Estado mental de nuestra sociedad

Una piedra preciosa se pierde si no nos damos cuenta a tiempo de su valor. La Vida es el punto de inflexión. Sin embargo, ella necesita para sostenerse que el organismo donde se manifieste, sea receptivo en primer lugar a aceptarla, luego a reconocerla, y finalmente a exaltarla. / Foto: Mariana Villa / Los Andes
Una piedra preciosa se pierde si no nos damos cuenta a tiempo de su valor. La Vida es el punto de inflexión. Sin embargo, ella necesita para sostenerse que el organismo donde se manifieste, sea receptivo en primer lugar a aceptarla, luego a reconocerla, y finalmente a exaltarla. / Foto: Mariana Villa / Los Andes

Una piedra preciosa se pierde si no nos damos cuenta a tiempo de su valor. La Vida es el punto de inflexión. Sin embargo, ella necesita para sostenerse que el organismo donde se manifieste, sea receptivo en primer lugar a aceptarla, luego a reconocerla, y finalmente a exaltarla.

Así como sucede en el cuerpo, cuando todos los órganos obedecen a un sistema; igualmente se manifiesta en el orden social, cuando cada individuo ejerce su accionar ordenado en el conjunto.

Donde no prevalecen la claridad en los conceptos, no puede darse el entendimiento de las normas; y así, el accionar se vuelve inestable, peligroso, y confuso para el pleno ejercicio de la libertad individual.

Lo cual no cabe mencionar hasta tanto cada uno no haya asumido conscientemente el cumplimiento de aquella función que lo identifica, lo trasciende, le otorga un respeto por sí mismo.

El gran problema que tendremos por delante es el estado mental de la sociedad, del mundo entero.

Aún podemos asumir nuestro lugar con serenidad para realizar una vida sensata.

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