La importancia de la ley de etiquetado frontal

La Ley de Etiquetado Frontal brindará información sobre ciertos nutrientes críticos para la salud de las personas / Sanatorio Allende
La Ley de Etiquetado Frontal brindará información sobre ciertos nutrientes críticos para la salud de las personas / Sanatorio Allende

En aquellos países donde rige una ley semejante, en muy poco tiempo una alta proporción de la población modificó sus hábitos alimentarios. Esto es, en definitiva, lo que esperamos que ocurra entre nosotros.

Comenzó a regir la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, también conocida como ley de etiquetado frontal, cuyo objetivo es promover un cambio significativo en ciertos hábitos alimentarios que resultan perjudiciales para salud.

En esta primera etapa, sólo las grandes empresas están obligadas a adecuar la presentación de sus productos. Las pymes deberán hacerlo desde febrero del año próximo. Y las bebidas con envases retornables tienen plazo hasta 2024.

Con el etiquetado frontal, el consumidor tendrá información clara, precisa y no engañosa sobre el contenido del producto que está por adquirir. Los que contengan al menos un sello no podrán ser comercializados en instituciones educativas y tampoco ser incluidos en las compras de organismos nacionales.

Los sellos frontales tendrán forma octogonal y fondo negro. Advertirán sobre los excesos de nutrientes críticos (azúcares, grasas totales, grasas saturadas y sodio) y la presencia de edulcorantes o cafeína.

Está comprobado que estos componentes son perjudiciales para la salud ya que pueden causar enfermedades no transmisibles.

Los valores máximos admitidos en cada caso fueron fijados de acuerdo con los estándares internacionales propuestos por la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud.

Además, un sello informará las calorías que aporta el producto. En ese caso, el sello “exceso en calorías” estará asociado al aporte de azúcares agregados y de grasas, tanto totales como saturadas.

Vale destacar que las empresas implicadas en esta primera etapa respondieron de manera satisfactoria al nuevo encuadre legal.

Apenas unas 250 empresas solicitaron una prórroga. Representan alrededor de un cuatro por ciento de la inmensa variedad de alimentos envasados y bebidas que se comercializan en el país.

El argumento principal que esgrimieron es que están procurando reformular el perfil nutricional de algunos productos para evitar los sellos. Buscan bajar el nivel de azúcar o de sodio, por ejemplo.

Otra justificación fue que no pudieron adaptar las máquinas para fabricar los nuevos envases o que hay faltante de la materia prima que necesitan para el nuevo diseño.

Si el primer caso es alentador, porque demuestra que las empresas son capaces de modificar sus productos para ofrecer versiones más saludables, el segundo es algo curioso: si faltan materias primas para elaborar envases o es tan lento el proceso de adaptación de las máquinas que los producen, ¿por qué fue tan baja la cantidad de empresas que solicitaron una prórroga por estos motivos?

De todos modos, el Gobierno nacional les concedió seis meses de plazo: tienen hasta febrero de 2023 para presentar las nuevas fórmulas o los nuevos envases.

Más allá de ello, hay que comprender que algunos productos que en breve mostrarán sellos por sus respectivos componentes críticos se exhibirán en las góndolas con el envase previo, hasta que se agote su stock.

En aquellos países donde rige una ley semejante, en muy poco tiempo una alta proporción de la población modificó sus hábitos alimentarios. Esto es, en definitiva, lo que esperamos que ocurra entre nosotros.

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