Griselda Siciliani y el éxito detrás del film de González Iñárritu

Griselda Siciliani
Griselda Siciliani

En “Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades” Siciliani hace de esposa del protagonista y pilar fundamental de esa familia mexicana que emigra a Estados Unidos.

Griselda Siciliani tiene una extensa trayectoria en teatro, al igual que en televisión, pero no así en cine donde solo ha realizado tres películas. Sin embargo, sus buenas elecciones la han puesto en la palestra de los directores más reconocidos. Tal es el caso de “Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades”, del cuatro veces ganador del Oscar Alejandro González Iñárritu, con un personaje que tracciona en una historia inspirada en la vida del director mexicano y que se estrena en salas este jueves.

“Yo hice un personaje de ficción que estaba en la imaginación de este gran director y le puse todo lo mío, guiada por él; entonces, él también tendría sus propias inspiraciones de guía, pero yo hice lo que quise y lo que estaba conectado con mi alma. Puse mi alma en este personaje, mi sangre. Sentía que él había abierto su corazón tanto con este guion que no me quedaba otra que abrir el mío y entregar todo lo que tenía”, le dijo Siciliani a Télam.

En el filme, que a partir del 16 diciembre también estará disponible en Netflix, la actriz, reconocida por varias tiras nacionales y de larga trayectoria en el teatro, interpreta a Lucía, la esposa de Salverio Grama (Daniel Giménez Cacho), un periodista que se fue de México con una mano atrás y otra adelante y que consiguió el éxito en Estados Unidos. Una especie de alterego del propio Iñárritu.

Como si se tratara de la premiación de la Academia de Hollywood, la historia está anclada en las semanas previas a que Grama sea galardonado en Los Angeles, mientras se debate entre si es merecido el premio o si es manipulado por Estados Unidos para lavar su imagen en América Latina. Una ficticia compra de México por parte de Amazon juega como telón de fondo.

Lucía es el amor, la dulzura y la consciencia del protagonista. Es el que lo baja a tierra, no con sermones, sino con ejemplos. Lejos del conflicto marital, Iñárritu elije que el personaje de Siciliani sea el sostén emocional y hasta ideológico de toda la familia, conformaba por un adolescente y una veinteañera, que viven bajo la amorosa sombra de un hermano mayor fallecido a las pocas horas de nacer.

“No es autobiográfica pero sí está inspirada -explicó Siciliani-. Es como una ficción acerca de esas ideas y ese conocimiento de estos personajes y de estas situaciones, una falsa crónica de unas cuantas verdades. No hablamos mucho de eso durante el rodaje porque Alejandro se encargó de que nosotros seamos esos personajes y no pensemos de ninguna manera que estábamos inspirados en alguien que existía”.

La filmografía en cine de Siciliani constaba, hasta “Bardo...”, tan solo de “El último Elvis”, de Armando Bo, y “Sentimental”, de Cesc Gay, dos películas de gran repercusión en festivales y en las que compartió elenco con íconos como Javier Cámara o Cacho.

“No quiero hacer películas por hacer, me siento una actriz muy de teatro y siempre me hago el espacio para poder ir todas las noches al teatro, algo que quita tiempo para filmar. No quiero hacer cualquier cosa porque no es mi ámbito, entonces cuando aparece una película que realmente me interpela, la hago. Así fue lo que apareció. Un privilegio total”, dijo la intérprete.

Siciliani comenzó la etapa de casting para “Bardo...” sin saber que detrás del proyecto estaba el director de “Birdman” y “El Renacido”. Luego de pasar varias etapas, se encontró cara a cara con el realizador en México, para quien audicionó en persona, antes de obtener el papel.

“Fue un shock -reconoció-, ahora lo dimensiono porque ya pasó todo, ya rodé la película, ya la vi. Pero en el momento sentí que haber hecho el casting con semejante director durante tantas horas ya tenía una ganancia suficientemente rica para mi experiencia. Y después todo lo que pasó, la experiencia de trabajar con él fue superadora a la fantasía”.

Más allá de la trama, el realizador de “Amores Perros” hecha rienda suelta a toda su creatividad en la dirección de cámara y el montaje. Se apoya en una cinta de fuerte presencia onírica, donde el espectador nunca sabe si todo sucede en la cabeza de Grama o en la de su familia. O si bien puede ser la imaginación de alguien por fuera de la historia que se muestra. Se trata de una cinta que sintetiza, en varias partes, el desorden mental de Riggan en “Birdman” con la grandilocuencia de “Babel”.

Esta puesta le valió a “Bardo...” la preselección para los Premios Oscar, un lugar que seguramente dispute con “Argentina 1985″, de Santiago Mitre. “Lo disfruto porque nos vamos cruzando en todos los festivales y están mis amigos, está Ricardo (Darín) y Peter (Lanzani). Es lindo y la película es maravillosa. Tengo el corazón partido, pero bueno, soy de ‘Bardo’”, se sinceró entre risas.

Has dicho que el personaje está muy lejos de cómo sos vos. Como actriz, ¿qué te resulta más complicado o más rico, irte tan lejos y explorar ese camino o tenerlo más cerca y que sea más natural?

La edad, el tipo de familia y el recorrido de la vida no era muy cercano al personaje. No tengo ni un matrimonio de 30 años, ni hijos grandes, ni soy mexicana. Pero sí apenas leí a Lucía supe quién era esa mujer y que por su energía, yo podía ser ella. Hay algo que estaba en el guion que se transmitía... había algo del alma del personaje que conocía perfectamente. Hay veces que ese trabajo minucioso para acercarse, termina por profundizar mucho la composición.

El director trabaja escenas muy surrealistas, ¿Cómo fue filmar en ese mundo donde nada es tan concreto?

Alejandro nos dijo: “Todo lo hacemos con la verdad de los sueños”. Esa lógica de los sueños era la lógica que teníamos para actuar, todo está ocurriendo realmente y de esa manera abordamos las escenas. Ayudó también que muchas de las cosas muy impresionantes que se ven estaban ocurriendo. La arena estaba en el departamento, el agua estaba bajo nuestros pies, todos estábamos en el medio del desierto caminando por una cornisa. Eso existía real, no había producción ahí. No tenías que imaginarte eso, estaba armado, así que era muy fácil actual lo real porque lo onírico estaba sucediendo alrededor.

Apesar de que es una historia bastante íntima y que tiene a México como protagonista, hay algo universal que interpela a todos o, al menos, a los latinoamericanos.

Alejandro, al haberse metido tan personalmente en esta historia, la volvió mucho más universal que cualquier otra. Expuso algo tan personal que todos nos sentimos identificados, como es el vínculo con mis padres, mis hijos, mis compatriotas y yo cuando dejé mi pueblo. Hay algo de cómo siento a mi país cuando estoy afuera y cómo lo siento cuando estoy adentro. Uno puede decir cosas dentro de la familia, pero si alguien la critica vas con el cuchillo entre los dientes. La cuestión humana te interpela.

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