Peleas entre políticos que a nada bueno conducen

Debate en Diputados
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Es de esperar que el interés por el derrotero de nuestro país se imponga en la dirigencia política en general. Hoy sólo observamos un lamentable vedetismo a contramano de las necesidades de la gente.

En una reciente entrevista concedida a Los Andes, el destacado historiador y politólogo Natalio Botana dejó importantes reflexiones sobre el escenario político argentino y el rol que debería asumir la actual oposición si el voto ciudadano le impone el año próximo hacerse cargo de la conducción del Estado.

A un año de las elecciones presidenciales, señala el doctor Botana que esa convocatoria a las urnas debe marcar una clara mirada hacia el futuro. Lo señala con respecto a la dirigencia que competirá y a sus ideas sobre cómo buscar reencarrilar a la actual Argentina sin rumbo. Y por ello pone énfasis en la utilidad o no de la competencia entre liderazgos, al señalar que “si la contienda se da entre Cristina Kirchner y Macri, viviremos una elección hacia el pasado. Si generamos nuevos liderazgos hay una oportunidad”.

Y hace una fuerte advertencia a través de un fino análisis de las características de la política argentina. “Choca entre dos cuadros muy opuestos. Uno es la tendencia a la hegemonía; el otro, la tendencia al faccionalismo. Esto último es lo que está pasando en la oposición”.

Es importante esta última advertencia del analista. Desde el punto de vista institucional, el faccionalismo es sinónimo de política de baja calidad, con argumentos sectarios que muchas veces sobrepasan los preceptos que marcan el rumbo de una agrupación o de una coalición y terminan horadando esos pilares.

Y este deterioro en el funcionamiento de sectores partidarios que deberán ofrecerse como opción de gobierno el próximo año, se produce en momentos en los que el actual oficialismo transita por un sendero de desencuentros y rencores que desarticula día a día la acción de gobierno y con ello la estabilidad económica y social de la Argentina.

La generación de nuevos liderazgos que se propone atinadamente implica, previamente, la definición de planes de gestión que sean consensuados por los dirigentes llamados a constituirse en válida opción electoral. Esto debe darse con más razón en espacios amplios, como los de una alianza o coalición.

Por estas horas, justamente, los principales dirigentes de uno de los espacios de la coalición Juntos por el Cambio intentan moderar diferencias que tomaron notoriedad en la opinión pública por su voracidad y vehemencia en el trato de partes.

No sólo es necesario que quienes pretendan liderar un espacio político con elevadas posibilidades de éxito electoral moderen sus ímpetus. También es menester consensuar políticas básicas que sustenten un proyecto político que pueda ser puesto en práctica sea cual fuere el ejecutor, el vencedor en primarias o el elegido eventualmente en un marco de consenso interno de cada agrupación.

Por ejemplo, el manejo de la actual estructura del Estado debería ser un aspecto de inevitable debate en la campaña electoral venidera si lo que se propone, realmente, es optimizar recursos para que la economía pueda repuntar. Se conocen posturas habituales de los sectores minoritarios, a izquierda o derecha del abanico partidario, pero no termina de haber precisiones por parte de la oposición mayoritaria, llamada a confrontar electoralmente con el eterno asistencialismo justicialista.

Es de esperar que el interés por el derrotero de nuestro país se imponga en la dirigencia política en general. Hoy sólo observamos un lamentable vedetismo a contramano de las necesidades de la gente.

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