viernes 27 de noviembre de 2020

Imagen Ilustrativa / Archivo
Editorial

Cuidado con la “pandemia” vial

Debemos conducir de manera prudente para disminuir los accidentes de tránsito y bajar ese flagelo que es la primera causa de muerte en personas menores de 35 años. Y además, porque el sistema de salud está muy exigido por la temática del coronavirus.

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Ha pasado recientemente un nuevo 10 de junio, Día Nacional de la Seguridad Vial en la Argentina. Para hacer el “balance” habitual de la situación de la provincia en la materia, nos encontramos, por primera vez en la historia, atravesando una pandemia de una enfermedad virósica y natural.

Recalcamos lo de “natural” para diferenciarla del flagelo de una enfermedad social como causa externa de lesión y muerte “no natural”, prevenible y evitable, como es la siniestralidad vial.

En tiempos de coronavirus, las tasas descendieron a partir de la obligatoriedad del aislamiento social y cuarentena obligatoria no obstante que, en Mendoza, y desde hace pocas jornadas, la posibilidad de salir en auto se ha ampliado.

Igual se produjeron incidentes de tránsito con víctimas fatales y heridos graves, como para no descuidarnos y practicar el manejo defensivo al momento de circular por las calles y rutas del territorio.

Parte de las muertes viales producidas en abril fueron primero heridos graves que, sumados a los que hoy permanecen en esa condición, son personas que, dentro del sistema de salud, requieren similares cuidados intensivos utilizando las mismas camas y parte de la aparatología que requieren los afectados de covid-19.

Por ello es sumamente importante continuar trabajando sobre la “pandemia vial” y no “relajarnos”, pensando que un menor desplazamiento de automotores es  una solución.

En proporción es igual o peor debido al exceso de confianza y mayor velocidad aplicada por mejor fluidez en las vías de comunicación.

De todos modos, la gran reducción de la circulación de vehículos aparejó también una disminución en las cifras estadísticas.

En la primera fase de “aislamiento estricto” no se registraron personas fallecidas por accidentes viales y una disminución sustancial en los choques comunes con lesionados menores. En tanto, en la segunda etapa  -”aislamiento administrado”- se lamentaron dos fallecidos y un leve aumento en las colisiones o siniestros, mientras que en la tercera fase -”segmentación geográfica”, según datos de la Policía Vial, se observó otro incremento en la cifra y el saldo de cinco muertos (número válido hasta el jueves 11 de junio). En la cuarta fase -”reapertura progresiva”- esta tendencia se mantuvo y los fallecidos llegaron a diez.

En cada una de las fases que se fueron atravesando, según la experta mirada del director de Seguridad Vial, comisario ® Oscar Hómola, se advirtió que a mayor apertura, más circulación y el consecuente impacto negativo en los hechos, tanto con fallecidos como los choques entre vehículos.

Estas cifras se corresponden con los períodos del aislamiento social, preventivo y obligatorio, cuyos períodos no coincidieron en los meses afectados.

Por ello los niveles de mortandad en esos tres meses no se adecuaron con los que aparecieron en las distintas fases.

En realidad, el estado ideal es que los conductores readapten sus formas de conducir a la nueva etapa, en la que deberá seguir siendo una regla de oro: cuidar la vida propia y ajena por lo que valen en sí y para no obligar a un doble esfuerzo a los equipos de salud, ahora en alerta máxima por el patógeno en movimiento.

También se sabe que las autoridades competentes preparan en esta etapa los recursos materiales para el servicio vial, como por ejemplo la  homologación de los aparatos de medición de alcohol en sangre para elevar los controles en este aspecto cuando la circulación vehicular sea normal.

Asimismo, se retomarán las acciones educativas en materia vial y se procurará rehacer un plan de obras para mejorar la infraestructura existente.

Igualmente habrá que tomar precauciones con el uso de medios alternativos de movilidad, como por ejemplo las bicicletas y las motos, especialmente con este último rodado que antes de la crisis sanitaria registraba un alto grado de siniestralidad en nuestra geografía.

Siempre hemos sostenido que si bien la moto es un vehículo excelente y apropiado a una movilidad sostenible, la “cultura” inapropiada de su uso la transforma en nuestra provincia, y en la Argentina también, en partícipe de más de un tercio de los siniestros viales graves con usuarios muy vulnerables.