martes 2 de marzo de 2021

Espectáculos

“Alejandro Sokol, el cazador”: el libro que recoge el legado de un músico indomable

En una biografía recién publicada, el periodista Isaac Castro echa luz sobre el fundador de Sumo y Las Pelotas. Una charla con el autor. 

El inicio de este año viene cargado de revisiones rockeras que van desde documentales en las plataformas de streaming hasta publicaciones tradicionales, como es el caso de “Alejandro Sokol. El Cazador”, del periodista Isaac Castro, quien a fines de diciembre salió con un libro que repasa la vida artística de este recordado músico argentino que formó parte de bandas emblemáticas del rock como Sumo, fundó S.O.K.O.L., Las Pelotas y El Vuelto S.A., proyecto que quedó trunco tras su muerte.

Para ello, Isaac Castro recopiló datos durante varios años, realizó más de 70 entrevistas y rescató buena parte de la información documentada en diarios y revistas desde los ’80 en adelante, y fotos inéditas, como la que ilustra la tapa.

Castro es graduado en la carrera de Letras por la Universidad de Buenos Aires y se dedica a la docencia, el periodismo y la gestión cultural. Escribió las obras de teatro “Quienes verán oscurecer”, basada en “Los desterrados” de Horacio Quiroga (2005) y “Flores para dos mujeres solas” (2007). Publicó los libros de poesía “Brillantina” (2006), “La farsa de las mariposas” (2010), “Las centellas” (2012) y “La matemática del cuerpo” (2018). Participó de la Exposición de la Actual Narrativa Rioplatense con su novela breve “La noche inmóvil” (2014) y es autor de “Música de Manos Vacías. Caballeros de la Quema. Postales del rock en la Argentina de los noventa” (2017).

Entre los testimonios que se pueden encontrar en el libro, están los de su ex esposa Lila Riquelme y su hijo, Ismael Sokol. A estos se le suman las entrevistas a Timmy MacKern y Andrea Prodan, manager de Sumo y Las Pelotas; Juan Subirá, de Bersuit; Gabriel “Tete” Iglesias, de La Renga y Emiliano Brancciari, de No Te Va Gustar. El libro salió a la venta el 22 de diciembre pasado y llegará a librerías de Mendoza en las próximas semanas.

Junto a Daffunchio, actual líder de Las Pelotas.

-Sus compañeros de Las Pelotas son reacios a hablar de él y de su época en la banda. ¿A qué se debe?

-La respuesta oficial que da la banda es que ellos saben lo que vivieron con Alejandro, tanto lo bueno como lo malo, y que no hay nada que decir al respecto por respeto a la familia y a la memoria de él. Ellos no tienen que andar hablando de lo que pasó. Esa es la postura que se mantiene inalterable desde hace 11 años. Yo tengo una lectura personal y es que la experiencia con Alejandro debe haber sido muy fuerte puertas adentro. Además, no es una banda que se caracterice por hablar, ventilar intimidades, así que creo que son consecuentes con su propia filosofía.

-A Sokol se lo recuerda como un tipo adorable pero a la vez alguien muy difícil...

-Sí, hay muchas entrevistas en las que pese a este hermetismo del que hablamos recién, Germán (Daffunchio) se refiere a eso. De hecho se hizo público que Alejandro, el último tiempo, tenía un estilo de vida que no era congruente con el momento que atravesaba la banda. Su alejamiento fue progresivo, no ocurrió de la noche a la mañana, sino que empezó a darse en los últimos discos donde cada vez iba participando menos, ensayando de forma más irregular. Uno creería que una banda profesional, en un momento cúspide de su carrera, tener que lidiar con una personalidad tan particular como la de Alejandro habrá sido un conflicto permanente. Pero eso no quita que fuera un tipo súper adorable querido, que tenía esa situación personal.

-¿Cómo es la etapa con los mormones?

