martes 1 de diciembre de 2020

El gran viaje del espíritu: Gaby Herbstein estrena "Creer para ver" por Net Geo
Espectáculos

El gran viaje del espíritu: Gaby Herbstein estrena "Creer para ver" por Net Geo

La fotógrafa argentina más famosa nos presenta en esta serie documental a distintos líderes espirituales del mundo.

  • lunes, 8 de junio de 2020
El gran viaje del espíritu: Gaby Herbstein estrena "Creer para ver" por Net Geo

No es exagerado decir que Gaby Herbstein es la fotógrafa más popular de la Argentina. Su nombre resuena por fuera del circuito de los medios y el arte, y todos hemos visto alguna vez sus célebres retratos a personajes como Gustavo Cerati, Charly García, Ricardo Darín y tantos más, muchos de ellos realizados para el calendario de la Fundación Huésped, que lucha desde hace décadas contra el virus del HIV.

Tras brillar en los años 90 como referente de la mejor fotografía de moda, Herbstein fue volcándose hacia una fotografía cada vez más comprometida con causas como la ecología, la protección de los animales y los derechos de la mujer. En este sendero, ahora se puso al frente de "Creer para ver", una serie documental, producción original de la señal NatGeo, en la que recorre el mundo entrevistando chamanes y líderes espirituales. Desde hoy a las 22.

De la India a Groenlandia, de México a Malta, de Siberia a San Antonio de Areco... A lo largo de ocho episodios de 30 minutos cada uno (coronados por un bonus track final de una hora y media de duración), la serie va mostrando la manera de ver el mundo de líderes espirituales de credos y filosofías muy distintas, indagando en grandes temas como la felicidad, el planeta y nuestro lugar en el mundo. Un proyecto estimulante, que cuenta con el aval de las Naciones Unidas, nada menos.

-¿Cómo ocurrió este devenir tuyo desde la moda y los famosos hacia la espiritualidad?

-Hace ya más de 30 años que me dedico a la fotografía y a lo largo de mi carrera fui convocada muchas veces para dar visibilidad a iniciativas que despertaran conciencia sobre temas como el HIV y la ecología. También encaré proyectos artísticos propios que utilizaban a la fotografía como una herramienta en este mismo sentido, teniendo conciencia del gran poder que tienen las imágenes en el alma de la gente. Con los años fui enfocándome cada vez más en este modo de entender la fotografía y hoy es lo que más me gusta hacer, es mi pasión.

-¿Esta pasión surgió desde una curiosidad intelectual o desde una búsqueda más de tipo existencial?

-Yo soy una persona muy curiosa. Vengo de una familia judía, pero atea. No tuve una educación religiosa ni en mi casa se hablaba de Dios. Pero llegó un momento en mi vida en el que empecé a sentir una especie de vacío y eso me llevó a investigar distintas, corrientes, filosofías y formas de la espiritualidad. Y en ese despertar comprendí que la espiritualidad es inherente a lo humano. Todos somos seres espirituales, de una manera u otra, y necesitamos indagar en nosotros mismos y en el vínculo con lo que nos rodea.

A veces el concepto de "espiritualidad" se malinterpreta y se entiende como algo que tiene que ver con lo externo, pero, al contrario, creo que se trata sobre todo de una relación con lo interior. Y eso es algo de lo que hablan todos los maestros que aparecen a lo largo de "Creer para ver". 

-A lo largo de la serie entraste en contacto con un montón de filosofías y prácticas distintas. ¿Encontraste denominadores comunes entre ellas?

-Todos los líderes espirituales que fui conociendo a lo largo de estos viajes recalcan la idea de que todos tenemos un conocimiento ancestral en nuestro ADN, pero lo vamos olvidando. Otro denominador común es el intento de hacernos ver que no hay una separación entre nosotros y la naturaleza: nosotros somos la naturaleza y, por eso, cuando dañamos esa unidad que conformamos nos estamos dañando a nosotros mismos.

Eso lo vi muy claro, por ejemplo, cuando observaba un gran glaciar junto a un chamán de Groenlandia. Se veía cómo el glaciar se derretía casi como una catarata y el chamán me decía: “esta no es una tragedia para el planeta, es una tragedia para la Humanidad, el daño ya está hecho y nos lo hicimos a nosotros mismos”. Y la espiritualidad, con sus diferentes formas de expresión, está intentando que veamos eso. Mi deseo es que la gente, a través de los episodios de la serie, vaya atando cabos y vea que, en el fondo, todos estos maestros de distintos países y culturas están hablando de lo mismo: apreciar lo que nos rodea, mirar hacia adentro y recordar ese vínculo ancestral.

-Para mucha gente, este tipo de espiritualidades y filosofías chamánicas están sospechadas de cierto esnobismo, de esa cosa medio new age. ¿Es sólo un prejuicio?

-Sí, ese prejuicio existe y lo entiendo. Pero creo que esa desconexión con la naturaleza es, en el fondo, una desconexión con nosotros mismos. Y pienso que estas distintas corrientes espirituales brindan herramientas para intentar unir eso que está separado. Y no hablo de religiones, sino de las infinitas formas por las que podemos conectar con nosotros mismos.

La espiritualidad tiene que ver con el autoconocimiento, con tomar una herramienta –cualquiera sea - para sentirse mejor con uno mismo y con el lugar que ocupa en el mundo, ser mejor persona, alimentarse mejor... Hoy creo que la espiritualidad dejó de tener que ver con lo estrictamente religioso y se relaciona con el cuidado del planeta y de nuestras comunidades, con lo sustentable, con la alimentación sana, con respetarnos a nosotros mismos y a los demás sin importar las clases sociales, el género o el color de piel.

-Quizás la palabra clave es más autoconocimiento que espiritualidad, ¿no?

-Sí, totalmente. Autoconocimiento. Trabajar para sentirnos mejor, plenos, felices. La actividad física, por ejemplo, puede ser una forma de espiritualidad. Este es un concepto que se amplió muchísimo y está genial que así sea. El concepto, en el fondo, es que la felicidad depende de nosotros y no de lo externo.

-Y esto puede ser más relevante aún en relación a la obsesión por las redes sociales…

-Por supuesto. La cultura de las redes sociales, lo que provoca, fundamentalmente, es una ansiedad enorme y un permanente mirar hacia afuera, a lo que están haciendo los otros y a cómo nos ven los otros.  Es una carrera virtual que no lleva a ningún lado, en realidad.  Y pienso que justamente toda la situación de encierro obligado que vivimos por la pandemia lo ha dejado clarísimo. La mezcla de encierro y redes sociales lo que producen es ansiedad. Y por eso en este tiempo tanta gente en sus casas empezó a intentar cortar ese círculo vicioso con cosas que hacen bien, como el yoga, la meditación, el ejercicio, la alimentación más saludable. Y no es casualidad. Es un signo de los tiempos.


Por las redes