aun así, llena de contradicciones políticas: “Si alguna vez hacen una revolución que incluya a las locas como yo me avisas” y “No hay comunista maricón, ¿no?” son frases que ella le dice al guerrillero y quedan en el aire para pensar.

La opinión de Jaime Lepé, amigo suyo, es quizás más atendible: recuerda que Lemebel no quería entregar los derechos a una película que tuviera en su producción a artistas vinculados a la derecha chilena (como Luis Gnecco, que interpreta a Myrna) y también criticaba la costumbre del cine en disfrazar a actores heterosexuales para que interpreten travestis, cuando se trata en realidad de una identidad construida y no de un montaje de vestuario y maquillaje.

Un símbolo

Para muchos, “Tengo miedo torero” es la obra cumbre de Lemebel, y su publicación en el 2001 fue su puente a la internacionalización. Elogiado y difundido por escritores enormes como Roberto Bolaño y Carlos Monsiváis, entre otros, llegó rápidamente a cautivar, y no solo a los lectores del colectivo LGBTIQ.

Pero ese lugar Lemebel se lo ganó no solo por sus ficciones, que fueron pocas, sino por sus crónicas: él es el cronista de la marginalidad, la prostitución, los invisibles y la enfermedad, como lo demuestra otro de sus libros, “Loco afán: crónicas de un sidario”.