El cruce

Hay camioneros que cuando se enteran que deberán llevar una carga a Chile, se despiden de sus familias como si fueran a una guerra.

Jorge Sosa - Especial para Los Andes

Entre los grandes conflictos que azotan a la humanidad con permanencia podemos citar la tensa realidad de Norcorea con su vecino del sur, el conflicto árabe israelí que periódicamente le agrega un capítulo a la infamia, la invasión de emigrantes de Africa a Europa, Mediterráneo mediante, los despelotes que brotan periódicamente en Venezuela y el cierre del túnel Cristo Redentor.

No pasa una semana sin que haya algún conflicto allá arriba, cerca de Chile y el Aconcagua, que una huelga, que una reforma, que un alud, que un derrumbe, que un feriado largo, que la lluvia, que la nieve, todo afecta a ese lugar que desde hace siglos fue elegido por la gente de ambos lados de la cordillera para allegarse al otro lado. Hasta la colitis de algún gendarme puede dar lugar a demoras.

Y se acumulan los automóviles, se amontonan en zona inhóspita y  es casi común, ordinario, tener que esperar largas horas para cumplir el propósito de cruzar. Hay camioneros que cuando se enteran que deberán llevar una carga a Chile, se despiden de sus familias como si fueran a una guerra. Es que no saben si ven a volver a verse. Duro oficio el de camionero soportar en soledad esas largas esperas con la incertidumbre de si algún día se abrirá lo que está cerrado.

Se ha adecentado mucho el paso de El Pehuenche y el de Aguas Negras en San Juan para que sean alternativa, pero no, el más usado, el más frecuentado, el más insultado es el del Cristo Redentor, y lo seguirá siendo porque es el tradicional, el de costumbre y el más corto.

Muchos perjuicios de esta fábrica de impedimentos podrían solucionarse. Es que tenemos lo que tenemos: una infraestructura vetusta, sistemas de control que demoran todo, trámites que le agregan minutos a la espera. Tenemos lo que tenemos y cada vez los autos que quieren cruzar son más y van a ser más y más, y más.

A todo esto hay que sumarle un  clima hostil. ¿Y qué podemos esperar de un lugar que está a cuatro mil metros de altura, con vientos de cordillera y ambiente de extrema de montaña? ¿Prados con florcitas de colores adonde realizar un picnic montañés y con altura?

Todas las semanas ocurren hechos que involucran este lugar que sirve para ir a apreciar un sismo in situ, allá en Chile, y los medios de comunicación ya tienen incorporado en sus programaciones que alguna cosa sobre el cruce van a tener que decir porque siempre hay algo que afecta la zona. No pasa un día sin que los medios de comunicación traten el tema, es el gran temazo de Mendoza. En Chile no le dan tanta pelota.

Yo creo que debería, en el lugar, instalarse un monumento. Pero no conmemorativo el cruce de los Andes o las grandes hazañas de los que nos precedieron, no, yo digo un gran monumento a la paciencia. Porque miren que hay que tener paciencia para encarar el desafío.

Es tanta la espera que se acumula en ciertas épocas del año que bien puede que a uno le celebren dos cumpleaños mientras participa en la demora. Hay gente que sale de Mendoza con una edad y llega a Chile con otra mucho más abultada. También mujeres que se embarazan en el viaje de ida y dan a luz en la Aduana de Horcones. Libros enteros pueden leerse durante la demora, si es que alguno de los demorados todavía tiene la costumbre de leer un libro de vez en cuando.

Solo tenemos una solución que lamentablemente no depende de nosotros: que aumenten de precio los artículos tecnológicos del otro lado. Mientras esto no ocurra póngase en la cola, por favor.

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