Los que cerraron en 2020 y ya no volverán a abrir sus puertas

Los que cerraron en 2020 y ya no volverán a abrir sus puertas
La situación alcanza a distintos rubros, desde hotelería hasta construcción. / Los Andes

Empresarios que debieron cerrar durante la pandemia cuentan sus experiencias y su mirada hacia adelante.

Detrás de los números que hablan de 20.000 PyMEs menos en Argentina durante 2020, hay proyectos, empresarios y familias que sufren los cierres. En el caso de Mendoza, la situación alcanza a distintos rubros, desde hotelería hasta construcción, y los empresarios consultados consideran que no hay un panorama que los aliente en el corto plazo.

Mariángeles García, economista especializada en PyMEs, remarca que estas empresas son las principales generadoras de empleo privado y son las que más han sufrido durante la pandemia: “Hay datos que señalan que a partir de la pandemia se redujo en un 4,2 % la cantidad de empresas en el país. Pero eso no es igual según el tamaño. Las que más cayeron fueron empresas de hasta 25 empleados”.

García señala que eso es aún más problemático porque ese personal sin empleo después es muy difícil de ser relocalizado porque, en general, no es un personal calificado. Además, la economista apunta que hay todavía a nivel nacional unas 40.000 PyMEs en riesgo, con una situación acuciante: “El sector ya venía sufriendo y la llegada de la pandemia profundizó una situación que no era sencilla”.

Una empresa que tuvo que cesar sus actividades fue Villaggio Hotel Boutique, dirigido por Marcelo Rosental. Inaugurado en 2006, Rosental cuenta que la pandemia obligó a dejar el negocio en stand by en setiembre del año pasado: “Cuando en marzo vino el cierre, empezamos a buscar análisis y desde la Organización Mundial del Turismo decían que el turismo recién se activaría en 2022 o 2023. Accedimos a planes e hicimos lo que pudimos, pero no se veía la apertura de fronteras y decidimos un cierre temporal”.

En su caso, tuvieron que acordar retiros voluntarios con el personal y han dejado a una persona a cargo del mantenimiento del edificio, para que cuando mejore el panorama, se pueda reabrir (algo que, estima Rosental, no será pronto).

“Hay que ver qué hacen Chile y Brasil, y cómo recuperamos la conectividad para volver a ratios aunque sea de 2017. Puede haber algún movimiento de viajes corporativos, pero Mendoza tiene 27 mil camas y eso no entra al mes a nivel corporativo”, analiza este empresario. Lo único positivo que destaca del cierre del hotel es que les ahorró “muchos inconvenientes financieros”, en comparación con la delicada situación de otros en el sector.

Diferentes sectores

Otro caso es el de Gino Cornejo, quien era propietario de Cornejo Inmobiliaria y se dedicaba a la administración de alquileres. Durante los primeros dos meses de la pandemia (cuando las restricciones eran de a quince días) no sintió problemas, pero después empezaron a mermar los pagos de alquileres, además del decreto regulatorio que permitía postergar el pago de la mitad del alquiler.

“Cuando se empezó a agravar la situación económica, muchos inquilinos no podían pagar y, por el otro lado, algunos propietarios no querían seguir pagando la administración. Eso a las pequeñas inmobiliarias, como en mi caso, nos perjudicó muchísimo”, comenta Cornejo, para después señalar que “sin importar el color político, las PyMEs terminaban siendo las más perjudicadas”. Finalmente, cambió de rubro y hoy se dedica a tecnologías de la información.

En otro rubro, el de la construcción, Diego Lucato formó hace 15 años una constructora electromecánica y llegó a presupuestar obras por $ 20 millones. “La idea era querer trabajar y dar trabajo, pero en Argentina, que es hermosa, los gobiernos no te dejan laburar con nada“, critica este empresario que debió pausar la actividad de su firma y ahora trabaja con otro grupo.

“Yo ya vendí dos vehículos para poder hacer pagos y estoy por vender uno más. Tengo 55 años, no he dado de baja la empresa porque elijo creer que algún día podré ponerme de pie, pero ahora está en stand by”, señala Lucato. En su opinión, cree que muchas veces se lo mira al empresario como “una persona vividora, y no como alguien que da trabajo”, además de mencionar casos actuales de personas que están vendiendo bienes para salir del país.

Un último ejemplo es el de Gabriel, empresario que abrió un hotel en 2013 y debió cerrar sus puertas el año pasado. “Entre todos los costos, incluyendo salarios y el alquiler del edificio, se hizo imposible. Con el banco no podía contar porque cerró la línea de crédito. Veíamos que los casos aumentaban y que las restricciones no iban a ceder, así que en junio decidimos no seguir”, comenta.

Si bien la empresa logró acceder a distintas ayudas, como los ATP para sueldos, los números no cerraban y Gabriel fue acordando retiros voluntarios con los empleados: “Pude hacer algunos acuerdos y a la larga se fueron todos medianamente conformes, con lo que se podía. En algunos pudimos hasta conseguir trabajo en otros lados”. El panorama hacia adelante tampoco le parece bueno y cree que “con estas políticas económicas es imposible invertir en Argentina y tener un negocio viable”.

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