Se acortan las brechas salariales entre hombres y mujeres, pero siguen arriba del 20%

Nancy Pallero (58), Ayelén Aybar (32) y su hermana Antonella Aybar (25) son pintoras de obra fina y gruesa. Foto: Orlando Pelichotti
Nancy Pallero (58), Ayelén Aybar (32) y su hermana Antonella Aybar (25) son pintoras de obra fina y gruesa. Foto: Orlando Pelichotti

En los últimos años se observa una tendencia al acortamiento de la diferencia, pero en algunas zonas de la provincia la distancia roza el 30%.

La brecha de ingresos entre hombres y mujeres es del 21,6% en Mendoza y es mucho más marcada en las zonas rurales (28,2% promedio) que en las urbanas (21,4%). Son diversos los condicionantes que llevan a esta diferencia, pero la principal es que ellas son las que tienen mayor participación en las tareas de cuidado de los hijos. Para los especialistas, esta asimetría explica, en parte, que casi seis de cada diez niños vivan en condiciones de pobreza.

La Encuesta de Condiciones de Vida 2020 -que se publicó en octubre- muestra que el ingreso individual medio de los mendocinos (es el ingreso promedio percibido bajo todo concepto por la población, incluyendo a trabajadores y no trabajadores) el año pasado fue de $ 21.002. Sin embargo, el de los varones alcanzó los $23.441 y el de las mujeres, $18.372, lo que arroja una diferencia de $ 5.070 (21,6%, si se toma como referencia el valor que reciben ellos).

Cuando se consideran los ingresos de quienes viven en zonas urbanas, se observa que ellos percibieron $ 25.399 y ellas $ 19.973, es decir que hay una brecha de $ 5.426 (21,4%). En las áreas rurales,los varones percibieron $18.557 y las mujeres $13.320, lo que marca una distancia de $ 5.237 (28,2%).

Se acortan las distancias

En 2016 la brecha salarial promedio entre hombres y mujeres de Mendoza era de 25,9%. Luego comenzó a bajar levemente, llegando en 2019 a 22,6%. En 2020 la tendencia se mantuvo y las distancias se acortaron otro punto porcentual más, al 21,6% mencionado anteriormente.

La asimetría entre quienes habitan en áreas urbanas había alcanzado el 22,5% en 2019 -también se achicó en 1,1 puntos porcentuales- y entre quienes residen en zonas rurales, el 28,6% (la reducción fue mínima, de 0,4 puntos).

Más allá del valor promedio, la diferencia entre lo que perciben hombres y mujeres oscila entre un 20,8% y un 28,5% según la parte del territorio de la que se trate (en 2020). Así, en el Gran Mendoza, la brecha es de 21,5%; en la Zona Este, de 20,8%; en la Noreste, de 21,3%; en el Valle de Uco, de 28,5%; y en el Sur, de 21,3%.

Techo y piso

La economista Carina Farah indicó que el hecho de que exista una diferencia entre los ingresos que perciben los varones y las mujeres está más que demostrado, tanto a nivel provincial como nacional, y que responde a lo que se denomina “el techo de cristal y el piso pegajoso”. Esto último se refiere a que la mujer generalmente no puede progresar profesionalmente como un hombre, porque ella le dedica más horas que él a las tareas de cuidado y domésticas (el trabajo no remunerado).

Esto, a su vez, condiciona en muchos casos la inserción en el mercado laboral. En este sentido, planteó, en los grupos de mayor edad, los niveles de desempleo son bastante similares entre hombres y mujeres. En cambio, entre los 14 y los 30 años, que coincide con la edad reproductiva, el porcentaje de mujeres que no encuentra un trabajo es mayor, ya que son ellas las que cuidan no sólo a los hijos, sino también a hermanos, padres, abuelos.

El “Boletín de Estadísticas Laborales según Sexo”, del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, muestra que la tasa de desocupación en la franja de 16 a 24 años era de 34,5% para las mujeres y de 27,2% para los varones en el tercer trimestre de 2020. La distancia se acorta un poco en el grupo de 25 a 34 años, en donde es de 15,3% y 10,5%, respectivamente. Y ya no es tan notoria en el siguiente, de 35 a 49 años, en donde es de 8,5% y 7,1%.

