jueves 26 de noviembre de 2020

La zona de alta montaña ha perdido servicios e instalaciones claves para recibir en las mejores condiciones a los visitantes / Archivo.
Editorial

Hay que apuntalar el turismo de montaña

Cuando se repongan las actividades turísticas en plenitud, la zona de alta montaña deberá ser reforzada y mejorada, porque por distintas razones ha perdido servicios e instalaciones claves para recibir en las mejores condiciones a los visitantes.

  • miércoles, 15 de julio de 2020
La zona de alta montaña ha perdido servicios e instalaciones claves para recibir en las mejores condiciones a los visitantes / Archivo.

La situación económica de Mendoza es delicada por la caída de las actividades en todos sus niveles. Dentro de ella, el turismo es uno de los sectores económicos más dinámicos que, en la actualidad, exhibe gran inactividad.

Una de las zonas que ha visto limitada sus prestaciones y ofertas es la zona de montaña, a lo largo del eje que media entre la localidad de Uspallata y el límite fronterizo, donde se ubica la villa limítrofe de Las Cuevas.

Todo ese corredor de gran trascendencia para el transporte internacional de cargas y el desarrollo de paseos y ocupación de camas para visitantes de la provincia, nacionales y del exterior, ha perdido servicios básicos. Sin embargo, aún mantiene un atractivo natural de mucho valor.

Varios de sus hitos están cerrados o en mal estado y para cuando se recuperen las posibilidades plenas de recorrer, consumir y alojarse en áreas de montaña, muchas locaciones no podrán ser aprovechadas por quienes disponen de tiempo libre.

Un rápido análisis permite relevar que la villa fronteriza, puerta de entrada a la provincia o de salida si se viaja a Chile, es casi un pueblo “fantasma” donde residen pocas familias, y donde hay poco por hacer. Ya no es la gran localidad de frontera que fue hace treinta o cuarenta años.

Un poco más abajo, y siempre a la vera de la ruta nacional 7, otro importante enclave cordillerano, Puente del Inca, ya no posee su acogedora y otrora bien equipada hostería. El paraje tiene un encanto de nivel mundial como son las aguas termales, cuya visita está vedada desde hace décadas. Cualquier otro punto de la tierra que tenga un atractivo de este tipo, es exhibido y explotado como una verdadera mina de recursos económicos.

Similar panorama registra el histórico centro de esquí Los Penitentes, que ya no reviste el carácter de privado y es administrado por el Gobierno provincial. Baste un título de Los Andes del 18 de junio pasado –Denuncia de actos de vandalismos, robos y abandono en Penitentes- para marcar un cuadro de penosa decadencia. ¡Qué lejos se encuentra este paraje, de incomparable belleza cuando hay nieve, de ser el centro integral de montaña, como alguna vez anunció que pretendía concretar el Ministerio de Turismo! Afortunadamente, se instal´´o en esa locación la Unidad Policial de Rescate de Alta Montaña (UPRAM); por lo que se interpreta que los delitos cesarán o disminuirán.

Más abajo, la pintoresca villa de Uspallata, punto estratégico del Corredor Bioceánico, acaba de perder uno de sus sitios de alojamiento, el hotel Valle Andino, que había sido construido con créditos bancarios estatales. No se sabe si su cierre es temporario o definitivo.

Las descriptas son algunas –más bien pocas- capitis deminutio de nuestro turismo de montaña. Hay más para señalar, pero estos son los hitos negativos remarcables. Debe añadirse la debilidad sanitaria del corredor.  

Las preocupaciones de la administración provincial de Gobierno están puestas en sortear las demandas de la lucha contra el contagioso patógeno en circulación, y está bien que así sea. Pero en determinado momento, se reabrirán las actividades turísticas para todo público, y la zona de Alta Montaña no estará debidamente preparada para recibir el caudal de visitantes que podría admitir, si muchas de sus ofertas y prestaciones se encuentran en mal estado, deterioradas o deshabilitadas.


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