-Él ingresó a la iglesia mormona en el ’84, cuando deja Sumo. Él arranca en Sumo y hace toda la etapa germinal de la banda en los años ’80, en las sierras de Córdoba, hasta que aparece la posibilidad de un primer contrato discográfico con la CBS en el año ’84. Lo que decía Alejandro en diversos reportajes es que le daba miedo el estilo de vida que él vislumbraba como músico de la banda. Entonces se convierte a la religión mormona, se casa bajo su tradición y tiene a sus hijos en el marco de esa comunidad, donde permanece de manera activa siguiendo sus preceptos, yendo al templo varias veces por semana, durante ocho años: desde el ’84 al ’92. Incluso cuando empiezan los primeros discos de Las Pelotas él sigue siendo mormón. Pero ya en el ’92, Las Pelotas empezaba a crecer en la capital y él deja de ser un mormón activo. Ahí empieza una etapa bastante compleja a nivel personal, que decanta con su exilio a Córdoba en el ’94. Lo que sucede entre ’94 del ’98 es que tiene un período muy esperanzador y muy calmo en su vida. No estaba recluido en la religión pero estaba en la sierra, muy apaciguado, llevando una vida muy distinta de la que llevaba en la ciudad.

-Y después hay un proyecto personal...

-En el año ’87, el mismo año que muere Luca, Alejandro vuelve al ruedo con su propio proyecto llamado S.O.K.O.L., una banda armada con chicos de Hurlingham, y que dura un año. Si uno lo piensa, son sólo cuatro años que Alejandro está fuera del circuito. Lo que pasa es que en esos tres años (de los cuatro que está desconectado de la música) Sumo se hace su lugar en la historia. Fue tan intenso ese momento de Luca y lo que pasó con la banda que pareciera que pasó más tiempo. En el ’88, cuatro años después de su salida de Sumo, forma Las Pelotas con Germán Daffunchio. Es una banda a la que le tardó muchos años llegar a la masividad, unos 15 años más o menos. Recién en el 2003 acceden a las primeras ligas.

Las viejas épocas de Sumo.

-¿Quedó alguna anécdota que no haya entrado en el libro?

-Un un montón de cosas quedaron afuera, porque una de las dificultades de escribir acerca de una figura tan emblemática y querida como Alejandro es la cantidad de personas que se dicen ser amigas y la cantidad de gente que dice que vivió cosas con él, porque era tan sencillo y tan accesible que trazaba lazos de amistad en todos lados. En ese sentido era muy difícil decir “hasta acá recogemos historia y acá paramos”.

-Habrá cientos de anécdotas...

-Te cuento una: en la época del apogeo, en 2004, hay una chica que atendía un kiosco las 24 horas. Tipo tres de la mañana le tocan el timbre y era Sokol que le pregunta “Discúlpame, ¿me conocés a mí?” y la chica le dice “Sí, por supuesto, sos el Bocha”. “Bueno, te quería pedir un favor, ¿no tendrás 50 centavos que me prestes que necesito hacer una llamada a Córdoba y no tengo plata?”. Empezó a llegar gente donde él estaba y nadie entendía como alguien que estaba llenando estadios podía estar pidiendo monedas para poder hacer una llamada. Eso de alguna manera lo grafica. Historias así hay un montón: algunas historias son conocidas, otras no. Yo traté de mostrar sus múltiples aristas, sin perder el foco de atención qué es la carrera musical de Alejandro, su vida arriba del escenario, no abajo.

-¿Te costó correrte del fan y ponerte el traje de periodista, o hiciste un mix?

-Yo creo que es un libro muy periodístico, donde al principio aparece el fan todo el tiempo, la admiración de la persona que creció con su música, pero por suerte con el tiempo la pude aplacar y la fui eliminando. Salí al rigor periodístico tratando de ser lo más objetivo posible porque yo quería que sea un libro que tenga estas características. En el 2017 tuve la suerte de publicar otro libro que se llamaba “Música de manos vacías” en donde sí era un fanático del rock que se desataba a contar historias. Había un yo que narraba muy fuerte, pero en este caso no hay un yo sino una voz que se preocupa porque la cronología sea la más cercana a la realidad posible para que el que lo lee.

-¿Crees que es un músico olvidado?

-No creo que esté olvidado y la prueba de eso la tuvimos acá en Hurlingham el verano pasado cuando la banda “Pelotera”, que es un grupo de seguidores, organizó un homenaje sin publicidad, de boca en boca y autogestionado al que concurrieron más de tres mil personas. Lo que sucede es que es un personaje sobre el que no hay tanta actividad periodística o no es objeto de estudio, de videos, de libros, o de documentales. Solamente hay un trabajo argumental hecho por Bruno Larocca, llamado “Solo”, del 2014. Este es el primer libro que aparece sobre él. Creo que no fue olvidado, pero no fue reconocido lo suficiente, y una de las motivaciones de este trabajo tiene que ver con hacer un primer registro de la carrera de Alejandro y ver si de alguna manera se empieza a saldar esa deuda.


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