viernes 4 de diciembre de 2020

Espectáculos

“Alguien tiene que morir” en Netflix: una tragedia avasallante y demasiado ambiciosa

Manolo Caro (“La casa de las flores”) se prueba en el drama, dirigiendo esta miniserie que cuenta todas las miserias de una familia franquista.

Manolo Caro es un gran director: quienes amaron “La casa de las flores”, donde subvirtió los moldes de la novela latinoamericana parodiándola, se encontrarán en “Alguien tiene que morir” con una propuesta bastante diferente, pero aun así con firma propia. Caro, a quien algunos ya llaman “el Almodóvar mexicano”, demostró que puede desplazarse con total versatilidad en los géneros, sin resignar su particular mirada.

Aun así, este primer intento en el drama resultó con varios puntos flojos. A ver: en esta miniserie de tres capítulos, copoducción entre España y México, pasará algo trágico. Es lo que nos promete el título de entrada. Pero lejos de spoilear, lo que hace ese título es clavar el aguijón de la fatalidad en nuestra expectativa.

Sin embargo, saber que alguien morirá no serviría de nada si la historia no se desplegara con una buena dirección, que pudiera construir climas tensos, ominosos y asfixiantes. Caro, más allá de sus altibajos, lo logra.

Un primer elemento que ayuda a enturbiar la atmósfera es la sensación de opresión. Estamos en los ’50, en la España de Franco, donde se produce una sangrienta persecución a los “rojos” y a las minorías “subversivas” como los homosexuales.

A este escenario llega el joven Gabino (Alejandro Speitzer). Vivió 10 años en México y se carga una felicidad tropical que prontamente se esfumará por las circunstancias que encontrará en su país. Único hijo de una familia tradicional ligada a las fuerzas de seguridad del régimen, se entera que su padre (Ernesto Alterio) y su abuela (poderosa, aunque algo desperdiciada, Carmen Maura) ya le han arreglado un trabajo y un casamiento con la hija de unos ricos empresarios amigos. En esa trama de relaciones solo parece que su mamá (Cecilia Suárez, fantástica) tiene la sensibilidad para correrse del horror circundante.

Pero hay un problema: Gabino llega con un amigo mexicano, Lázaro (Isaac Hernández), quien es bailarín de ballet. Lo que en un principio actúa como un prejuicio sobre su sexualidad se irá enturbiando rápidamente. Así, en el curso de unas tres horas la historia irá desarrollándose de una forma bastante avasallante, con multitud de secretos develados, giros argumentales y momentos de máxima tensión.

Sin embargo, lo que para algunos podría ser una debilidad, también -cambiando el lente- podría ser una fortaleza, puesto que el guion se mueve con claridad y soltura pese al caótico devenir. En otras manos, podría haber sido una historia confusa y empantanada.

Como contracara, hay que decir que Caro se enamora de este proyecto y quiere extraer de él más cosas de las que tres horas reloj le permite: ¿quiso hacer una crítica social? ¿una defensa de las diferencias? ¿un drama preciosista con rasgos melodramáticos? ¿un thriller sin aliento? Probablemente ni él lo haya sabido, en esta primera incursión en un género tan alejado de lo que suele hacer.

A causa de esa ambición es que la historia pisa varias veces la trampa del cliché, ante la imposibilidad de explicar mejor las acciones de los personajes, e incluso de la inverosimilitud (sobre todo esa tendencia a hacer besar a sus personajes en los lugares menos oportunos). No alcanza a contarnos mucho sobre la historia de los personajes, aunque tampoco logra delinear que ésta sea una película coral (porque tiene ocho actores principales).

Caro intenta sobre todo antagonizar a las dos mujeres protagonistas: Suárez, la mamá de Gabino, una mujer que vivió siempre sometida al machismo castrense de su marido; y Maura, la suegra de ella, una mujer fuerte que -aquí va un adelanto- intentó evitar a toda costa ese mismo destino, a precio de convertirse en un monstruo.

“Alguien tiene que morir” es una serie entretenida, rica en matices, prolijísima en su producción (impecable el diseño de época) y con mensajes que no pierden actualidad. Probablemente no sea la mejor expresión de lo que podría dar Caro en un drama, pero seguramente es un buen comienzo en ese camino.

La ficha

“Alguien tiene que morir”. México-España. 2020. Dirige Manolo Caro. Actúan Cecilia Suárez, Ernesto Alterio, Alejandro Speitzer, Isaac Hernández, Carlos Cuevas, Ester Expósito, Carmen Maura. Disponible en Netflix. Nuestra opinión: Buena.