Impuestos y turismo, una política desacertada

La posibilidad de viajar al exterior se diluye para los argentinos y Brasil se queja de los impuestos que pone nuestro país.
La posibilidad de viajar al exterior se diluye para los argentinos y Brasil se queja de los impuestos que pone nuestro país.

Las reglas del comercio internacional demandan igualdad de condiciones. Un país no puede cerrar sus fronteras en un sentido y facilitarlas en el otro, como se trata de hacer en Argentina.

El ministro de Turismo de Brasil aseguró que estudia implementar un tributo del 30 por ciento a los turistas brasileños que visiten Argentina, a semejanza del que rige aquí desde que se inició el gobierno de Alberto Fernández.

En diciembre de 2019, ante la falta de dólares en nuestro Banco Central, y en el marco del endurecimiento del “cepo cambiario”, la nueva administración creó el llamado “Impuesto País”, que grava la compra de moneda extranjera o el pago de gastos efectuados con la tarjeta de crédito en el exterior.

Para desincentivar esas operaciones, se agregó una retención del 35 por ciento como “anticipo a cuenta” del Impuesto a las Ganancias.

Visto así, el sobrecosto del dólar para un argentino es del orden del 65%, lo que representa casi con exactitud la actual brecha entre el dólar oficial y el dólar paralelo.

Más allá de las restricciones propias y ajenas generadas por la pandemia, en ese contexto económico es claro que a los argentinos no nos conviene vacacionar fuera del país.

De todas maneras, el Gobierno nacional especula con la posibilidad de reabrir las fronteras a partir de octubre. Y para recolocar al país como un destino deseable y factible para el turismo regional, nuestro Ministerio de Turismo entregaría pasajes de Aerolíneas Argentinas sin costo a turistas de países vecinos que compren un paquete de más de cuatro noches de estadía en algún punto del territorio nacional.

Una medida semejante desequilibraría definitivamente la ecuación: a los argentinos ya se nos encareció hace tiempo ir a Brasil, mientras que a los brasileños ahora se les abarataría venir a la Argentina.

Por eso, las autoridades brasileñas, tras reunirse con el embajador argentino en Brasilia para plantearle formalmente la cuestión, no dudaron en acudir a los medios de comunicación: “No es democrático imponer un 30% a ciudadanos que quieren ir a otros países, principalmente países del Mercosur. De modo que estamos estudiando cobrarles ese 30% también a los brasileños que van para Argentina”, advirtió el ministro Gilson Machado Neto.

Por cierto, si algo no es democrático en un país, tampoco lo será en otro. Más allá de que el ministro brasileño construyera un curioso argumento que se podría usar contra la medida que estudia aplicar, la reacción del país vecino demuestra que una mala política tributaria siempre tiene consecuencias negativas.

Las reglas del comercio internacional demandan igualdad de condiciones.

Un país no puede cerrar sus fronteras en un sentido y facilitarlas en el otro, como se trata de hacer en Argentina. Cuando reducimos las importaciones, afectamos las ventas de otros países. Es lógico, entonces, que esos otros países traten de no comprarnos tantas cosas, lo que reducirá nuestras exportaciones. El turismo no es la excepción.

Argentina, que prohíbe la exportación de carne vacuna para bajar el precio interno, y encarece los viajes al exterior de sus habitantes por falta de dólares, no puede pretender que el mundo no le responda del mismo modo.

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