“Aventuras de Cepillo el León”, de Dionisio Salas Astorga

Portada de la primera edición del libro.
Portada de la primera edición del libro.

Este texto es uno de esos que honran la literatura mendocina para niños: un relato inolvidable para la gente menuda y también para los adultos, porque la literatura, más que por edades, se clasifica por su calidad.

Un rey que renunció a su trono por amor, aunque después lo eligieron presidente del Zoo en una lejana provincia allá en uno de esos países de América del Sud

Dionisio Salas Astorga. “Aventuras de Cepillo el león” (2007).

Nada más difícil que lo aparentemente sencillo. O dicho de otro modo, nada más complejo que la aparente sencillez de un relato “para niños”. Cada vez más es necesario sumar grandes dosis de imaginación, humor, sensibilidad e inteligencia, más un adecuado manejo de los resortes coloquiales de la lengua para lograr un producto que pueda aspirar a retener el tiempo necesario la atención de un público que no por pequeño deja de ser exigente, y más exigente aún que cualquier otro.

De más está decir que todas las virtudes antedichas contribuyen a hacer de “Aventuras de Cepillo el León; Novela en forma de cuentos” (EDIFyL, 2007 con ilustraciones de Modesta Reboredo; 2° edición, 2016; financiada por el Ministerio de Turismo y Cultura de la Provincia) uno de esos textos que honran la literatura mendocina para niños: un relato inolvidable para la gente menuda y también para los adultos, porque la literatura, más que por edades, se clasifica por su calidad.

Además, nadie puede permanecer indiferente a las aventuras de Cepillo, un león bien de nuestros días, con televisor (para ver “Animal Planet”, por supuesto), con un programa de cacería virtual y celular “verde tucán”... Un león que toma mate y juega al truco, va al shopping y también sale de noche, a bailar hasta quedar extenuando... Que organiza en el Zoológico una Fiesta de la Vendimia y que viaja a África en busca de sus raíces (para valorar aún más lo que tiene en casa: una hermosa leona llamada Yénifer y un conjunto de amigos de juergas y también de tardes y sueños compartidos).

Este libro cuenta una historia con toda la magia de las fábulas, porque sus personajes son animales que hablan, pero no hay una intención didáctica, una moraleja a veces forzada en este tipo de relatos, sino que la enseñanza que nos deja es la de los valores que viven de forma natural sus personajes: la amistad, el amor, la nostalgia por la tierra de origen... todo en medio de unas aventuras que tienen por escenario a Mendoza principalmente, un escenario donde gobierna por sobre todos los otros animales.

Este personaje entrañable, que parece vivir realmente en las páginas de esta deliciosa aventura, permite desarrollar una serie de temas que, infaltables en toda buena literatura –amor, libertad, amistad, nostalgia...- se revisten de humorísticas galas al ser vivenciados desde el interior del personaje, o de alguno de sus originales amigos, como el cóndor Julián, que tiene a su cargo algunos pequeños intermedios reflexivos, como el siguiente: “Según el cóndor Julián [...] que ha viajado por todo el orbe y además es un filósofo, así son los niños de todo el planeta: un pichón, un cachorrito, no importa si tiene plumas o dos patas. En realidad, dice el cóndor, todos los niños parece que tienen cuatro, y no se cansan jamás” (12).

Porque Julián es filósofo. Y además, futbolero: acostumbra ir al Estadio Malvinas Argentinas para ver “al Tomba”. Precisamente aquí radica otro de los logros del texto: la ambientación inequívocamente mendocina, lograda tanto a través de ciertos íconos inconfundibles, como las montañas, el Parque General San Martín o el Teatro Griego, como a través del lenguaje, que sabiamente opta por un registro a la vez coloquial y poético. Lo coloquial despunta en ciertos giros característicos de la norma mendocina y argentina, que acercan el texto a sus potenciales lectores. La poesía se florea en hermosas imágenes que unen a su gracia delicada el mérito de traducir una visión “desde dentro” del personaje, con lo que ganan aún más en ingenio y eficacia. Así, esas “nubes grandes como la panza pecosa de las jirafas” o ese sol “¡que es una linterna que se mete en las costillas del hielo eterno y lo incendia de colores!” (67).

