El consumo interno de vinos sigue debajo de los niveles prepandemia

El nivel de ventas es similar al que se registró en 2018, un año que se caracterizó por tener el consumo per cápita más bajo de las últimas quince temporadas. / Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes
El nivel de ventas es similar al que se registró en 2018, un año que se caracterizó por tener el consumo per cápita más bajo de las últimas quince temporadas. / Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes

El 2020 fue un año excepcionalmente bueno para bodegas, pero las subas de precios y los cambios de hábitos de consumo, están jugando en contra durante esta temporada.

Que los despachos a mercado interno en los primeros seis meses de 2021 hayan caído respecto de los niveles alcanzados en el primer semestre de 2020 no debería sorprender, ya que la pandemia favoreció que las personas, en sus hogares, incrementaran de modo considerable su consumo (contribuyó de modo considerable el que los precios estaban muy bajos). Sin embargo, los envíos se ubican por debajo de los de 2019 e incluso de los de 2018, un año con consumo per cápita con récord negativo.

En detalle, en los informes del Instituto Nacional de Vitivinicultura se puede apreciar que, de enero a junio de 2021, se despacharon a mercado interno 3.842.219 hectolitros. Esto es, un 12% menos en comparación con los 4.371.741 del mismo período de 2020, pero también un 6% por debajo de los 4.088.259 hectolitros despachados en el primer semestre de 2019 y un 5% menos que los 4.048.090 de 2018.

Esto no sólo significa que el consumo interno ha caído aún respecto de los niveles prepandemia sino que el dato adquiere otra relevancia cuando se considera que, también de acuerdo con los relevamientos del INV, 2018 fue el año con el menor consumo per cápita por parte de los argentinos de los últimos 15. En 2005 se ubicaba en torno a los 29,2 litros anuales y fue bajando de modo paulatino hasta llegar a los 18,8 en 2018, para repuntar a 19,7 en 2019 y 20,8 en 2020.

El presidente del INV, Martín Hinojosa, aventuró que a fin de año es de esperar que haya más movimiento en restaurantes y eventos que el año pasado, aunque reconoció que no sabe si esto alcanzará para revertir la caída. De todos modos, resaltó que era esperable una disminución respecto de 2020, ya que ése fue un año excepcional. “Habrá que aguardar a cerrar 2021 para ver si se recupera el poder adquisitivo de la gente y si esta recuperación se vuelca al consumo de vinos”, insistió.

Pese a esto, hay algunos datos que también se deben destacar. En la comparación del acumulado de enero a junio de 2021 respecto del mismo período de 2020, el INV muestra una caída de 22,1% en los despachos de vinos genéricos, pero un crecimiento de 14,2% en los varietales y de 58,1% en los espumantes.

En este mismo sentido, un informe del Ieral (Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana, de la Fundación Mediterránea) sobre el panorama vitivinícola al primer semestre de 2021, destaca el menor consumo interno de vinos, pero sólo en los genéricos y, dentro de estos, de tintos y rosados. Si bien este segmento venía presentando una tendencia decreciente, en 2020 tuvo una importante recuperación, pero con precios muy bajos (que se recuperaron en 2021).

En cambio, los varietales fueron ganando terreno, pese a que el consumo total de vino por parte de los argentinos seguía cayendo. Pese a que este año siguen sumando volumen de ventas, los precios de este segmento continúan rezagándose respecto de la inflación general de la provincia.

La mirada del sector

Sergio Villanueva, gerente de la Unión Vitivinícola Argentina, planteó que se deberá esperar a que cierre el segundo semestre para poder realmente hacer un balance, ya que en 2020 hubo picos en junio y julio, y después el consumo comenzó a descender. Sin embargo, adelantó que la comparación con 2020 será negativa, porque en sólo un mes del año pasado, aumentaron 20% los despachos.

“Si bien el encierro aumentó la frecuencia de consumo –en vez de tomar vino con la cena, muchos lo incorporaron en el almuerzo también- el factor más importante de la mejora del año pasado fue el precio”, agregó Villanueva.

Sobre esto, señaló que los relevamientos del Observatorio Vitivinícola Argentino muestran que en 2020 el precio del vino estaba muy por debajo de la media de otras bebidas pero, por el aumento del valor de los insumos y de lo que se paga al productor, en un solo año el precio promedio subió un 66%, por encima de la inflación -que fue de 50% en el mismo lapso- y de la actualización de los ingresos de la población.

Esto afectó de modo más marcado a los envases de cartón (en los primeros cinco meses de este año, el multilaminado o tetra cayó casi 25%) y el botellón, que había tenido un importante crecimiento en 2020 pero descendió un 20% de enero a mayo de este año. Es que son los productos más económicos y por ello, donde más evidente fue el impacto de la pérdida de poder de compra. Por eso, planteó que se debe encontrar un punto de equilibrio entre un precio que sea sustentable para el productor y el que puede pagar el consumidor.

Villanueva señaló que también se debe prestar atención a algunos cambios en los hábitos de consumo, que se reflejan en el incremento de los despachos de envases como la lata y el bag in box. Esto, porque si bien su participación sigue siendo muy acotada, muestran que el público está ávido de cambios.

Por su parte, Ramiro Barrios, miembro del directorio de Bodegas de Argentina, señaló que cuando se analizan las grandes tendencias, se observa que, en los últimos diez años, el consumo en la Argentina ha disminuido. Las razones, acotó, son varias, pero, entre las principales, está el cambio en los hábitos y el remplazo por otras bebidas sustitutas. Es que, si bien la cultura del vino está muy arraigada en el consumidor, se trata de una industria atomizada, mientras que en otras bebidas la concentración es mayor y, por ello, la capacidad de llegar al cliente potencial es mucho más fuerte.

En 2020, la cuarentena, con el tiempo en casa, la preferencia por la gastronomía y la posibilidad de tomar vino en otros momentos, favoreció un aumento en el consumo. “También incidió el precio, que ya venía con cierto retraso. Sólo tuvo dos ajustes en 2020 –del 4,5% en julio y del 6% en octubre-, porque fue incluido en el congelamiento de precios”, indicó.

En 2021, con una reducción de stocks y un aumento del vino de traslado, los precios se tonificaron y las bodegas tuvieron que ajustar los valores, sobre todo de las etiquetas de entrada de gama. Sumado a esto, el levantamiento de un buen número de restricciones lleva a prever, planteó Barrios, que se volverá a un nivel de consumo más cercano al de los últimos años.

El integrante de BdA consideró que lo más probable es que en el segundo semestre se mantenga un nivel similar al primero, aunque, por tratarse de un año electoral, podría mejorar el poder de compra de los salarios. Pese a eso, reconoció que es difícil prever si esto se volcaría a consumo como para revertir la tendencia.

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