sábado 5 de diciembre de 2020

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Baby box. Juan Retali desarrolló un nuevo concepto que le permitió salir de las deudas.
Economía

Las historias de los sub-40 que encontraron oportunidades en esta crisis

Cuando todo cerraba, ellos encontraron la forma de seguir trabajando y generando ideas que monetizaron. Cómo lo hicieron.

Baby box. Juan Retali desarrolló un nuevo concepto que le permitió salir de las deudas.
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La cuarentena significó para muchos, limitaciones. Desde la pérdida del empleo, hasta la reducción de los ingresos, o dificultades diversas asociadas a las restricciones. Pero algunos rubros se vieron favorecidos por el nuevo contexto y hubo emprendedores que supieron identificar una oportunidad y pudieron hacer honor a su nombre. Más que una limitación, para estos jóvenes de menos de 40 años, el aislamiento se convirtió en una oportunidad para potenciarse y cambiar el modo de hacer las cosas.

Gisel Laserna (36) trabajaba como licenciada en Gestión Ambiental en una multinacional pero, cuando tuvo a su primera hija, decidió que la jornada laboral de 12 horas diarias no era para ella y renunció. De pronto se encontró, después de tener una vida muy activa, encerrada en un departamento a la espera de que volviera su esposo del trabajo.

A puro game. Nahuel Arjona trabaja diseñando videojuegos para un empresa en California

Aunque a su mamá siempre le habían gustado sus diseños, le faltaba probarse con otras personas. Se decidió y bordó 14 “clutchs” (sobres de mano) y los terminó para el Día de la Madre. Creó un perfil de Facebook y así nació, hace seis años, Laserna. Los pequeños bolsos se vendieron en dos días y Belén Moroni, su “madrina” del emprendimiento, le confió la realización de una serie de productos.

El “boca en boca” y las etiquetas en las redes sociales, le permitieron ir creciendo de a poco y “pasar de mi casa en Junín a vender a gente de Buenos Aires”, que compra ropa y accesorios de diseñadores. “Tengo clientes que me preguntan ‘¿Con qué me vas a sorprender esta semana?’ o ‘Guardame dos chaquetas bordadas talle M’”, cuenta con satisfacción.

Gisel borda, hace los envíos, se prueba la ropa y accesorios, y se saca fotos y se toma videos para subir a su Instagram. “Me han dicho que habito mi marca. Vendo lo que realmente uso”, plantea. Ya de regreso en Mendoza, la cuarentena la encontró en plena construcción del atelier y, si bien cuenta que durante la primera semana no se movió nada, después las ventas crecieron más que en épocas normales.

Eran todo pálidas, un contexto social muy desesperanzador y la gente tenía ganas de sentirse bien", recuerda. Con los tapabocas bordados la asaltó la inquietud de que sus clientas pensaran que quería lucrar con la salud. Eso fue previo a que las grandes marcas lo tomaran como un accesorio más. Entonces, lanzó una encuesta y le respondieron que ya tenían el sanitario, el de la farmacia, pero que querían tener algo lindo para usar cuando les permitieran volver a salir a tomar un café o comer en un restaurante.

Films de pura cepa. Ramiro Navarro filma en Mendoza comerciales para marcas nacionales.

Ahora está bordando jeans y chaquetas con la idea de conjugar su otra profesión (la Gestión Ambiental) y crear una prenda que se pueda usar dentro de cinco años porque no está sujeta a los vaivenes de temporada, bajo el concepto de “slow fashion”. Lo que busca, en definitiva, es que sus clientas sientan, como ella, la alegría de ponerse algo que les gusta. “Si te querés vestir toda de negro y llevar un bolso bordado con la Virgen de Guadalupe, para ir a la verdulería o a buscar a tus hijos al colegio, siento que hice algo que ayudó a alguien, desde mi lugar”, concluye.

