Susana Arenas, poesía de dragones y ángeles

Escritora mendocina.
Escritora mendocina.

La escritora mendocina, recientemente fallecida, fue una mujer vital, plena, cuya simpatía irradiaba siempre en los ámbitos en los que actuó, y cuyos méritos literarios se explayaron en distintos géneros.

“Amo la paz que existe solo en las ciudades de los muertos / esa tristeza orlada de palomas migrantes, / esa lujuria de hechos no concebidos por la imagen sacra / del paso a la eternidad organizada... / Esa misión de desdoblar el tiempo entre el ahora / y lo enterrado... / Amo la paz indescifrable del ser y el ya no ser explícito / de los campos santos, donde las excusas se consumieron / como millones de gusanos consumen la consumada carne / que se extingue...”

Susana Arenas

Con estos versos publicados en una página del Liceo poético de Benidorm (https: //www.liceopoeticodebenidorm.com/index.html?body159 .html) y que asumen casi el carácter de premonición, quiero evocar hoy a Susana Arenas, poeta, narradora, periodista y docente mendocina, fallecida recientemente.

Susana había nacido en Las Heras (Mendoza), residía en Guaymallén y era ampliamente conocida en el ámbito de la cultura, en primer lugar, por su producción literaria, que incluye entre otros los siguientes títulos: “En la NUBE, poemas y algo más”, 2013; “En muy pocas palabras, microrrelatos”, 2014; “A maximis ad minima, poemas breves”; Arenas & Chiarello y “Letras y madera”, 2015; “De tanto en tango”, 2016; “Haloclina-Límite Umbral”, 2017; “Arte en el acto” y “A maximis ad minima 2″, 2018; “Las alas del fuego”, 2019 y “Viejas letras”, 2020, además de su participación en diversas antologías, entre otras, “Poesía Itinerante”, volumen que reúne a poetas latinoamericanos y de Suecia.

En su trayectoria figuran las siguientes distinciones: Primer Premio en el Certamen “Guaymallén, cuna de las letras”; Segundo Premio de Poesía en el certamen “Voces del volcán”, de la Municipalidad de Tupungato y Editorial EquinoXio; Primer Premio en el certamen de microrrelatos “Seré breve” entre otras. Colaboró asimismo con columnas de opinión y publicaciones varias en revistas y programas radiales.

También es amplia su labor de gestión cultural: coautora de Palabras convocantes, “Pasión por el ARTE”, Café Artístico Literario”, Colectivo Cultural. Fue la representante en Mendoza del Liceo Poético de Benidorm de Alicante, España. Participó del “Café Literario de SADE Mendoza” y “Mujeres Poetas” y “Escritoras Mendoza”, este último café literario perteneciente a Editorial EquinoXio. Fue parte también del Colectivo Artístico Solidario, “Cuando el arte ataca”. Fue secretaria de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Escritores Mendoza (SADE), y al momento de su fallecimiento se desempeñaba como Presidenta de la institución; fue asimismo co-conductora del programa radial “Mendoza también es tango”, emitido por LV8 Radio Nacional – Libertador.

Pero estos datos, en cierto modo fríos, no trasuntan del todo la real dimensión de una mujer vital, plena, cuya simpatía irradiaba siempre en los diversos ámbitos en que actuó, y cuyos méritos literarios discurren con pareja calidad tanto en el cauce poético como en el del relato breve, esa modalidad narrativa que exige del escritor la máxima concisión de ideas en el menor espacio posible, en orden a presentar en una extensión mínima una visión del mundo inédita y que, por lo tanto se presenta como el género idóneo para definir, parodiar o volver del revés la rapidez de los nuevos tiempos y la estética posmoderna.

El microrrelato debe cumplir los principios básicos de la narratividad, aunque de una forma extremadamente concentrada. Es, casi siempre, un ejercicio de reescritura, un minúsculo laboratorio de experimentación del lenguaje, o una ambiciosa pretensión de encerrar en unas líneas una visión trascendente del mundo, en la que la ironía, el ingenio y la sorpresa final desempeñan un papel capital. Y tan difícil cometido es el que Susana logra con entera propiedad.

En cuanto a su poesía, en una mirada retrospectiva que comienza por su última publicación, “Viejas letras” (2020) encontramos unas palabras de la autora que en cierto modo ofician como clave de análisis; es una cita del “Kybalion”, libro que contiene las claves maestras o leyes universales basadas en las enseñanzas del misterioso Hermes Trimegisto, y dice así: “Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación” (2020, p. 6).

La glosa que la autora hace de estas palabras opera a modo de reflexión metapoética, en tanto aclara la génesis de la escritura, su honda raíz existencial a la vez eterna y mudable: “En este ir y venir de las ideas, los días, la vida […] dejamos nuestras sensaciones en papeles escritos, allí regadas por lágrimas o secas, muy secas, yermas de soledad y peligrosas como una expresión de furia” (2020, p. 10).

Recordemos que los principales principios que se desprenden de las enseñanzas del “Kybalion” son los siguientes: el universo es mental; hay una correspondencia entre el macrocosmos y el microcosmos, entre lo exterior y lo interior; todo se mueve y el ritmo y la polaridad rigen todo lo creado. Podemos comenzar a entender así una poesía que habla de dualidades, límites y contrastes que intentan ahondar en la esencia del ser humano; por ejemplo, en “Haloclina”; “Límite umbral”: “Límite umbral / espejismo silente / paraíso e infierno / muerte y vida latientes” (2017, p. 12). Y esto es así porque la interioridad de cada uno es, en sí misma, incomunicable. Y paradojal: “Inexistente y sólido / como la esencia misma de aquello que no fue” (2017, p. 16).

Se trata, como puede advertirse, de una poesía densa, reflexiva, en la que el yo lírico se lamenta por todos los dolores del mundo: “La locura / la tragedia / la muerte / la masacre / como hadas infernales / se preparan / para horadar / el espíritu del hombre” (2017, p. 21). Pero, a la vez, un cierto sentido de misión impregna los versos con un sentido de hermandad y regeneración espiritual: “Llegó a mi mente / como un suspiro ancestral / que buscaba mi voz / en este siglo /…/ Respiró a través de mí / soñó conmigo / tiempos nuevos” (2017, p. 56).

El poeta es entonces ese “dragón de fuego” cuyo misterio se explaya en el poemario de 2019, “Las alas del fuego”: símbolo de libertad y expresión a la vez de esa dualidad intrínseca a la que hemos aludido: “Y en mí conviven los dragones y los ángeles. Ha de ser que mis dragones son sabios seres fuego y mis ángeles generosos guerreros. Son mi contradicción, pero no puedo vivir sin ellos. Necesito del fuego para seguir en mi tiempo y de las alas para susurrarle al viento […] A veces por mi boca los dragones se expresan, a veces son los ángeles cuando callo” (2019, p. 23).

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