El desafío de consolidar el prestigio de la UNCuyo

Universidad Nacional de Cuyo. Foto:José Gutierrez / Los Andes
Universidad Nacional de Cuyo. Foto:José Gutierrez / Los Andes

Pasada la efervescencia de la contienda, es bueno advertir que el ciclo que condujo a la reciente elección universitaria, tuvo un amplio porcentaje de politización.

Luego de una intensa campaña y de una votación reñida, la Universidad Nacional de Cuyo consagró recientemente para la conducción de su Rectorado a la fórmula integrada por Esther Sánchez y Gabriel Fidel.

Hubo un proceso electoral importante, de debates y apuestas, pero al cabo del cual nadie puede dudar de la legitimidad de la fórmula ganadora, incluso superando planteos que, en virtud de aspectos interpretativos del proceso electoral, llegaron a consideración de la Justicia.

Pasada la efervescencia de la contienda, es bueno advertir que el ciclo que condujo a la reciente elección tuvo un amplio porcentaje de politización.

Pero a esta situación no se llegó por voluntad de los cuadros universitarios propiamente dichos, sino porque influyeron al máximo los aparatos partidarios que siempre estuvieron, y estarán, detrás de un mecanismo de votación individual como el que se aplica ahora en la Universidad Nacional de Cuyo.

Por lo tanto, es bueno remarcar que la notable politización, que se acentuó a la hora del escrutinio por la paridad registrada, se registró de afuera hacia adentro del ámbito universitario.

No estuvo en el ánimo de la mayor parte de docentes, alumnos y demás sectores internos de la casa de estudios buscar influir en la voluntad de los votantes más allá de la exposición de propuestas que, válidamente, cada competidor utilizó en la oferta electoral.

Superado dicho proceso, llega el momento en el que oficialismo y oposición deben deponer sus consignas hasta que un nuevo camino electoral sea convocado, permitiendo, por lo tanto, que cada uno de los integrantes de las distintas facultades e institutos universitarios desarrolle a pleno sus condiciones intelectuales para que se cumpla con el objetivo de enseñar e instruirse en el más apto contexto posible.

La controversia generada por las recientes elecciones tiene que ser dada por terminada.

Si bien el electo vicerrector tiene un claro anclaje en la política, entre otras actividades sociales que desarrolla, la rectora elegida proviene claramente del ambiente académico local y ha nutrido su trayectoria y antecedentes en la actividad universitaria.

Estos rasgos distintivos de quien muy pronto ejercerá la conducción de la Universidad Nacional de Cuyo deberá garantizar, con total seguridad, que las actividades se concentren en lo que tiene que ser, lo meramente educativo.

Por otro lado, el momento será propicio para dar vuelta la página del freno que, para las actividades universitarias, como a todo el sistema educativo nacional, significó la pandemia de coronavirus, también afectada por una larguísima cuarentena cuyos resultados negativos probablemente corresponda considerar en no mucho tiempo más. Fue una situación controversial a la que las actuales autoridades universitarias no le supieron colocar un punto final.

El bien ganado prestigio de la tradicional universidad pública de los mendocinos, y de la región oeste de la Argentina en general, obliga a mejorar en distintos aspectos pedagógicos. Y en ese sendero, a seguir formando buenos profesionales, capaces de llevar ese prestigio académico a distintos países del mundo, como ya sucede.

Que la paridad de ideas expresada en la ajustada elección reciente sólo sirva para la búsqueda de consensos en pos de mayor calidad educativa.

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