Bonarda: diez años de crecimiento en el mercado de exportación

Los expertos advierten que la calidad del Bonarda varía sensiblemente de un viñedo a otro, dependiendo de las características del terruño. / Foto: Ignacio Blanco
Los expertos advierten que la calidad del Bonarda varía sensiblemente de un viñedo a otro, dependiendo de las características del terruño. / Foto: Ignacio Blanco

La segunda variedad más plantada del país celebró por primera vez su semana homenaje. Expertos destacan su potencial para vinos de alta gama y su versatilidad para los cortes.

Por primera vez en la historia el país celebró del 2 al 8 de agosto, la Semana del Bonarda, una iniciativa que habla del crecimiento y el posicionamiento que ha ido consolidando en la última década el segundo varietal más plantado del país, sobre todo si se mira el mercado externo. Las cifras así lo demuestran, ya que las exportaciones han aumentado un 65% en volumen y un 26,1% en valor FOB si se comparan los registros de 2020 con los de 2010.

Los datos aportados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) se ven respaldados por la experiencia de los actores de la industria, quienes desde su experiencia hablan de lo importante que fue el mercado externo para poder respaldar el potencial del bonarda como varietal de alta calidad enológica.

Alejandro Vigil, enólogo de Catena Zapata, pudo corroborarlo en su proyecto personal, Bodega Aleanna, cuando en 2009 sacó la primera cosecha en su línea El Enemigo, que comenzó a comercializarse fuertemente en algunos países nórdicos y después se fue extendiendo a Estados Unidos, Brasil, hasta llegar a hacerse fuerte ahora en el mercado interno. “Los que tenían mayor curiosidad por el bonarda eran los de afuera. Me hace acordar un poco a la historia del malbec. Un poco el descubrimiento viene de afuera hacia adentro”, contó.

Para Hugo Zamora, enólogo de la bodega homónima y asesor de distintos proyectos que trabajan con bonarda, el punto de inflexión para el varietal fue que se dejó de ver como un relleno para darle valía propia y empezar a tratarlo como un vino de alta gama.

Pero ese proceso fue iniciado desde el exterior del país, “Desde afuera, en mi caso en Inglaterra y Brasil, empezaron a pedirme bonarda con una calidad como la que teníamos en un malbec o un cabernet sauvignon”, comentó. Para Zamora, la gran ventaja del país con el bonarda es que en Argentina se encuentra la mayor cantidad de hectáreas en el mundo y que “ya se llevan muchos años trabajando con la variedad, buscando su mejor expresión, con resultados sorprendentes”.

En el país se encontraban, hasta 2020, un total de 18.153 hectáreas cultivadas, una cifra apenas 0,1% mayor al registro de 2010, lo que marca que es la segunda cepa más plantada del país, sólo detrás del malbec. Sin embargo, un detalle no menor es que desde 2014, cuando se alcanzó el pico de 19.214 hectáreas, la cantidad ha ido en un constante descenso.

En 2020, el volumen de las exportaciones de bonarda, tanto en varietales como en cortes, alcanzó su máximo de toda la década. Aunque la participación de vinos de este varietal y sus cortes en el volumen total de varietales exportados en el país en 2020 fue del 2,2%, ha marcado un crecimiento respecto de 2010, cuando esa participación era del 1,7%.

El potencial de los cortes

Según las cifras del INV, el 39% del total exportado en 2020 de vinos bonarda corresponde a varietal puro y 61% a cortes con otras variedades, lo que explica la otra cara de esta uva: su versatilidad para acompañar distintos blends.

Quedando con el primero de los grupos, las exportaciones de varietales puros de bonarda han crecido en el mercado externo un 71,5% en el último año, aunque, en la década, el aumento es de 19,6%.

El primer paso para empezar a vinificar en la alta gama, para Alejandro Vigil, fue entender que se diferenciaba más la zona que el varietal. “Descubrí que había muchas diferencias entre viñedos vecinos. Con el mismo trabajo en viñedo, con la misma forma de vinificar, había mucha diferencia de calidad que se iba repitiendo año a año. Lo veía desde 2001/2002, entonces me di cuenta de que era transparente a dónde estaba plantado. A partir de ahí empecé a entender que había ciertos suelos y ciertas características del terreno y del clima que hacían que tuviera mejor o peor calidad”, explicó.

Uno de los referentes que abrió camino para que el varietal fuera visto con otros ojos por el mercado y la industria fue Roberto González, quien con Nieto Senetiner decidió apostar por el varietal en vinos de alta y media gama, algo que, si bien no representa una producción significativa, permitió a la bodega mostrar la innovación que pregonan, ya que fueron pioneros en mostrar el potencial del varietal.

“Hubo un momento de introducción. Con el tiempo se ha ido estabilizando y generando prestigio”, comentó el enólogo. No obstante, reconoció que, como varietal puro, en las gamas más bajas, le ha costado mucho más introducirlo. “Hemos tenido bonardas en las líneas más económicas, pero la gente todavía no está preparada para un consumo masivo del varietal”, aclaró.

En los cortes, como se mencionó anteriormente, se presenta una de las fortalezas del bonarda. “Si bien no ha encontrado un prestigio varietal, se ha ido complementando con el malbec o el cabernet para ganar terreno. Con iniciativas como la Semana del Bonarda o el Plan Bonarda, va a poder ir dejando ese apoyo en otros varietales, siempre y cuando se encuentre el estilo del bonarda y tenga una particularidad que lo identifique para poder seguir creciendo como varietal”, consideró González.

En el mercado externo, el blend más vendido del país es el bonarda combinado con malbec. Lo curioso es que a comienzo de la década no se hablaba de esta combinación que ahora cuenta con más de 20 mil hectolitros comercializados. El segundo (en volumen) es el corte de bonarda y syrah, aunque ha perdido terreno si se compara lo que se exportaba a comienzos de la década.

El lugar del bonarda

Para Hugo Zamora, además de dejar de ver al bonarda como un varietal de relleno, que va a los vinos genéricos, para darle valía y empezar a tratarlo como un vino de alta gama, es necesario iniciar la búsqueda del lugar ideal para el bonarda en la provincia, entender el varietal como tal y atender su vinificación.

Claramente el mejor lugar para este varietal es el Este de la provincia de Mendoza, donde se concentra el 53% del total de producción local. Entre los departamentos de San Martín -la capital del bonarda-, Rivadavia y Junín, se encuentran implantadas alrededor del 45% de las 15.162 hectáreas mendocinas.

“Tiene ciertas características que hacen que haya que plantarlos en ciertos lugares donde hay períodos largos libres de heladas y con buena temperatura”, detalló Alejandro Vigil. Es en el Este provincial donde justamente se dan estas condiciones y se logran las mejores uvas.

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