Un tranvía con una estrella

Tuve la suerte de vivir esa historia, la del tranvía de la felicidad con un alumno silencioso que con un lápiz podía dar vida en gris. ¡Hola Joaquín! “Buen día Joaquín!” / Foto: AFP PHOTO/ MIGUEL RIOPA
Tuve la suerte de vivir esa historia, la del tranvía de la felicidad con un alumno silencioso que con un lápiz podía dar vida en gris. ¡Hola Joaquín! “Buen día Joaquín!” / Foto: AFP PHOTO/ MIGUEL RIOPA

Los domingos a media mañana se podía ver en los andenes del tranvía a niños, jóvenes y hasta mayores portando carpetas o tableros.

Esperaban un tranvía identificado por un cartel con una enorme estrella donde se leía “Escuela de Dibujo al Aire Libre”El incansable profesor de Dibujo don Lahir Estrella había creado esa escuela cuya aula era el parque General San Martín.Recibía a sus alumnos en ese tranvía, que era el de la felicidad, acompañado por un alumno medio tímido, apocado, que apenas participaba de la algarabía del encuentro y del destino.

Saludaban al profesor y al acompañante, “¡Hola Joaquín! " ¡Buen día Joaquín!” y contestaba con una sonrisa porque apocado era simpático y atento.

Con el tiempo y cursando primer año de la Escuela Provincial de Bellas Artes, este maravilloso profesor nos enseñó un block de apuntes de bocetos con trazos sueltos, que con poco decían todo, y explicaba con orgullo tremendo que fue alumno en la Escuela al Aire Libre y trabaja en Buenos Aires dibujando chistes mudos y con gran éxito – “Firma Quino pero se llama Joaquín Lavado”.

Tuve la suerte de vivir esa historia, la del tranvía de la felicidad con un alumno silencioso que con un lápiz podía dar vida en gris. ¡Hola Joaquín! “Buen día Joaquín!”

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