Ramiro Navarro (39) reconoce que, en los 12 años de existencia de su empresa, Frontera Films, no había tenido el volumen de negocios que ha alcanzado en estos dos últimos meses. El 2020 lo encontró con un proyecto de filmar un documental en Chipre y con varios publicitarios para bodegas. “Iba a ser increíble este año”, lanza. El pasado, había filmado su primera serie de ficción, “Valentino”, con Pablo Rago y Mónica Ayos, y también una película documental, “Return to zero”, que mostraba la historia de David English, un mendocino por adopción que sobrevivió al atentado a las Torres Gemelas.

La cuarentena no sólo le retrasó la terminación o el lanzamiento de algunos trabajos, sino que le truncó otros, porque varias empresas restringieron sus presupuestos de publicidad. Cuando se cancelaron los rodajes en el país, las grandes productoras empezaron a hacer sus publicidades en Uruguay, que tenía una tasa reducida de contagios de Covid. Entonces, llamó a uno de los socios de Rebolución, una de Buenos Aires, con la que ya había tomado contacto previamente para hacer una serie juntos, y les ofreció filmar en Mendoza, donde no hay que contemplar el costo en dólares.

Cuando la propuesta les gustó, Navarro armó un protocolo, que presentó al gobierno provincial y al municipio de Luján, y trajeron desde Buenos Aires a un director general y otro de fotografía, quienes cumplieron con la cuarentena de 14 días en un hotel y desde hace dos meses viven en Mendoza. Así, empezaron a filmar publicidades de primer nivel para reconocidas marcas locales e internacionales. El realizador destaca que, hasta ahora, solían hacerse locaciones en los paisajes mendocinos, pero el resto se filmaba en Buenos Aires, mientras ahora han realizado una docena de filmaciones producidas íntegramente en la provincia.

Vida entre bordados. Gisel hizo de su pasión una marca que hoy vende en toda Argentina.

Esto ha ofrecido trabajo en blanco, en estas últimas semanas, a casi 400 personas. Y, sobre todo, ha brindado un entrenamiento profesional a un plantel de 30 técnicos, que posibilitará realizar en Mendoza, de ahora en adelante, cualquier producción de primer nivel. Para ilustrarlo, comenta que la exigencia de este tipo de publicidades llega al punto de que una marca de cerveza les pidió 15 propuestas de formas diferentes de aplastar una lata, sin que se dejara de ver la marca. Es que se debe prestar una atención minuciosa al vestuario, los accesorios y hasta el color del pasto que se ve desdibujado, en un segundo plano.

Navarro agrega que, además, el dinero de estas producciones se quedó en Argentina, en lugar de irse a Uruguay, al igual que los puestos de trabajo. Y si bien en el vecino país se sumaba el costo dólar, pero en el nuestro se debe trabajar con las escalas salariales de los sindicatos de actores y técnicos -allá está liberado, lo que casi compensa la ecuación-, el endurecimiento del cepo favoreció que muchos clientes prefirieran no endeudarse en dólares.

La productora Frontera Films nació en 2010, luego de que Ramiro Navarro filmara su primera película, “El camino del vino”, que ganó premios y se presentó en diversos festivales, y se terminó convirtiendo en una trilogía. Especializada en el mundo del vino, maneja cuentas globales en varios países y en 2012 empezó a incursionar en generación de series y películas. El realizador es vicepresidente del cluster audiovisual Film Andes.

Antes de la pandemia, confiesa Juan Retali (35), estaban pensando seriamente en cerrar la tienda de indumentaria y accesorios para niños Dibujitos. Es que las finanzas del negocio estaban muy comprometidas y no lograban acceder a un crédito que les brindara un poco de alivio. Unos días después de decretada la cuarentena, el 13 de abril, falleció su papá, y el 15, el joven decidió retomar el negocio.

Entonces, se propuso implementar una idea que ya había desarrollado el año pasado, pero no había encontrado el momento de concretar: el baby box. El sistema era ideal para una época de pandemia: el potencial cliente completa un formulario online con el tamaño del bebé o del niño hasta 8 años y se acuerda el envío –sin cargo- de una caja que contiene ropa, juguetes, accesorios, artículos para la alimentación y hasta pañales. La familia tiene un día para ver el contenido y paga sólo por lo que elige comprar.

