La falta de gasoil afecta la producción del país federal

Orlando Pelichotti / Archivo Los Andes
Orlando Pelichotti / Archivo Los Andes

La escasez de combustibles ralentiza la producción y torna más dificultoso mantener el ritmo que destacaba el Presidente, por lo que sería útil que la actual gestión aporte soluciones.

Aunque es un hecho que se repite cada año, en especial durante los meses de la cosecha de granos gruesos, no deja de ser injustificable que se repita la falta de combustibles en amplias regiones del país, donde la provincia de Mendoza no es la excepción.

La preocupación es mayor en la medida en que los transportistas se alejan de los principales centros urbanos. En la actualidad, el combustible falta y es más caro en las provincias del norte y en las regiones limítrofes con los países vecinos, ya que los combustibles son más baratos en relación con los precios que se cobran en Paraguay y Brasil, entre otros puntos.

Los productores de soja, de maíz, de caña de azúcar y de citrus, así como los contratistas y los transportistas, no sólo sufren el faltante, sino que deben realizar largas colas o detenerse por días en las estaciones de servicio y pagar sobreprecios para obtener el insumo.

La situación sigue siendo grave, aunque ya se realizó prácticamente el 80 por ciento de la cosecha de soja y se encuentra en pleno desarrollo la de maíz. En pocas semanas más, comenzará la siembra de la próxima campaña de trigo.

La Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (Fadeeac) señaló que “la situación es insostenible” en amplias franjas de la Argentina, que incluyen a las principales zonas agrícolas.

La entidad informó que un relevamiento entre los presidentes de 31 de las 43 cámaras que nuclean a unas 4.400 empresas pequeñas y medianas mostró que sólo uno de cada tres transportistas puede cargar combustible sin restricciones, cupos ni sobreprecios.

La disponibilidad escasea y los precios aumentan en la medida que el transportista se aleja del Área Metropolitana de Buenos Aires (Amba), donde los combustibles se obtienen con normalidad y a los precios sugeridos por las principales petroleras.

Semanas atrás, el presidente Alberto Fernández usaba los actos oficiales para ponderar el crecimiento económico que registraban algunas actividades, datos que se trastocaron a partir de marzo último, cuando cesaron los efectos del “plan platita” que usó el Gobierno para las elecciones de noviembre de 2021.

La actividad económica cayó en marzo y comenzaron a estancarse otros indicadores, por los efectos de la alta inflación. La escasez de combustibles ralentiza la producción y torna más dificultoso mantener el ritmo que destacaba el Presidente, por lo que sería útil que la actual gestión aporte soluciones.

La falta de combustibles no sólo afecta la recolección de granos, de la caña de azúcar y de citrus, sino que genera un menor movimiento en la logística de cargas, con impacto sobre la economía en general.

El estancamiento y la alta inflación provocan efectos negativos para recuperar el empleo y la distribución del ingreso, que forman parte de los clásicos latiguillos que usa el primer mandatario en sus repetidas intervenciones públicas.

Una mejor gestión oficial para solucionar un faltante clave en la producción aportaría mucho más que discursos repetidos y sin sentido. Estos son los temas de la vida cotidiana de los que la política debería ocuparse en vez de agredirse entre ellos.

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