Boudou, ejemplo de lo que no se debe ser en política

Amado Boudou, ex vicepresidente de la Nación.
Amado Boudou, ex vicepresidente de la Nación.

El ex vicepresidente es uno más de los que utiliza el continuo argumento kirchnerista de culpar a opositores, jueces y periodistas por la averiguación y juzgamiento de sus delitos cometidos con el mal uso de los recursos del Estado.

La política argentina no deja de dar sospresas. En fecha reciente, el ex vicepresidente Amado Boudou, que goza de libertad condicional tras haber cumplido la mayor parte de su condena por corrupción en la función pública, se hizo presente en un acto en el Senado y recibió muestras de adhesión que no hicieron otra cosa que demostrar que lo que determina la justicia poco y nada importa cuando lo que prima es el fana

tismo ideológico.

En efecto, Boudou asistió a la celebración del décimo aniversario de la sanción de la Ley de Identidad de Género.

No sólo fue vivado por gran parte de la asistencia, sino que, fundamentalmente, pronunció varios conceptos políticos hasta desafiantes, que dejan en evidencia su afán de revancha por lo que considera una condena en su contra injusta y movida por intereses políticos del gobierno de Mauricio Macri a través de jueces afines.

En tal sentido, habría que recordar que el ex vicepresidente de Cristina Fernández de Kirchner estuvo preso por haber sido hallado responsable de los delitos de cohecho y negociaciones incompatibles con la función pública a raíz de la compra-venta de la ex calcográfica Ciccone.

Esta situación irregular se produjo cuando ocupó cargos anteriores en los gobiernos kirchneristas.

Boudou puede circular libremente y sólo se le prohíbe salir del país.

Tampoco podrá en adelante ocupar cargos públicos, pero ante la mirada de quienes lo veneran su persistente presencia en actos de signo político de alguna manera lo exonera de las tropelías llevadas a cabo por él abusando, y beneficiándose, de la función pública.

Por otra parte, no debe olvidarse que el ex vicepresidente de la Nación nunca dejó de realizar actividades políticas cuando tuvo arresto domiciliario, previo a su liberación actual, a través de encuentros o disertaciones.

En su lugar (mantiene una importante pensión vitalicia que cobra periódicamente en su carácter de ex Vicepresidente), seguramente muchos optarían por mantener el ritmo de vida de un ciudadano común que le otorga la justicia luego de haber purgado una pena.

Pero Boudou, como otros referentes del kirchnerismo, prefiere ocupar sus días buscando la forma adecuada para ventilar públicamente su afán de venganza hacia quienes, según él, neutralizaron su derrotero político acusándolo por Ciccone, además de otros varios casos irregulares por los que tuvo que rendir cuentas ante los tribunales.

Se trata de uno más que utiliza el continuo argumento kirchnerista de culpar a opositores, jueces y periodistas por la averiguación y juzgamiento de sus delitos cometidos con el mal uso de los recursos del Estado. No se trata de un caso aislado.

Y no se debe interpretar el repudio a la presencia de Amado Boudou como un método de censura. Las estructuras republicanas cuentan con numerosos dirigentes que una vez retirados de la función pública merecen ser escuchados como premio a sus trayectorias. No es el caso que nos ocupa. La participación en política para la que está habilitado el ex Vicepresidente en uso de su libertad de ningún modo justifica su revanchismo y afrenta a las instituciones.

Boudou es un claro ejemplo de todo lo que no se debe hacer ni se debe ser en política.

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