Desde la primera que enviaron el 21 de abril, han alcanzado las mil cajas. Sumaron este sistema para los baby shower, de modo que la familia y amigos pueden aportar dinero y la futura mamá recibe la caja con una orden de compra por un monto determinado.

“Fue un éxito. Eso nos salvó. Teníamos cantidad de cheques devueltos. Si bien no hemos todavía podido resolver por completo la situación, nos está yendo bastante bien”, comenta Retali. Agrega que tienen un equipo de trabajo de jóvenes que aprendieron a reinventarse y que ya incorporaron a una persona más. “El primer día que volvimos al negocio, les dije que se olvidaran de lo que habían hecho hasta ahora, porque íbamos a hacer cosas diferentes”, señala. Incluso, implementaron video llamadas con los clientes.

En estos últimos meses retomaron la venta de “semi nuevos”, una propuesta que adaptaron de España y que era un modo de competir cuando estaba el “boom” de las compras en Chile. La gente puede llevar cunas, cochecitos, butacas para auto, mesas para comer, etcétera. En Dibujitos le hacen un proceso de limpieza y desinfección (con vapor y amonio cuaternario) y los venden, al tiempo que quien llevó el artículo recibe una orden de compra para el negocio por el 80% del valor de venta.

Ahora, adelanta Retali, están planeando hacer lo mismo con la ropa, que es un sistema que en otras partes del mundo funciona, pero para instalarlo en Mendoza están trabajando con otros comercios que quieran generar la cultura de la segunda mano o el semi nuevo. “Tenemos un montón de ideas más, que van a ir saliendo”, anuncia con entusiasmo.

A principios de este año, Mariano Cairone (30) tuvo la idea de mudarse de local, a uno ubicado a una cuadra de donde hasta entonces había funcionado su negocio de tatuajes, piercing, tabaquería, bijouterie y cueros, “Luigi Gross”. Como el lugar era más grande, de 80 metros2 en total, decidieron trasladarse junto con la barbería y peluquería para hombre Quavaliere, otro comercio vecino.

Todo parecía indicar que compartir los gastos de alquiler, a la vez que ofrecer un espacio con propuestas diversas a los clientes que ambos tenían, podía ser una muy buena propuesta. Pero llegó el 20 de marzo y no sólo tuvieron que cerrar, sino que se vieron obligados, además a afrontar el monto de la renta por un mes, sin poder realizar la mudanza. El arranque posterior fue un poco lento, porque no les fue tan sencillo comunicar el cambio de ubicación, pese a que usaron el Whatsapp y las redes sociales.

Cairone comenta que quisieron seguir sumando y hablaron con el dueño de un negocio de accesorios para motos, que estaba cerrado por la cuarentena, y le ofrecieron colocar un exhibidor dentro del local. Hicieron lo mismo con una marca de camperas de cuero. Y están por abrir una cafetería con 10 mesas. “Il nostro club” ofrece, así, la posibilidad de ir a cortarse el pelo y la barba, hacerse un tatuaje o un piercing, tomarse un café y llevarse algún accesorio personal o para la moto, tabaco o algo de cuero.

“Hemos tenido una muy buena respuesta del cliente, así que ha sido una relación exitosa. Hasta hoy, tenemos un buen ritmo de trabajo porque parece que, como no se puede salir, la gente se hace un tatuaje que le quedó pendiente o se compra alguna cosita”, asevera Cairone y agrega que este mes sortearán una moto cero kilómetro para incentivar un poco más de movimiento.

La pastelería y cafetería Bröd cumple 7 años en 2020 y tenían proyectada la apertura de tres franquicias este año. Lejos de que la cuarentena desalentara estas inversiones, los planes siguieron adelante y así abrieron los locales del barrio Bombal, calle Boedo en Luján y Lomas (frente al barrio Dalvian), que se suman al original en la esquina de Montevideo y Chile, y la primera franquicia en Chacras de Coria.

