Cerraron 25 guarderías y jardines maternales en el último año en Mendoza

Muchos jardines maternales cerraron sus puertas, por la pandemia y la crisis económica.
Muchos jardines maternales cerraron sus puertas, por la pandemia y la crisis económica.

La cifra sólo incluye a los establecimientos que tienen personal en blanco. Casi 750 personas perdieron su trabajo en este sector

Aunque el retorno a la presencialidad en la mayor parte de los sitios de trabajo podría hacer pensar que los jardines maternales iban a recuperar la matrícula, lo cierto es que un buen número de estos espacios cerraron. Entre junio de 2020 y el mismo mes de este año desaparecieron 25 de un total de 118 y sólo entre los que tienen a su personal registrado. Los directivos de los sitios que lograron mantenerse abiertos han tenido que unificar salas y trabajar tiempo completo.

En junio del 2020, desde la Asociación de Jardines Maternales de la provincia advertían que, de un total de unos 300 establecimientos (entre formales y informales) que había en la provincia antes de la pandemia, 13 habían cerrado. Esto, porque la mayoría de los padres había dejado de pagar las cuotas y, al no depender de la DGE ni recibir ningún subsidio, no habían podido sostenerse. Es que se trata de espacios que no se encuadran en la educación obligatoria, sino que funcionan como ámbitos de contención para los pequeños desde los 45 días a los 3 años.

Sin embargo, desde mediados del año pasado los cierres se sucedieron. Según estadísticas de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación), en junio de 2020 había en la provincia 118 guarderías y jardines maternales. En tanto, en junio de este año, el número cayó a 93; es decir, se perdieron 25, o 28, si se toma como referencia marzo de 2020, cuando había 121 de estos espacios funcionando. Se debe tener en cuenta que se trata de aquellos que cuentan con personal en blanco.

Esta reducción también se traslada a la cantidad de personas empleadas en el sector. En marzo de 2020 había 6485; en junio de 2020, 6208; y en junio de 2021, 5743. Esto significa que, en un año, 465 trabajadores de guarderías y jardines maternales perdieron su empleo (7%). El número asciende a 742 (11%) cuando se consideran las cifras prepandemia.

Realidad compleja

Verónica Díaz, quien es directora del jardín maternal Rey Dragón, Guaymallén, reconoció que el año pasado cerraron muchos jardines y que los que lograron seguir trabajando tuvieron que enfrentar diversas complicaciones. La primera, cuando se les permitió volver a recibir niños en noviembre, fue que pese a que ya tenían casi 19 años de trayectoria, parecía un nuevo comienzo, con muy pocos pequeños y personal.

Además, señaló Díaz, retomaron la actividad con cuotas bastante inferiores a lo que deberían haber cobrado. Es que los padres se habían quedado en la mente con las cuotas de 2019 y muchos pretendían pagar lo mismo. Por otro lado, aunque el jardín había acumulado deudas después de varios meses de cierre, la inflación hacía notar su efecto y sólo se les permitía un 50% de ocupación por protocolo.

De ahí que los que habían resistido hasta entonces sacaran las cuentas y evaluaran si les convenía –o no- volver a abrir. Es que, además, podían tener a los niños por un máximo de cuatro horas y para muchas familias ese plazo no era compatible con su jornada laboral.

Díaz contó que, en su caso, decidió implementar una escuela de verano y, como no todos los clubes ofrecieron esa opción, le fue bastante bien. Pero las cosas volvieron a complicarse cuando comenzó el ciclo lectivo, ya que muchas familias temían que volvieran a cerrar las escuelas y jardines en abril o mayo, y no querían pagar y “perder” la inscripción. Para ella, señaló, la tranquilidad llegó cuando el Concejo Deliberante de Guaymallén los declaró esenciales a fines de mayo, lo que les dio una cierta garantía de que no deberían cerrar en el invierno.

Lo negativo es que en los meses más fríos aunque tenían el jardín abierto, muchas mamás y papás tenían miedo a los contagios y decidieron no mandar a sus pequeños. Es que, como estos espacios no forman parte de la educación formal, se trata de una opción. A su vez, quienes los envían suelen ser familias en las que ambos padres trabajan y, con la pandemia, se perdieron muchos empleos. De ahí que, si uno de los dos se ha quedado en la casa, optan por reducir los gastos.

Recién a partir de agosto, con la llegada de los días más lindos, planteó Díaz, han empezado a trabajar con un 70% de lo que era la matrícula habitual, pero en 2019 tenía nueve personas trabajando y ahora sólo cuatro, y han tenido que juntar salas porque les resultaba imposible pagar un sueldo docente cada cinco niños o, de lo contrario, debían cobrar cuotas más altas (algo que reduciría más la cantidad de niños). Debido a esto, ella, que es la directora y se dedicaba a tareas administrativas, tiene sala a cargo y se ve obligada a estar en la mañana y la tarde, para cubrir puestos laborales que no puede pagar.

Roxana Recosta, quien, junto con su socia, Adriana Palma, tienen el jardín Colorines, en Ciudad, plantea que han seguido con muy poca demanda, entre el 50% y el 60% de la que tenían antes de la pandemia. Es que, además, resalta, tienen que respetar el distanciamiento para cuidar la salud, tanto de los pequeños como de las docentes.

Al igual que su colega de Guaymallén, ambas tienen que trabajar horas de más, porque se vieron obligadas a reducir el personal y están esperando a ver cómo continúa la situación epidemiológica para evaluar la posibilidad de habilitas más salas.

Recosta comentó que siente mucha tristeza de que otros jardines, con trayectorias de más de 25 años, tuvieran que cerrar. En cuanto a ellas, que abrieron 5 años atrás, cuenta que se reinventaron para sobrevivir: ella vendía alimentos y su socia abrió un pequeño negocio. Gracias a esos ingresos adicionales, la ayuda de sus familias y la colaboración del propietario del local –que les bajó considerablemente el monto del alquiler durante los meses que estuvieron cerrados-, pudieron seguir alquilando y abrir nuevamente en noviembre del año pasado.

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