La deuda y la relación con los Estados Unidos

Imagen ilustrativa / Archivo
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El encuentro del ministro Cafiero con tal influyente funcionario del gobierno del presidente Biden brinda la posibilidad de un acercamiento que, no obstante, obligará a la Argentina a cuidar más su política exterior.

La reciente reunión entre el canciller argentino, Santiago Cafiero, y el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, posiblemente haya abierto la puerta a un mejor posicionamiento de nuestro país en el plano internacional, luego de dos años de constantes idas y vueltas de la gestión nacional en materia de relaciones exteriores.

Con la actual conducción política, la Argentina se acercó claramente a países de la región guiados por estructuras dictatoriales representadas en personalismos y autoritarismos y fue varias veces reticente en la condena a violaciones a los derechos humanos por parte de dichos regímenes, planteadas desde organismos como las Naciones Unidas o la Organización de Estados Americanos (OEA). “Esperamos con ansias que Argentina asuma en el Council de Derechos Humanos para poder trabajar juntos”, dijo Blinken en la reunión, una expresión de deseos que, seguramente, esconde expectativas estadounidenses con respecto al direccionamiento argentino. Es por ello que este encuentro del ministro Cafiero, uno de los miembros del gabinete nacional de mayor confianza del presidente, Alberto Fernández, con tal influyente funcionario del gobierno del presidente norteamericano Joe Biden brinda la posibilidad de un acercamiento que, no obstante, obligará a la Argentina a cuidar más su política exterior. En efecto, la reunión fue pocas horas después de la presencia argentina en la nueva reasunción del nicaragüense Daniel Ortega, en la que estuvo el iraní Moshen Rezai, buscado internacionalmente por ser uno de los mayores responsables de la voladura de la AMIA en nuestro país.

Y el presidente Alberto Fernández tiene previsto realizar un viaje a Rusia en los primeros días de febrero, justamente en medio de la tirantez generada por el conflicto de Ucrania, del que el gobierno de Moscú es el principal responsable.

Cafiero buscó en el secretario de Estado de los Estados Unidos un respaldo político a las negociaciones argentinas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por la deuda de 44 mil millones de dólares contraída por el gobierno de Mauricio Macri.Sin embargo, más allá de la lectura optimista que realizó al respecto la Cancillería argentina, la respuesta del funcionario norteamericano fue muy clara: “Estados Unidos apoya fuertemente una economía argentina vibrante”. Y añadió que esa premisa “fortalecerá las relaciones bilaterales y el liderazgo argentino en la región”. Lo de Blinken fue una suerte de lema destinado, claramente, a instar a la actual conducción económica argentina a fijar un derrotero claro en su política, algo que se reclama desde la dirigencia y el empresariado pero que tiene muchas contradicciones por parte del Gobierno.

Es lo que se desprende del reciente cónclave, tanto por parte del gobierno argentino como de los voceros de la Casa Blanca.Sin embargo, el ministro Guzmán sigue expresando en sus declaraciones públicas que las exigencias del organismo de crédito son las que mantienen la distancia con lo que propone nuestro país.

os desencuentros del oficialismo con la oposición en el Congreso para abordar la estrategia del Palacio de Hacienda a fin de negociar la deuda juegan en contra de la imagen del país en ese tema, es un aspecto que necesariamente debería encarrilar el Gobierno. Como también la posibilidad de un replanteo del presupuesto anual, que el Congreso rechazó con mayoría opositora.

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