Otros de los personajes que seguramente no vamos a olvidar, son Coco el cocodrilo, Enriqueta la señora cebra, Yénifer la novia de Cepillo y, seguramente, la jirafita Robertina: “[...] joven, alta, de piernas largas –muy delicada cuando come, decía el jabalí, muy señorita ella-; qué fina y qué estructura, decía la señorita hipocondría. ¿Vieron qué cuello tiene esta chica? decían todas, celosas” (28-29).

Y ya que hemos hablado del libro y de sus personajes, unas palabras sobre el autor: Dionisio Salas Astorga, Licenciado en Enseñanza Media en Valparaíso y Profesor de Letras por la Facultad de Filosofía y Letras, UNCuyo, es sin lugar a dudas un docente preocupado por acercar a sus alumnos a la lectura, tal como se pone de manifiesto en el ensayo “La literatura no tiene asiento en las escuelas”, publicado en Diario Los Andes, Cultura, en mayo de 2006. Se ha desempeñado como Profesor de Lengua y Literatura en diversas escuelas de la Provincia, desde 1990 a la fecha. También tiene una meritoria trayectoria como periodista y es un escritor que ha transitado por los senderos de la poesía y la prosa, recibiendo varios premios y distinciones: Primer Certamen Provincial de Periodismo (Facultad de Periodismo de la Universidad Juan Agustín Maza y Diario Los Andes, 1990); “Homenaje a Marcela Arboit” (UNCuyo, 1991); Periodismo Escrito (Fundación Ecológica Cullunche, Mendoza, 1996), Vendimia (Mendoza, 1997 y 2012), Haroldo Conti (Bs. As., 1997) y A quien Corresponda (Tamaulipas, México, 2002), “Cada loco con su tema” (cuento), México DF 2013.

Es editor de la Colección de Literatura Mendocina Contemporánea, Ed. LunaRoja, presentada en el 2009 con el volumen “Promiscuos&Promisorios. Antología de la poesía en Mendoza para el siglo XXI”, obra que reúne a 14 autores de la provincia (reeditada en el 2012).

Entre sus publicaciones se cuentan el libro de poemas “Sentimiento”, publicado en Valparaíso en 1982; “Sábanas sin flores”, también de poesía, publicado por Ediciones de Piedra Infinita, en setiembre de 2003; “Como en las películas” (2013); “Últimas oraciones” (2013); “Crónicas cínicas” (2014); “Para salir a matar” (2015); “Vidas de santos y santas non sancta” (2016) y la antología “La experiencia de la fatalidad” (2018).

En todos estos textos se pone de manifiesto su talento y sensibilidad, del mismo modo que en su última producción, esta vez dedicada al público infantil y juvenil. Precisamente este es uno de los cauces más difíciles de transitar para un escritor, pues exige una profunda compenetración con la mirada y los gustos de niños y jóvenes, a la vez que la sapiencia necesaria como para “condimentar” la anécdota con otros valores. Y todo esto se logra de modo cabal en la obra que comento hoy, que habla a la imaginación y los sentimientos a través de un personaje entrañable, a la vez que va desplegando ante los ojos del lector una serie de elementos que hacen a nuestra identidad regional, en un lenguaje atrayente en su coloquialidad, pero exquisitamente elaborado desde el punto de vista estético.

Cabe destacar finalmente que la novela infantil a que nos referimos en esta nota fue llevada al teatro en el 2008 y avalada con un subsidio del Fondo Ubriaco (de investigación teatral) para su representación en escuelas primarias de Mendoza ciclo 2009/2010. El mismo elenco la representó en Ecuador en el 2012 con apoyo del Ministerio de Cultura de ese país, bajo la dirección del argentino Víctor Acebedo, en 2011.

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