El hambre: el acceso a la alimentación, un derecho incumplido - Por Abel Pascual Albino

El hambre: el acceso a la alimentación, un derecho incumplido - Por Abel Pascual Albino
El hambre: el acceso a la alimentación, un derecho incumplido - Por Abel Pascual Albino

Según el Indec, más de la mitad de los menores de 14 años sufre la pobreza, estando 10% de la población por debajo de la línea de indigencia

Comienzo mi explicación con algunas definiciones. Empecemos por el hambre, que en nuestro idioma tiene dos acepciones.

De manera individual la sensación se experimenta luego de un periodo de tiempo transcurrido desde el último consumo de alimento, y de manera comunitaria, cuando una población no tiene acceso a los alimentos por falta de oportunidades o recurso económico. En tanto, la inseguridad alimentaria existe cuando las personas no pueden acceder a una cantidad y calidad de alimentos suficientes, de manera continua, para cubrir sus necesidades, impidiendo de esta manera llevar una vida activa y sana, o en los más pequeños restringiendo el adecuado crecimiento y desarrollo.

La malnutrición es la situación nutricional aguda, subaguda o crónica, que incluye todas las formas de desnutrición, incluso la carencia de micronutrientes, el sobrepeso y la obesidad, con alteraciones en la capacidad funcional, cognitiva e inmune.

Debe ser considerada multifactorial, ya que es el resultado de un conjunto de circunstancias y determinantes sanitarios, sociales, económicos, ambientales, políticos y/o culturales.  Su prevención a nivel individual, requiere la protección, promoción y apoyo de la lactancia materna; consejería y educación sobre la alimentación, seguridad en el acceso a los alimentos; reducción de las infecciones y a nivel comunitario la mejora sostenible de los determinantes sociales y económicos.

Para mantener la salud se requiere una alimentación adecuada, completa y variada, junto a un entorno sano y afectuoso.

Ateniéndonos a las cifras dadas por el Indec, hoy más de la mitad de los menores de 14 años de nuestro país sufre la pobreza, estando 10% de la población por debajo de la línea de indigencia, manifestando que el hogar donde viven, no tiene los ingresos suficientes para garantizar una canasta básica alimentaria.

El costo más alto de los alimentos influye en la cantidad, calidad y continuidad de los mismos, esto, sumado al estrés que significa vivir en esta situación y a las adaptaciones fisiológicas que se producen ante la restricción de nutrientes, contribuyen a la coexistencia de desnutrición en todas sus formas, así como sobrepeso y obesidad.

El escaso acceso a una alimentación nutritiva y completa, fundamentalmente desde la concepción y hasta los dos años de vida (1.000 días críticos), influye directamente en la salud actual y futura del niño, aumenta el riesgo de bajo peso al nacer y del retraso del crecimiento, también asociados por diferentes improntas metabólicas, a riesgo de sobrepeso y obesidad en etapas posteriores de la vida. Las acciones deben ser planteadas como un objetivo imperioso ya que permitirán al niño desplegar su potencial y tener igualdad de oportunidades futuras.

El acceso a una alimentación completa, nutritiva y suficiente para cubrir las necesidades de cada etapa, es un derecho que no se cumple.

Las consecuencias de la malnutrición se ven reflejadas en el estado de salud y en el crecimiento, así como en el desarrollo intelectual, afectivo y social de cada niño, teniendo relación directa con la incidencia de las enfermedades no trasmisibles del adulto. Estas desigualdades perpetúan la pobreza, impactando en el bienestar de toda la región.

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