Los escraches deterioran la democracia

Estos arrebatos, pueden estallar igualmente en un restaurante o a bordo de un avión, como le sucedió al exministro de Salud de la Nación, Ginés González García.
Estos arrebatos, pueden estallar igualmente en un restaurante o a bordo de un avión, como le sucedió al exministro de Salud de la Nación, Ginés González García.

Los escraches no contribuyen a la pacificación ni a cerrar la tan mentada “grieta” entre los argentinos.

La disconformidad de mucha gente por medidas de los gobernantes que no satisfacen sus expectativas a menudo se expresa mediante los llamados escraches. Se trata de una modalidad poco democrática, que en estos tiempos de crisis y de carencias económicas tiene como destinatarios a miembros del Gobierno nacional y también a dirigentes opositores.

Los escraches pueden ser a domicilio o en ocasión de la visita de algún dirigente de primera línea para encabezar un acto. Estos arrebatos, motorizados por activistas como también por ciudadanos comunes, pueden estallar igualmente en un restaurante o a bordo de un avión, como le sucedió al exministro de Salud de la Nación, Ginés González García, quien quedó en el ojo de la tormenta por una gestión vidriosa de la pandemia.

Por más razonable que sea el fastidio colectivo a raíz de una administración controvertida en su cargo, nadie puede arrogarse el derecho a insultar y a echar a un individuo de un lugar público. Se trata de una práctica que no se condice con el respeto a las personas ni con los modales que exige una convivencia en democracia. Los ánimos crispados por una realidad social compleja no deben de ningún modo desencadenar agresiones.

Habrá que coincidir que los escraches no son patrimonio del actual Gobierno que encabeza Alberto Fernández, sino que tomaron forma de protesta hace ya un tiempo. Funcionarios en ejercicio de otros signos políticos también los padecieron. Entre ellos, el entonces presidente Macri, a quien le apedrearon el vehículo oficial en ocasión de una salida vacacional en un paraje de la provincia de Neuquén. Y ocurrieron también antes hechos similares.

Momento en el que Sergio Massa fue increpado antes del acto que compartió con Alberto Fernández en Santa Fe.
Momento en el que Sergio Massa fue increpado antes del acto que compartió con Alberto Fernández en Santa Fe.

El sinsentido parece no tener fin. Días atrás, el flamante ministro de Economía de la Nación, Sergio Massa, acompañó al presidente Alberto Fernández a Santa Fe, con el objetivo de reinaugurar el servicio de tren que une Rosario con Cañada de Gómez. Un grupo de vecinos de esta última localidad se molestó por la presencia de Massa, quien fue insultado y tratado de “chorro” y “delincuente”.

Lo más grave de este desasosiego colectivo estriba en que los vecinos grabaron el incidente y lo subieron a las redes sociales. Una suerte de escrache en vivo y en directo y a dos puntas.

Durante las últimas jornadas, otros dirigentes kirchneristas fueron objeto de repulsas en la vía pública. Allí se enumera al referente social Juan Grabois, a quien a la salida del Congreso nacional le gritaron que vaya a trabajar.

Vale puntualizarlo: los escraches no contribuyen a la pacificación ni a cerrar la tan mentada “grieta” entre los argentinos. Las políticas erráticas del Gobierno nacional son evidentes en varias direcciones, pero existen otros canales para intentar recuperar derechos perdidos. Transitamos períodos preelectorales y la dirigencia política tiene la oportunidad de esbozar propuestas que reviertan el malhumor social. Pero nada se logrará con insultos y discursos inflamados.

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