Farah sumó que el dedicarle mayor cantidad de horas a las tareas de cuidado favorece que estén más precarizadas laboralmente o subempleadas que sus pares varones, lo que repercute en el ingreso. Esta brecha se puede profundizar en ciertas zonas geográficas, según la estructura productiva que predomine. Así, en las áreas urbanas hay mayor disponibilidad de servicio doméstico -que recalcó es la tarea más feminizada de todas, pero también hay un mayor abanico de oportunidades para insertarse.

Las mujeres no sólo están sobre representadas en las profesiones que tienen menor remuneración, sino también en los deciles de ingresos más bajos; y sub representadas en los más altos. La economista subrayó que esto condiciona que los varones acumulen capital y dificulta que ellas sean dueñas de capital productivo.

El hecho de que las mujeres estén más precarizadas, que se desempeñen en profesiones con sueldos más bajos y que puedan dedicarle menos horas al trabajo remunerado se asocia a una feminización de la pobreza, que repercute en la condición de los menores. Farah indicó que un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) mostró que, del total de hogares argentinos bajo la línea de pobreza, el 60% son monoparentales con una mujer a cargo (el 34% son biparentales y solo el 6% monoparentales a cargo de un varón). Esto influye en que casi 6 de cada 10 niños en nuestro país sean pobres o indigentes.

Un problema complejo

El economista Carlos Rodríguez señaló que la brecha salarial no es una problemática local, sino generalizada y que se expresa en formas diversas según el sector del que se trate, ya que en otros los ingresos tienen a nivelarse. También indicó que la educación formal y la capacitación pueden contribuir a que las diferencias no sean tan marcadas, mientras que, en las zonas agrícolas, como hay labores que requieren de mayor esfuerzo, es más predominante el trabajo masculino y la brecha se profundiza.

Rodríguez coincidió en que los salarios de las mujeres están por debajo de los de sus pares varones producto de factores culturales que llevan, entre otras cosas, a que ellas sean las que se dediquen a los hijos, como también al cuidado de los adultos mayores. El economista acotó además que la licencia por maternidad es mucho más extendida que la de paternidad. Por el contrario, el hombre puede estar más focalizado en sus actividades y tener continuidad en el desarrollo profesional, lo que resulta más difícil para la mujer.

Y si bien en el pasado la división de las tareas puede haber obedecido a que ciertas tareas demandaban más fuerza física y, por ello, tendían a realizarlas los hombres, en la actualidad, con el uso de maquinarias e incluso con la tecnificación, esto ya no sería un condicionante, ni siquiera en las zonas rurales.

Emilce Vega Espinoza, directora de Empleo y Capacitación de la provincia, planteó que muchas mujeres, cuando son madres, eligen trabajos de medio tiempo, que tienen una remuneración más baja. No solo trabajan menos horas, sino que en algunos casos cobran menos por la misma tarea. Es que si a un varón le ofrecen hacer horas extras, probablemente acepte, mientras la mujer prefiera no hacerlo. Y si un hijo se enferma, lo habitual es que la madre se quede, con lo que pierde el presentismo.

Además, el techo de cristal, detalló, se manifiesta en el número reducido de mujeres que se encuentran en posiciones de poder, tanto en el sector público como el privado; aunque resaltó que en los últimos cinco años esto ha estado cambiando. En cuanto a las diferencias entre el sector urbano y el rural, explicó que en las áreas rurales está más extendido el trabajo informal y, en las fincas, el contratista suele ser el varón, aunque trabaje toda la familia, porque se trata de un sistema muy patriarcal. De ahí que la mujer no figure en los registros.

El Boletín de Estadísticas Laborales según Sexo revela que, en la industria manufacturera, el 3,9% del total de la población asalariada son mujeres, versus el 16,6% de varones; y en la construcción apenas hay 0,8% mujeres en comparación con el 10,8% de hombres. En hoteles y restaurantes los porcentajes se equiparan: 2,8% y 2,9%. Pero en educación, el 20,3% del total de asalariados son mujeres y apenas 6,1%, varones; y en servicio doméstico 19% y 0,4%, respectivamente.

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