Gestos de solidaridad para destacar

La solidaridad ayudó como contracara de la violencia social que vive el país.
La solidaridad ayudó como contracara de la violencia social que vive el país.

Tender una mano al prójimo en dificultades compensa la otra que, lamentablemente, también vemos a diario: la violencia en la calle o la indiferencia, del “no te metas” o la que expresa “a mí no me va a tocar”.

Podemos entender a la solidaridad como una de las formas de representar la integración social entre las personas, esto es, ejecutar una acción por el cual se asiste a congéneres carenciados a los que no les llega totalmente la ayuda del Estado o la que reciben no es suficiente.

Es la ayuda que se brinda a vecinos, a familias que viven en condiciones de inseguridad social y alimentaria, en los muchos asentamientos y barrios populares que posee la provincia.

La solidaridad tiene varias expresiones, pero nos vamos a concentrar en la experiencia que vemos repetirse en la comunidad mendocina, de auxilio al necesitado, sin desconocer que hay otras variantes y significaciones.

Esta realidad de tender una mano al prójimo en dificultades compensa la otra que, lamentablemente, también vemos a diario: la violencia en la calle o la violencia colectiva de las ciudades, o la indiferencia, del “no te metas” o la que expresa “a mí no me va a tocar”.

La solidaridad, como quizás pueda inferirse, es un asunto de iniciativa personal que no pretende mejorar de manera rotunda las condiciones de vida de quien es objeto de ésta, pero por lo menos soluciona situaciones de extrema dificultad y precariedad. Reiteramos que el concepto de solidaridad es polisémico. Enmarca desde prácticas movidas por la conmiseración —de ayuda momentánea al necesitado—, hasta esfuerzos constantes y profundos hacia la disminución del sufrimiento humano y la consumación de la justicia.

Algunos autores diferencian los alcances prácticos o empíricos sobre la solidaridad en tres grandes apartados: la ya mencionada ayuda despersonalizada, la mediación experta y la búsqueda del equilibrio entre los componentes de una comunidad y la justicia. Si bien esta clasificación se vale de rasgos tipo, cualquier figuración de la solidaridad mezcla, jerarquiza o complementa características de otras, en las decisiones y acciones cotidianas de las personas e instituciones.

Respecto de historias de solidaridad hay miles, un buen número de ellas contadas por Los Andes, como la protagonizada por una maestra de vocación, Valeria Juri, de la escuela “Tierra de Huarpes” del barrio Paraguay (Guaymallén), quien vio a un alumno con zapatillas rotas y le consiguió unas en buen estado. Pero, al otro día el adolescente apareció nuevamente con el calzado viejo porque el donado se lo había cedido a su mamá, que lo necesitaba para hacer changas que aportan el dinero al hogar. Entonces la docente salió a buscar más. El suceso fue tan conmovedor que fue transcripto por dos diarios mexicanos, “El Heraldo de México” y “El Universal”.

Igualmente hermosa es la circunstancia de Silvia Romero, que vive en San Rafael, titular de una asociación que se llama “Fierritos Solidarios”, quien encontró una persona en situación de calle. Le hizo seguimiento, le tramitó el DNI, lo hizo atender en el hospital y realizó una colecta para que este hombre pudiera regresar a su Uruguay natal, donde lo daban por muerto.

Asimismo conmueve la realidad de Germán y Agustina, una pareja joven que tiene un hijito recuperado de cáncer. Fue el cumpleaños número 3 y en lugar de regalos pidieron que se done dinero en un fondo común de pago para volcarlo a “Traspasar”, una fundación que ayuda a niños con cáncer. Juntaron 73 mil pesos.

Los ejemplos vertidos obviamente no solucionan el problema de fondo de la pobreza estructural y las desigualdades, pero contribuyen a no sentir tanta impotencia y vergüenza por no hacer nada frente a determinados casos extremos y practicar, sin remordimientos, la indiferencia, que por supuesto retrasa y aleja a la comunidad de prácticas humanitarias.

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