sábado 19 de septiembre de 2020

El presidente Alberto Fernández gusta decir que el parate económico es por la pandemia, no por la cuarentena. Así, la culpa es del coronavirus, no una responsabilidad del Gobierno. / Archivo
Opinión

La grave crisis de la clase media

Lo cierto es que las clases medias, en general, siempre cuentan con poco auxilio del Estado, y eso ha quedado a la vista por las formas como se implementó la cuarentena.

El presidente Alberto Fernández gusta decir que el parate económico es por la pandemia, no por la cuarentena. Así, la culpa es del coronavirus, no una responsabilidad del Gobierno. / Archivo

Las clases medias argentinas son el segmento social más golpeado económicamente por la cuarentena. Un informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) advierte que el salario formal privado registra caídas en términos reales. En mayo, por ejemplo, cayó 1,4 por ciento en relación con el mismo mes de 2019.

En consecuencia, como la inflación acumulada en esos 12 meses fue del orden del 43 por ciento, los sectores medios se empobrecieron casi un 50 por ciento.

El presidente Alberto Fernández gusta decir que el parate económico es por la pandemia, no por la cuarentena. Así, la culpa es del coronavirus, no una responsabilidad del Gobierno.

Lo cierto es que las clases medias, en general, siempre cuentan con poco auxilio del Estado, y eso ha quedado a la vista por las formas como se implementó la cuarentena.

Por un lado, es cierto que el empleado público no se vio afectado como el privado, quien, si conservó el trabajo, aceptó una rebaja salarial, algún tipo de suspensión y la pérdida de algún plus por comisiones o presentismo.

Se calcula que un tercio de la fuerza laboral recibió el salario complementario de Anses, lo cual sin dudas es una ayuda significativa, que amortiguó problemas mayores, los cuales permanecen en el horizonte.

Por otro lado, el Gobierno pensó que reforzando la asignación universal por hijo, más otros planes de asistencia a las clases bajas, el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) diseñado para acompañar la cuarentena sería solicitado por unos cuatro millones de personas y se encontró con 11 millones de inscriptos, de modo que terminó concediéndolo a más de nueve millones de ciudadanos.

En otras palabras, tuvo una sorprendente demanda de los sectores más postergados y una sorprendente ausencia respecto de aquellos trabajadores y cuentapropistas de clase media a quienes no les permitió seguir sus tareas o les limitó su actividad.

Pensemos en pequeños comerciantes, en independientes que se dedican a los más variados oficios, profesionales autónomos, todas las actividades vinculadas con el turismo y el esparcimiento. Más taxistas, guarderías maternales, choferes escolares, personal de servicio doméstico y el amplio colectivo de trabajadores informales.

El exponencial crecimiento de la morosidad en empresas de servicios como Epec se registra, sobre todo, en los barrios típicos de las clases medias. En los colegios privados pasa algo similar.

Como estamos analizando datos de mayo, es posible que a fin de año descubramos que fue un cálculo optimista suponer que terminaríamos 2020 con la mitad de la población bajo la línea de la pobreza.

La característica más distintiva de la Argentina en todo el concierto de América Latina durante gran parte del siglo XX fue la de haber sido la gran nación de clase media del continente, aquella más parecida a Europa en su desarrollo social, económico y cultural. Hoy solo quedan jirones de esos tiempos mejores, pero no por ello debemos cegar en los empeños de recuperar ese país que supimos ser.