Bolivia, el poder ahora en manos de Arce, no de Evo

El presidente Arce pueda tener verdaderamente el poder en sus manos, de modo de demostrarle a la región que la democracia es más sólida y confiable cuando hay alternancia. / Gentileza
El presidente Arce pueda tener verdaderamente el poder en sus manos, de modo de demostrarle a la región que la democracia es más sólida y confiable cuando hay alternancia. / Gentileza

El nuevo presidente Luis Arce pueda tener verdaderamente el poder en sus manos, de modo de demostrarle a la región que la democracia es más sólida y confiable cuando hay alternancia, incluso internamente en cada partido o movimiento político.

La democracia en Bolivia se restableció con las elecciones presidenciales del último domingo. Un paso importante para la ciudadanía del vecino país, especialmente porque el proceso que terminó en la renuncia de Evo Morales nunca permitió cerrar heridas internas, algo que quedó reflejado en la campaña electoral previa a los recientes comicios. El retorno a los cauces institucionales de una nación siempre debe ser celebrado.

Tras su salida del poder (renunció en noviembre del año pasado en medio de grandes manifestaciones y habiendo perdido el respaldo militar y de las fuerzas de seguridad), Morales terminó refugiándose en nuestro país, cobijado políticamente por el gobierno de Alberto Fernández y con el apoyo de una mayoría de la numerosa comunidad boliviana en Argentina. Su misión primordial fue diseñar desde el norte argentino una fórmula que le permitiese a su partido, el MAS, volver al poder. Para ello confió la principal candidatura a quien fuera el responsable del éxito económico de Bolivia durante sus años de gobierno, el ex ministro Luis Arce.

Dicen analistas políticos de la región que el presidente electo claramente tendrá un estilo de liderazgo diferente al de Morales. Su carácter es más tranquilo y genera menos rechazo entre quienes terminaron dándole la espalda al ex presidente por sus pretensiones de poder desmedidas y las causas en su contra que surgieron. Esa característica de Arce es la que permitió al MAS recuperar electorado que en los tiempos finales de Morales había perdido.

Arce ha expresado que reconoce el liderazgo histórico de Morales, pero no tiene pensado incluirlo en su equipo de gestión mientras su antecesor no solucione esas causas que lo acosan en la Justicia. Un gesto de autoridad.

El presidente electo estuvo muchos años acompañando a Morales. Desde su función al frente de la cartera de Economía y Finanzas promovió el mercado interno, la estabilidad cambiaria y la industrialización de los recursos naturales. Llevó las reservas de Bolivia de 7 mil millones de dólares a los actuales 20 mil millones. Transformó al litio como una muy probable fuente de ingresos para la economía boliviana y logró que la pobreza bajara un 22 por ciento.

Estos antecedentes del mandatario elegido en Bolivia alientan la posibilidad de una mejor calidad institucional y de estabilidad democrática. Morales surgió, tal cual Chávez en Venezuela, como una salida popular ante el descrédito de la dirigente política de Bolivia. Pero luego llegó la tentación con el poder y, con ella, la instrumentación de mecanismos para burlar preceptos constitucionales y buscar perpetuarse en la presidencia. Todo agravado por asuntos que lo colocaron ante la justicia de su país, aún pendientes.

Es de esperar que, aun respetando a Evo Morales como figura referencial de un movimiento político hoy mayoritario en Bolivia, el nuevo presidente Arce pueda tener verdaderamente el poder en sus manos, de modo de demostrarle a la región que la democracia es más sólida y confiable cuando hay alternancia, incluso internamente en cada partido o movimiento político.

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