jueves 24 de septiembre de 2020

Opinión

Logro espacial de la ciencia argentina

La pandemia no impidió a los argentinos llegar al cosmos. Desde hace varios días está orbitando en el espacio el satélite argentino y enviando información, otro logro de la ciencia y tecnología nacional. La importancia de que el Estado invierta en tecnología de alto nivel.

Argentina acaba de lanzar al espacio el satélite Saocom 1B y completa de esa forma la misión espacial más importante del país. Es una historia de 26 años de la ciencia argentina de primer nivel y de lo que hacen y pueden hacer los científicos de nuestro país. Estamos ante un acontecimiento de enorme trascendencia para la ciencia y el país, en momentos muy difíciles para Argentina y la región, por la pandemia que estamos sufriendo.

El exitoso lanzamiento desde Cabo Cañaveral del aparato de observación de la tierra Saocom 1B, nos lleva a meditar que lo que está orbitando a más de 600 kilómetros de altura es un desarrollo “hecho en casa”, por la combinación de tareas de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) y la empresa rionegrina Invap. Sin negar la cooperación de la NASA, que fue clave para aprender a gestionar este tipo de proyectos.

El Saocom 1B obtendrá y emitirá imágenes de buena calidad e información sobre los niveles de agua del suelo, fundamental para el agro. Además, permitirá obtener datos sobre la presencia de buques en zonas de jurisdicción argentina. En este último aspecto, nos servirá para frenar el latrocinio de nuestra riqueza ictícola que practican impunemente barcos extranjeros en el mar argentino.

Es decir, que su servicio será vital en el marco de la producción agrícola nacional toda vez que permitirá medir la humedad de los suelos y alertará sobre potenciales inundaciones, cuya ocurrencia ha sido muy extremadamente gravosa para diversas economías regionales.

En una palabra, una herramienta de alto valor tecnológico para prevenir, monitorear, mitigar y evaluar catástrofes naturales o causadas por el hombre (antrópicas).

Toda la misión del satélite argentino Saocom, hoy en operaciones, estaba previsto en el plan estratégico que la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), diseñó en 1994. Quiere decir que, así como muchas iniciativas en nuestro país desaparecen de una administración a otra, en este caso observamos una continuidad de algo más de tres décadas.

El Saocom marca entonces la madurez alcanzada por Argentina en materia de construcción de satélites de aplicaciones prácticas y en proyectos sustentables. El abogado especializado en Derecho Aeronáutico, Gustavo Marón, lo explica bien: “La información provista por el satélite se vende y el explotador satelital la cobra. Esto es importantísimo, porque las primeras experiencias fueron no rentables. Pero hace rato que la Argentina alcanzó el status de desarrolladora de satélites rentables, sin ir más lejos los Arsat, a través de los cuales llegan las señales de televisión satelital a todos los hogares del país y de la región”.

Además, el Saocom no sólo vale por el satélite mismo sino por toda la masa crítica formada para su desarrollo. Argentina ya cuenta con una pléyade de ingenieros, técnicos, astrofísicos, arquitectos y diseñadores de fuste en materia espacial.

El satélite puede fallar en el lanzamiento, no entrar correctamente en órbita o tener una vida útil inferior a la prevista. Es un ‘fierro’ y se remplaza. Pero la gente (haciendo un símil con el personal de las terapias intensivas), no se forma de un día para otro. Cuesta generaciones construir ese capital humano y Argentina ya lo tiene, no sólo en la empresa fabricante Invap sino en el conjunto de universidades y subcontratistas asociados.