Francisca Costanzo (38) señala que las aperturas fueron muy meritorias porque se dieron en el marco de la pandemia y había dificultades para hacer reformas, pero que había gente con ganas de tener la marca y decidió invertir sus ahorros. En el caso de la cuarta franquicia que abrirá pronto (la de Lomas), resaltó que ya tenían otra marca nacional y, cuando se les venció el contrato, apostaron por Bröd.

Costanzo cuenta que crearon el negocio entre tres socios y, después del primer año, quedaron dos, ella y Sebastián Flores. El concepto es el de una panadería y pastelería de calidad, con panes de leudado lento y recetas artesanales, aunque aclara que no se trata de nada rebuscado, sino algo que uno elaboraría en la casa. “Sencillo pero rico”, resume.

Reconoce que la pandemia les complicó las cosas, porque tuvieron una baja del 30% en las ventas y debieron empezar a buscar nuevas materias primas, sin renunciar a la calidad. “Esto nos hace poner cada vez más creativos para estar vigentes y no quedar anticuados, porque las modas cambian y las marcas envejecen”, resalta Francisca. Además, utilizaron plataformas de envíos a domicilio e implementaron las ventas por Whatsapp y redes sociales (que habían pensado, pero no aplicado por falta de tiempo). Esto les permitió crecer en las ventas por mostrador, para compensar el descenso del consumo en el local.

Costanzo señala que también cerraron muchos locales gastronómicos en el centro, por lo que los que siguen abiertos han podido concentrar ese movimiento. Consideró que una de las claves es escuchar lo que se necesita y acompañar el cambio de hábitos. Así, aunque no llegan turistas, en Bröd hoy ofrecen almuerzo a quienes trabajan en centros médicos del entorno y, con el horario restringido de circulación, ganaron las tardes de té, porque muchos clientes optaron por tomar una mediatarde abundante y omitir la cena. “Todo esto nos obliga a generar nuevas ideas y propuestas. Veo lo positivo por ese lado”, expresó.

Mirando hacia atrás, Nahuel Arjona (27) celebra su decisión de dejar el mundo de la música -estudió en la facultad y tocó en varias bandaspara dedicarse a la programación. Mientras sus amigos músicos suben sus conciertos al streaming para intentar generar ingresos en tiempos de pandemia, él ha podido trabajar desde su casa en lo que le gusta: crear videojuegos.

El sector ha sido uno de los favorecidos por el contexto. Con más tiempo en el hogar, sin poder salir ni participar de encuentros familiares ni de amigos, muchos se inclinaron por los videojuegos. Arjona resalta que ofrecen una nueva posibilidad de socialización, ya que cuando se juega online se comparte la actividad al tiempo que se charla, del juego y de otras cosas.

Al tiempo que todavía estaba en la música, el joven empezó a capacitarse por su cuenta –destaca que en la web hay muchas posibilidades de acceso gratuito- para trabajar en programación web. Después de dos años de estudio (unas 5 horas diarias), consiguió un trabajo en una empresa local y luego de tres meses, llegó a la firma un proyecto de un juego para celular.

Empezó a buscar asesoramiento y dio con un grupo grande de desarrolladores de video juegos en Mendoza. “Me mostraron lo que era este mundo, me enamoré y no hubo vuelta atrás”, describe.

Entendió que su mejor alternativa era buscar trabajo afuera y, luego de dos meses de búsqueda intensiva, de unas 5 a 6 horas por día, de contactar empresas, dio con una en California que le ofreció trabajar de modo free lance.

“Llevo desde diciembre. Es un trabajo súper divertido, porque no sólo se trata de programar sino que tengo que jugar juegos parecidos para conocer la competencia y, además, juego mi juego a la par de que programo, para ver cómo funciona”, detalla, aunque aclara que trabaja entre 8 y 10 horas diarias (y 12 un par de semanas antes de la fecha de entrega).


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