Hipótesis post-electorales

Las hipótesis sobre el futuro del país tras las elecciones del domingo. Foto: Los Andes
Las hipótesis sobre el futuro del país tras las elecciones del domingo. Foto: Los Andes

Para resguardar la gobernabilidad, ambos sectores requieren desarrollar una misma actitud, basada en la autocrítica y el diálogo.

El resultado electoral confirmó varias hipótesis elaboradas sobre los resultados de las primarias de septiembre.

En primer lugar, que el Frente de Todos podría achicar las diferencias en distritos donde había quedado segundo y hasta llegar en primer término en algún caso específico; pero que lo más probable sería un triunfo de Juntos por el Cambio.

Efectivamente, si se suman las 24 jurisdicciones, la principal coalición opositora se impuso por alrededor de 10 puntos.

El oficialismo acortó las distancias en Provincia de Buenos Aires y revirtió el mal resultado de las primarias en Chaco y Tierra del Fuego, pero fue una elección históricamente pobre para el peronismo. Quedó tercero en varias provincias patagónicas y alcanzó una victoria agónica –al borde del empate– en ciertas provincias norteñas.

En segundo lugar, que estamos ante un nuevo equilibrio de poder. La novedad es que, por primera vez desde el retorno de la democracia, el peronismo no tendrá mayoría en el Senado. Ni siquiera tendrá cuórum propio. Y en Diputados, si bien será la primera minoría, la diferencia con el bloque opositor podría ser de apenas un par de bancas, lo que de hecho es un virtual empate.

En tercer lugar, el dato que habrá que analizar a futuro es que la abstención electoral se mantuvo alta, aunque no tanto como en las primarias. Este domingo votó apenas algo más del 70% del padrón, mientras que en las Paso sólo lo había hecho el 66%. En nuestra provincia el presentismo se ubicó en el 75% del padrón.

Por ende, la incertidumbre global que marcó la campaña electoral no se despejó. Hablamos de una inestabilidad que no es sólo política, sino también económica y social. Hay un malestar ciudadano que no encuentra una adecuada canalización electoral. Si bien las fuerzas principales siguen siendo las mismas que en anteriores elecciones, ambas obtuvieron ahora menos votos. En paralelo, no sólo creció la abstención, sino también el apoyo a candidaturas “antisistema”.

¿Cómo se asimilarán estos datos en cada coalición? El oficialismo deberá procesarlos en medio de su doble crisis interna –de liderazgo y de gestión– y las primeras señales no fueron positivas.

El presidente Fernández, en un mensaje grabado antes de que se conocieran los resultados, buscó transmitir que el Frente de Todos está unido y decidido a defender en el Congreso un plan económico plurianual que incluya un acuerdo con el FMI, siempre que no represente un ajuste en las cuentas estatales ni una modificación de su rumbo. Más tarde, en un discurso improvisado en el búnker electoral del oficialismo, invitó a la militancia a celebrar “este triunfo”. Insólito.

Por su parte, Juntos por el Cambio sigue sin definir un liderazgo claro y, en línea con ello, un programa de gobierno alternativo.

Para resguardar la gobernabilidad, ambos sectores requieren desarrollar una misma actitud, basada en la autocrítica y el diálogo. No sólo entre ellos, sino sobre todo hacia el interior de las coaliciones.

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